Encontrando al papá de Luis

Capítulo 13 - Demasiado espacio

Helena

Estoy en el estudio de tatuaje que tengo montado en casa trabajando en unos diseños de tatuajes que me han encargado y no puedo dejar de pensar en Daniel. Mi distracción llega hasta tal punto que no soy capaz de concentrarme en lo que estoy haciendo.

Han pasado 2 semanas desde que tuvimos la conversación en la reconocí que me atrae, pero que quería que mantuviéramos las distancias. Él me dijo que me iba a dar mi espacio y lo está cumpliendo.

Lo malo es que me está dando demasiado espacio y eso me está sacando de quicio. Yo fui la que le pedí ese espacio y, ahora que me lo está dando, quiero que sea más cercano conmigo. ¡No hay quién me entienda!

En estas semanas, él ha estado muy pendiente de Luis, sobre todo los días que estuvo de baja por haberse lastimado la rodilla.

Ha aprendido a bañarlo, lo duerme, le da de comer con toda la paciencia del mundo, y se tira en el suelo a jugar con él incluso después de haber estado trabajando un turno de 24 horas. Eso me hace ver lo buen padre que es, aunque sólo lleve siéndolo apenas unas semanas.

Cada vez que pienso en que no me contó que estaba de baja y que estaba pensando en dejar de vivir con nosotros por culpa de mi actitud, me siento como una mierda.

Me comporté como una niña malcriada simplemente porque me dio miedo lo que sentí cuando Daniel me contó que le hubiera gustado poder seguir conociéndome después de la noche que pasamos juntos. Ese miedo aumentó después de que me insinuara que podíamos conocernos ahora que nos habíamos reencontrado y yo, como siempre hago cuando tengo miedo, hui.

Aunque no lo parezca, soy una mujer muy insegura y, cuando un hombre me dice que se siente atraído por mí, pienso que no soy lo suficientemente buena para él y que se aburrirá y me dejará nada más que me conozca un poquito.

Por eso temo decirle a Daniel que quiero que nos conozcamos más allá que como simples padres de Luis, porque creo que, al ver cómo soy en realidad, sin esa fachada de mujer fuerte a la que no le importa lo que piensen los demás, él se dará cuenta de que no merezco la pena y se alejará.

Si eso pasa, pueden ocurrir 2 cosas: que Daniel decida alejarse también de Luis, lo que hará que mi hijo pierda a su padre, o que decida seguir estando en la vida de nuestro hijo y yo tenga que estar el resto de mi vida viendo a un hombre que piensa que no soy lo suficientemente buena para estar con él.

No sé cuál de las 2 opciones sería más dolorosa, pero sí sé que jamás me perdonaría si mi hijo no tuviera a su padre con él por culpa mía.

Decido ir a la cocina a prepararme un té, a ver si así soy capaz de relajarme y concentrarme un poquito en el trabajo que tengo que hacer.

Al salir del estudio, veo el pequeño gimnasio que Daniel se ha montado en un lado del garaje y me quedo mirándolo pensativa.

Tiene un banco de musculación, pesas de varios tamaños, un saco de boxeo de pie, y una cinta de correr plegable, que ahora mismo está apoyada contra la pared.

Él pensaba meterlo todo en su habitación porque, según palabras suyas, “no quería invadir mi espacio más de lo que ya lo ha hecho al mudarse con nosotros”. A mi me pareció una auténtica tontería que tuviera su habitación abarrotada de cosas si había espacio en el garaje, así que le convencí de que montara su gimnasio donde al final lo ha hecho.

Cuando no está haciendo ejercicio, lo tiene todo recogido y pegado a una de las paredes del garaje, así que no molesta a la hora de aparcar el coche. Incluso con su moto aparcada, sigue habiendo espacio suficiente.

Además, tengo que reconocer que me encanta verlo sin camiseta, todo sudado y haciendo ejercicio mientras yo hago como que estoy diseñando con la puerta de mi estudio abierta.

En ese aspecto, parece que me estoy volviendo un poco acosadora, porque cada vez que lo veo pasar en dirección al garaje para ejercitarse, yo busco cualquier excusa para estar cerca.

Aunque creo que ya no podré seguir haciéndolo durante mucho tiempo, porque me parece que él se ha dado cuenta de lo que hago.

No me ha dicho nada, porque sigue manteniendo ese espacio que me está volviendo loca, pero le he visto sonreír un par de veces cuando me ha visto pasar mientras él hacía ejercicio.

Salgo de mis pensamientos cuando la puerta del garaje se abre y Daniel entra montado en su moto.

Al quitarse el casco y bajarse de la moto, veo que está guapísimo, aunque últimamente lo veo guapo de todas las maneras.

Hoy lleva unos baqueros desgastados, una camiseta verde y la chaqueta de cuero que siempre lleva y que le da un aspecto de chico malo que me encanta.

-¿Qué pasa? ¿Por qué me miras tan fijamente?- me pregunta él.

No me había dado cuenta de que me había quedado embobada mirándole. ¡Qué vergüenza!

-Nada, sólo miraba tu camiseta.-

-¿Por qué? ¿Está rota y no me he dado cuenta?- pregunta revisando su camiseta, supongo que en busca de algún desperfecto.

-¡No! ¡Está bien! Es sólo que el verde es mi color favorito.- le respondo con una pequeña sonrisa en mis labios y él me sonríe de vuelta. -Iba a prepararme un té, ¿Quieres uno?- le pregunto cambiando de tema.




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