Daniel
Me tumbo en la cama de la habitación de invitados de Helena después de ponerme la ropa que me ha dejado para dormir, aunque no creo que lo consiga porque estoy bastante nervioso por todo lo que ha pasado esta noche.
Cuando hemos llegado a su casa, nos ha abierto la puerta, aunque creo que únicamente lo ha hecho porque sólo ha visto a Amaia por la cámara, ya que Lucca y yo nos habíamos escondido un poco para que no nos viera.
Al verla como iba vestida, me he quedado sin palabras. Llevaba puesta una camiseta con el logo de los bomberos que le quedaba grande, dejándole uno de los hombros al descubierto, y unos pantalones bastante cortos.
Me ha gustado mucho verla de ese modo, con ropa de estar en casa, y tengo que decir que estaba preciosa.
Lo único que no me ha gustado es que tenía los ojos hinchados, lo que quiere decir que había estado llorando. Me duele muchísimo que haya estado llorando por mi culpa y espero que me permita compensárselo.
Al principio, Helena ha estado bastante enfadada y me ha dado un poco de miedo, sobre todo al verla con un bate de béisbol en la mano. Estoy seguro de que, si hubiera venido a verla yo sólo, hubiese sido capaz de romperme el bate en la cabeza.
A pesar de eso, también se veía muy sexy, lo que ha hecho que al principio no haya sido capaz de decirle absolutamente nada.
Cuando Amaia y Lucca se fueron a dormir y nos dejaron solos, pude explicarle a Helena un poco por encima por qué había reaccionado como lo había hecho, aunque ella ha tenido toda la razón al decirme que eso no lo justificaba porque ella no es la culpable de las cosas que me pasaron en el pasado.
Después de terminar de hablar, ha sido cuando me he dado cuenta de que no tenia como volver a casa de mis padres, ya que mi coche se ha quedado en casa de Lucca. Por eso he tenido que quedarme a dormir en casa de Helena.
En el momento en el que ella me hizo el ofrecimiento, me sorprendí bastante, pero la verdad es que lo agradezco, porque no me apetecía tener que irme andando, y más siendo tan tarde.
En un principio, Helena me había ofrecido quedar mañana por la tarde para que conociera a nuestro hijo, pero como me he quedado a dormir aquí y tengo que ir por la mañana a casa de Lucca a por mi coche, al final hemos decidido que vaya a casa de sus padres.
Bueno, más bien lo ha decidido ella sola, pero yo no he tenido otra opción más que aceptar. No quiero hacer nada más para molestarla y que me dificulte el poder conocer a mi hijo.
Yo hubiera preferido conocerlo a él antes, pero, según Helena, su familia no dejará que yo lo vea hasta que no me den el visto bueno. Supongo que es para protegerlo, aunque creo que la única que debería decidir eso es Helena.
Voy a apagar la luz de la mesilla, cuando me doy cuenta de que no he avisado a mis padres de que no iba a dormir en casa y de que no iré a almorzar mañana. Aunque tenga 36 años, estoy quedándome en su casa, así que tengo que avisarles para que no se preocupen.
Al coger el móvil, veo que son las 2,00 de la mañana, así que estoy seguro de que mis padres estarán dormidos, por lo que decido ver si mi hermano está conectado. Este fin de semana no tiene ninguna competición de atletismo, así que seguramente estará levantado jugando a videojuegos.
Le mando un mensaje para comprobarlo y, efectivamente, está despierto, así que le pido que me llame.
-Miguel, necesito que me hagas un favor.- le digo cuando le cojo la llamada.
-¿Qué pasa Daniel? ¿Está todo bien?- me pregunta él antes de que yo pueda contarle nada más.
-Sí, no te preocupes. Es que me ha surgido algo importante y no voy a volver a casa hasta mañana por la tarde por lo menos. No quería preocuparos, así que he llamado para que les dejes una nota a mamá y a papá.-
-¿Qué ha pasado? ¿No es mejor que despierte a alguno de ellos?-
-No. Mañana os lo cuento, no es algo para hablar por teléfono y ya es bastante tarde.-
-Me dejas bastante intrigado, pero vale. Yo los aviso, no te preocupes.- me dice él.
-Gracias, enano. Mañana nos vemos.-
-Hasta mañana.- se despide él y, después de eso, cuelgo la llamada.
Ahora que he hablado con él, me pongo más nervioso aún. No tengo ni idea de cómo voy a contarles a mis padres que tengo un hijo de casi 2 años del que no sabía nada. Seguro que mi madre pone el grito en el cielo por no haberse enterado antes, aunque creo que estarán felices al saber que tienen un nieto.
¡Dios! ¡Tengo un hijo! Espero ser capaz de ser un buen padre.
¿Qué cosas le gustarán? ¿Qué es lo que le dará miedo? ¿Será alérgico a algo? Tengo mil preguntas que me rondan por la cabeza y, pensando en ellas y sin darme cuenta, me voy quedando dormido.
Cuando me despierto, son las 9,00 de la mañana y no sé si levantarme ya o quedarme un rato más en la habitación. No sé si los demás están levantados y no creo que a Helena le haga mucha gracia que esté merodeando por la casa.
Es entonces cuando escucho unos golpes en la puerta, por lo que me levanto y voy a abrir y, al hacerlo, veo que es Lucca.
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Editado: 27.04.2026