Daniel
Me despierto por el dolor de la rodilla y me levanto para desayunar algo y así poder tomarme un calmante de los que me ha recetado el médico.
Es un auténtico fastidio tener la pierna lastimada, sobre todo porque me he lastimado la rodilla por culpa de un idiota que no sabe gestionar su ira. Espero que haya pasado tan mala noche como yo, pero en su caso durmiendo en el calabozo.
Al salir de la habitación, veo que Helena ha vuelto a hacer lo mismo que lleva haciendo desde nuestra primera noche viviendo juntos: huir de mí y estar cerca mía el mínimo tiempo posible, lo que repercute en que yo paso menos tiempo con Luis.
Eso es lo que me tiene completamente enfadado. Espero que lo esté haciendo sin darse cuenta, porque si no creo que vamos a tener nuestra primera discusión.
Llevo una semana viviendo con Helena y creía que nos íbamos a llevar bien, pero no podemos llevarnos de ninguna manera si apenas nos vemos. Creo que no hemos pasado más de 15 minutos seguidos juntos en la misma habitación.
Supongo que está esquivándome por el pequeño acercamiento que tuvimos aquella primera noche, pero aun así me molesta porque, si no le gustó y quiere mantener cierta distancia, lo adecuado y lo maduro hubiera sido hablar conmigo.
Pero no, ella lo que ha hecho es comportarse de manera infantil y, debido a eso, a penas he podido pasar tiempo con nuestro hijo.
Estoy preparándome un café, cuando escucho como Helena entra en casa, así que decido ir a hablar con ella para terminar con esta absurda situación.
-Buenos días, Helena.- le digo entrando en el salón, que es donde ella está.
Por su cara, puedo ver qué está sorprendida de ver que estoy en casa.
-Buenos días, Daniel. Creía que estarías trabajando.- me contesta ella.
-No tengo que ir a trabajar hasta dentro de una semana.-
-¿Hasta dentro de una semana? ¿Por qué tienes tantos días libres?- me pregunta extrañada.
-Porque ayer tuve un pequeño accidente en uno de los avisos y me hice daño en la rodilla, así que estoy de baja.- le cuento y ella me mira muy preocupada.
-¡¿Un accidente?! ¿Qué te pasó? ¿Por qué no me dijiste nada?- pregunta acercándose a mí y, por su tono, puedo notar que le molesta que no le haya dicho nada.
-¿Cómo querías que te lo dijera si cada vez que entro en la habitación tú te buscas una excusa para irte? Llevas desde que te dije que podíamos conocernos ahora que nos hemos reencontrado huyendo de mí.-
-Eso no es así, yo…- empieza a decir ella, pero no la dejo terminar de hablar porque no voy a permitir que me mienta.
-No me mientas Helena, porque sabes perfectamente que es verdad. Si quieres mantener la distancia conmigo me parece bien, no voy a obligarte a nada, aunque sepa que tú también te sientes atraída por mí. Pero lo que no voy a permitir es que por eso yo no pueda ver a nuestro hijo.-
-Yo no he evitado que veas a Luis.-
-Sí lo has hecho Helena, aunque creo que ni siquiera te has dado cuenta. Luis está siempre contigo, así que, al huir de mí, has hecho que sea casi imposible pasar tiempo con él. Me mudé con vosotros para estar con él y ayudarte, pero apenas dejas que lo haga. Por eso, si las cosas van a seguir de este modo, no sé si tiene sentido que siga viviendo aquí.- le digo intentando que entienda cómo me ha hecho sentir con su forma de actuar.
-¿Qué? ¡No! ¡No quiero que te vayas!- contesta ella acercándose más aún a mí, pero cuando se da cuenta de que estamos muy cerca, se aleja y se sienta en el sofá. -Siento haberme comportado así. No me había dado cuenta de que eso había hecho que no pudieras estar con nuestro hijo.- se disculpa y puedo ver que lo hace sinceramente.
-No te preocupes. Con que no vuelvas a hacerlo me conformo.- le contesto sentándome en el otro sofá.
-Y sí me atraes, pero creo que es mejor que mantengamos las distancias.-
-De acuerdo. Te daré tu espacio. No voy a obligarte a que hagas algo que no quieras.- le digo y, al cambiar de postura, hago un pequeño gesto de dolor, cosa que no le pasa desapercibido a Helena.
-¿Te duele mucho? ¿Qué es lo que te pasó?- pregunta con preocupación en su mirada y cambiando de tema.
-No me duele mucho, sólo cuando hago algunos movimientos.- le tranquilizo yo. -Y lo que pasó fue que tuvimos un aviso de que había un niño pequeño sólo en su casa. Nos avisó un vecino que escuchó al niño llorar, así que fuimos y rompimos la puerta. El padre llegó en ese momento y, al vernos allí, se enfadó bastante y se encaró con el vecino. Yo me metí por medio para que no le hiciera nada, pero me empujó y, al caer, me lastimé la rodilla.-
-¿En serio dejó a su hijo sólo en casa? ¡Eso es una locura!- me dice ella.
-Lo sé. Podría contarte muchos avisos de ese tipo, pero no quiero quitarte más tiempo. Seguro que estás muy ocupada. ¿Dónde está Luis? Hoy es sábado y no tiene guardería, ¿No?-
-No, está en casa de Lucca con Amaia y mis hermanas. Hoy vamos a tener un día de chicas. Yo he vuelto porque me he olvidado la Tablet y la necesito para enseñarles a Clara y Amaia unas cosas sobre sus bodas.- me explica ella.
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Editado: 27.04.2026