Helena
Después de hacer la pequeña celebración de cumpleaños nosotros 3 solos en casa, nos dirigimos a casa de mis padres, aunque nos cuesta sacar a Luis de la piscina de bolas. Sólo hemos logrado sacarlo de ahí cuando le hemos dicho que íbamos a casa de los abuelos con todos los primos y que allí podría jugar en la piscina de bolas que tienen los abuelos.
El plan es celebrar el cumpleaños de mi hijo haciendo una barbacoa familiar, donde estará la inmensa familia que tenemos, formada por la familia de Amaia, la de Daniel y la mía propia.
Ha llegado un punto en el que es imposible distinguir entre las 3 familias porque ya somos como una sola y pareciera que lleváramos toda la vida siéndolo.
Tener una familia tan grande es algo que me encanta porque, mientras crecía, únicamente tenía a mis padres y a mis hermanos, ya que ninguno de mis padres tenía familia.
Nunca he tenido primos, tíos o abuelos y es algo que siempre he echado en falta. Por eso me emociona tanto que mi hijo si vaya a tenerlos y que pueda celebrar su cumpleaños con todos ellos.
La celebración con los amiguitos de Luis la hicieron ayer en la guardería porque, como su cumpleaños ha caído en sábado, tuvieron que adelantarlo.
Mientras vamos en el coche, no puedo evitar mirar a Daniel, que va cantando la canción infantil que llevamos puesta en la radio.
-¿Por qué me miras así?- me pregunta cuando detiene el coche en un semáforo.
-Porque me da mucha ternura verte cantando canciones infantiles. Parece que llevaras cantando esas canciones toda una vida. Te las sabes de memoria.- le contesto sonriendo.
-Bueno, cada vez que vamos en el coche, se las ponemos a Luis y tengo que reconocer que me las he puesto un par de veces cuando voy sólo para aprendérmelas y poder cantárselas a nuestro hijo.- me cuenta con una sonrisa avergonzada.
-¡¿En serio?!- le pregunto y él me contesta con un simple asentimiento. -Eso te hace ser más mono aún.- le digo acariciándole la mejilla.
-Te diría que no me digas mono porque tus hermanos se reirán de mí, pero ya me llamaste osito, así que no hay nada que pueda empeorar eso.- responde justo cuando aparcamos en frente de casa de mis padres.
-Daniel.- le llamo para que me mire y vea que estoy muy sería. -Si en algún momento, alguien se mete contigo por ser mi osito, me llamas, que yo les doy una paliza.- le digo sin ser capaz de evitar reírme al final.
-¡Estás loca!- grita el haciéndose el ofendido.
-¡Si! ¡Pero aún así me quieres!- le contesto.
-Siempre y para siempre.- me dice sonriendo, pero su sonrisa dura poco tiempo porque, de pronto, su expresión se torna seria. -¿Qué hace Elisa aquí?- pregunta señalando hacia la puerta de la casa de mis padres.
-No lo sé, pero pienso averiguarlo.- le contesto bajándome del coche.
La Elisa que me encontré hace más de un mes ha desaparecido. Ese día lucía muy sana, se podía ver a leguas que ya no se drogaba y me recordó a esa Elisa que una vez fue mi mejor amiga.
Pero hoy se le ve muy demacrada y con unas ojeras que hacen ver que lleva días sin dormir.
-Elisa, ¿Qué estás haciendo aquí?- le pregunto cuando llego hasta ella.
-Necesito hablar contigo. No sabía donde vives, así que he venido a casa de tus padres esperando que hoy vinieras, ya que es el cumpleaños de tu hijo.- me contesta ella.
-¿Cómo sabes que es el cumpleaños de mi hijo?- le pregunto preocupada. Ella y yo no tenemos relación desde antes de que naciera Luis. No tenemos amistades en común y yo no cuelgo en redes sociales nada que tenga que ver con mi hijo, por lo que no entiendo cómo puede saberlo.
-Me lo dijo Erika.- me contesta ella y, al oír ese nombre, se me hiela la sangre.
-¿Ella es la que te ha pedido que vengas?-
-¿Qué? ¡No! ¡Por supuesto que no! Ella no sabe que estoy aquí.- contesta ella asustada.
-¿Entonces por qué has venido?- pregunta mi hermano Tony saliendo de casa de mis padres junto con Rodri y David. Supongo que han debido oír nuestra conversación.
-Porque podemos ayudarnos mutuamente. ¿Podemos hablar dentro? Sé que estaréis de celebración, pero esto es importante.- dice Elisa mirando hacia Daniel, que sigue en el coche con nuestro hijo.
-Está bien. Rodri, ¿Puedes encargarte de Luis? Daniel también debería oír lo que ella tenga que decir.-
-Por supuesto.- me responde dirigiéndose hacia el coche.
-Vamos adentro.- dice mi hermano Tony haciendo un gesto hacia la puerta.
Cuando entramos a casa de mis padres, sorpresivamente, parece que no hay nadie.
-Mamá se los ha llevado a todos al jardín.- me susurra Tony cuando ve que estoy mirando a todos lados buscando a nuestra familia.
No hemos terminado de llegar al despacho cuando siento que me cogen de la mano y sé que es Daniel al instante.
-¡Por fin! Estábamos a punto de salir a por vosotros.- dice el padre de Daniel nada más que entramos en el despacho, donde también está mi padre.
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Editado: 15.05.2026