Encontrando al papá de Luis

Capítulo 15 - ¿Me has preparado una cena romántica?

Helena

Sigo sin poder creerme que estoy haciendo caso al consejo de Amaia y estoy preparando la cena para Daniel y para mí, para nosotros dos solos, ya que ella ha decidido, por si sola y sin tener en cuenta nuestro consentimiento, quedarse con nuestro hijo durante toda la noche y parte de la mañana para que nosotros podamos hablar.

Cuando le conté lo que había pasado ayer antes de que Daniel se fuera a trabajar, ese casi beso por el que suspiro cada vez que lo pienso, Amaia se volvió loca porque dice que está completamente segura de que Daniel y yo estamos hechos el uno para el otro y que, por eso, nos hemos reencontrado 2 años y medio después de haber pasado la noche juntos.

Yo soy más de creer en las casualidades. Una casualidad pudo ser cuando nos dimos cuenta de que Amaia era la misma mujer que había salvado a mi hermana Bea del ataque de su novio, o cuando descubrimos que la ex de Lucca los abandonó a él y a Zara para irse con su amante, el exmarido de Amaia, y la última es que el hombre con el que tuve una noche de diversión desenfrenada hace mas de 2 años sea compañero y amigo de mi hermano Lucca. Eso son casualidades, no es nuestro destino que nos dice que tenemos que estar juntos.

A pesar de ello, sé que quiero llevar a cabo esta cena porque ha llegado el momento en el que los dos seamos sinceros, no sólo con el otro, sino también con nosotros mismos, para saber si verdaderamente hay algo más allá de una relación casual no resuelta.

Como quiero que sea algo relajado, me he vestido con la ropa que me pondría para ir a cenar con amigos: unos vaqueros de pitillo, una camiseta ajustada con transparencias de mangas largas y unas zapatillas con plataforma.

Lo bueno de tener calefacción centralizada en casa es que sé que no voy a tener frío y que no me hará falta una chaqueta.

Por eso Daniel es capaz de hacer ejercicio sin camiseta, a pesar de que estemos en el mes de diciembre, y eso para mí es un plus porque me encanta mirarle mientras lo hace. Nunca me había llamado la atención el estar viendo como otras personas hacen deporte, pero con Daniel llega a ser casi hipnótico.

Aunque también me lleva a tener pensamientos que sólo son aptos para mayores de 18 años. Tiene ese efecto en mí desde la primera vez que lo vi andar por casa sin camiseta y, desde entonces, no he podido evitar que me entre mucho calor cuando lo veo. Mis hormonas se revolucionan cada vez que lo tengo cerca.

-A ver, Helena, céntrate. ¿Cena con velas o sin velas?- me pregunto en voz alta.

-Yo diría que con velas, pero depende de quienes sean los invitados.- contesta una voz a mis espaldas y, aunque sé que es Daniel, no puedo evitar asustarme porque no lo había escuchado llegar.

-¡Dios, Daniel! ¡No me pegues esos sustos!- le digo dándole un manotazo en el brazo.

-¡Auch! ¡No me pegues!- contesta el riéndose y haciendo como si le hubiera pegado con mucha fuerza, lo que hace que yo me ría también. -Siento haberte asustado. No era mi intención.- me dice cuando paramos de reírnos.

-No te preocupes. Es que estaba tan abstraída en mis pensamientos que no te escuché llegar.- le contesto mordiéndome el labio. Desde que ayer me dijo lo que le pasa cuando yo hago ese gesto, me apetece hacerlo sólo para provocarlo. Sí, soy un poco malvada.

-Y, ¿Para quién es la cena? No sabía que teníamos invitados.- dice mirando la mesa. -Sólo hay cubiertos para 2 personas. ¿Tienes una cita?- pregunta mirándome muy serio.

-Sí.- le contesto yo y su cara cambia a una expresión sombría en los segundos que tardo en seguir hablando.- Contigo.- termino de contestarle y puedo ver en su cara alivio, pero también alegría.

-¿Y Luis? ¿Ya se ha dormido?-

-No está. Amaia ha decidido secuestrarlo hasta mañana.- le cuento, lo que hace que él se ría, pero, de pronto, se pone serio.

-Helena, ¿Me has preparado una cena romántica?- me pregunta volviendo a mirar todo lo que hay en la mesa, sobre todo las velas.

-Sí. Bueno no. O sí. Es…- digo sin saber cómo explicarme, lo que hace que el se ría. -¿Te estás riendo de mí?- le pregunto haciéndome la enfadada.

-Lo siento. Es que te pones muy graciosa cuando estás nerviosa. Y también muy guapa.- contesta con una sonrisa coqueta.

-A ver…- empiezo a decir tomando aire para tranquilizarme. -No es una cena romántica como tal. Es más bien una cena para hablar sobre nosotros. Sobre lo que pasó ayer.-

-Y, ¿Qué pasó ayer?- pregunta con sonrisa pícara acercándose a mí.

-No lo sé. Dímelo tú.- le contesto mordiéndome el labio para provocarlo y así seguirle el juego.

-Eres una pequeña provocadora.- dice riéndose cuando ha terminado de acercarse a mí.

-No sé de que me hablas.- digo con mirada inocente.

-¿No? Entonces, ¿Es que ahora te gusta morderte el labio?- pregunta con su cara cada vez más cerca de la mía.

-Sí. Es mi nuevo pasatiempo. Aunque preferiría que me lo mordieras tú.- le contesto volviendo a morderme el labio.

Él me sonríe, toma mi cara entre sus manos y me besa. El beso comienza siendo lento, pero, con el paso de los segundos, se vuelve muy pasional. Es un beso que hace que sienta como si tuviera electricidad corriendo por todo mi cuerpo.




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