Helena
La propuesta que me acaba de hacer Daniel me deja un poco sorprendida porque no esperaba que me pidiera algo así.
Estoy tan acostumbrada a que sea mi familia, sobre todo mis padres, los que me ayuden con la crianza de mi hijo cuando tengo asuntos de trabajo, que el que alguien más me ofrezca su ayuda me parece rarísimo.
Aunque entiendo que es totalmente lógico que, ahora que se ha enterado de que tiene un hijo, Daniel quiera estar presente en la vida de Luis y cuidar de él.
Lo que verdaderamente me ha sorprendido es que me proponga venirse a vivir a casa con nosotros.
No sé si es una buena idea que Daniel y yo estemos viviendo bajo el mismo techo. No es muy difícil ver que ambos nos atraemos y que vivamos juntos puede complicar mucho las cosas. Todo lo que hagamos va a repercutir en la vida de Luis y no quiero hacer nada que pueda dañarlo de una forma o de otra.
A pesar de eso, creo que es muy buena idea el que Luis se acostumbre a que Daniel esté en su día a día, que esté ahí para dormirlo y para despertarlo, para llevarlo y recogerlo de la guardería, etc.
Daniel quiere estar muy presente en la vida de nuestro hijo y no voy a ser yo la que le ponga algún impedimento, ya que es lo que he estado deseando que pasara desde que me enteré de que estaba embarazada.
Sigo pensando en si decirle a Daniel que acepto que se venga a vivir a casa hasta que su piso esté listo, cuando él detiene el coche.
-Antes de que entremos tengo que pedirte un pequeño favor. Mi padre tiene problemas de corazón. Hace casi 2 meses tuvo un amago de infarto y, aunque no fue grave, me da miedo cómo pueda reaccionar cuando le diga que tengo un hijo. Así que, ¿Podemos contárselo con delicadeza?- me pregunta él y, por su cara, puedo ver que está verdaderamente preocupado.
-Por supuesto. Lo haremos como tú me digas.- le contesto yo sin poder evitar tomarle de la mano para tranquilizarlo. -Podemos empezar por contarle cómo nos conocimos, para que la noticia no sea tan brusca.-
-Me parece bien. Gracias.- me dice él acariciándome la mano, que todavía está tomada de la suya.
Ese pequeño gesto, lanza pequeñas chispas por todo mi cuerpo, lo que hace que me ponga colorada sin poder evitarlo.
Durante unos segundos, tengo la esperanza de que Daniel no se haya dado cuenta, pero al mirarle a la cara veo que si lo ha hecho porque está sonriendo pícaramente.
-Vamos. No hagamos esperar a tus padres.- le digo quitándome el cinturón de seguridad mientras escucho cómo se ríe.
-Espera, no te bajes. Tengo que meter el coche en el garaje. La casa de mis padres está un poco más adelante.-
-Entonces, ¿Por qué has parado aquí?- le pregunto intrigada por saber por qué ha parado el coche antes de llegar a casa de sus padres.
-Porque sé que mi madre estará esperándonos en el garaje cuando entremos en la casa y no me iba a dar tiempo de pedirte el favor.- me contesta arrancando el coche de nuevo.
Cuando entramos en el garaje, veo que hay una mujer, que debe de tener más o menos la edad de mi madre, esperándonos, así que Daniel tenía razón.
Hasta este momento, no estaba para nada nerviosa por conocer a los padres de Daniel. Solamente estaba nerviosa por estar cerca de él, pero ahora que estoy viendo como su madre espera a que termine de aparcar el coche, los nervios me corroen por dentro.
Me da un poco de miedo como puedan reaccionar al saber que tienen un nieto de casi 2 años y lo que puedan opinar de mí por haberme acostado con un hombre la misma noche en la que lo conocí.
Aunque no lo parezca, soy una persona muy insegura, lo que pasa es que no dejo que otros vean esa faceta mía. Los únicos que saben cómo soy realmente son mi familia, sobre todo mi madre, que es a la que le cuento absolutamente todo, y Amaia, que desde que la conocí se ha convertido en una más de mis hermanas.
-Todo va a ir bien, ya lo verás.- me dice Daniel cuando ha aparcado el coche, aunque no sé si lo dice para tranquilizarme a mí o para tranquilizarse él mismo.
Yo respiro hondo y me bajo del coche para sacar a mi hijo, que ya está armando jaleo porque no le gusta estar montado en el coche si no está en movimiento, y para afrontar de forma madura el decirles a los padres de Daniel que tenemos un hijo juntos.
-Ya era hora Daniel. Me tenías muy preocupada. ¿Qué es lo que ha pasado?- pregunta ella mirándonos a ambos.
-Déjalos entrar en casa antes de iniciar el interrogatorio, Paola. Ni siquiera te has presentado a la acompañante de nuestro hijo.- dice un hombre que no había visto hasta ahora desde la puerta que da a la casa.
Estoy totalmente segura de que es el padre de Daniel porque son igualitos. Al mirarlo, puedo ver cómo será Daniel dentro de unos años.
-¡Uy! Lo siento. ¡Qué maleducada soy! Soy Paola, la madre de Daniel, y él es mi marido Juan.- dice ella acercándose a mí.
-No se preocupe, es normal que estuviera preocupada. Yo soy Helena y este pequeñín es Luis, mi hijo.- le contesto yo.
En ese momento, la madre de Daniel mira a mi hijo y después lo mira a él con cara sorprendida.
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Editado: 27.04.2026