Encuéntrame en una canción.

La vida que escogiste.

Año 2015.

El móvil vibró antes de que pudiera fingir que seguía dormido. No era la alarma, era el mundo recordándole a dónde pertenecía.
El techo blanco del hotel le devolvió una mirada vacía. Afuera, el viento de otoño sacudía la ventana con una insistencia casi violenta.

Veintiún años.
Tres días atrás, Derek había soplado velas frente a un pastel que no eligió, rodeado de personas que aplaudían en el momento exacto en que debían hacerlo. Sonrió para las fotos, agradeció a sus fans, publicó exactamente el mensaje que su equipo redactó para él.
Perfecto, siempre lo era.

El teléfono vibró otra vez.

12 llamadas perdidas, 8 notificaciones de prensa, 1 mensaje de Billy, su manager: "Respóndeme. Es importante."

A veces se pregunta en qué momento su sueño dejó de pertenecerle.

—Vaya, hasta que su majestad decidió atender

— canturreó Billy cuando finalmente le contestó.

Cerró los ojos y dejó que el sarcasmo lo protegiera.

—Cuando cantes para el presidente, firmes discos, grabes comerciales y cortes el listón de una fundación todo el mismo día, hablamos.

—¿Y gracias a quién tienes todo eso?
Sonrió sin humor.

—Entonces admites que es tu culpa.
Billy ignoró el comentario.

—Estás cansado, lo sé. Pero así es esto, tú lo elegiste.

"Así es esto", "tú lo elegiste."
Frases que se repiten tanto que dejan de sonar como elección y empiezan a parecer una condena.

Colgó cinco minutos después, quedando sentado al borde de la cama, con el pecho extraño, tenso. Como si hubiera algo queriendo salir y no encontrara por dónde.
Se duchó. Se vistió con la ropa que alguien más decidió que usaría, y bajó al vestíbulo.

—Aquí tiene su café y el itinerario del día—dijo Molly, su impecable asistente.

—Gracias, significa mucho para mí —respondió con la misma entonación vacía que usa en las entrevistas.

Billy le lanzó una mirada que mezclaba paciencia y advertencia.

El día avanzó entre ensayos, flashes y patrocinadores que hablaban de “expansión de marca”, como si yo fuera una franquicia y no una persona.

Al mediodía regresó al hotel.
La ensalada frente a él permanecía intacta, mientras un dolor punzante comenzaba a instalarse detrás de sus ojos. Cerró los párpados, presionándose las sienes.
El teléfono volvió a sonar.
Pensó que sería Billy, pero no lo era.

—¿Má? — su voz salió más frágil de lo que pretendía— No sabes cuánto necesitaba oírte.

El dolor disminuyó casi al instante.
Escucharla era volver a un lugar donde no tenía que actuar.

—Estoy orgullosa de ti, hijo—dijo con esa dulzura que siempre lograba desarmarlo — Nunca lo olvides.

Orgullosa.
La palabra pesó distinto.
Hablaron poco. Lo suficiente para que le contara sobre sus nuevas clases de repostería y el pay de manzana que planeaba prepararle cuando volviera.

Al colgar, el silencio volvió a expandirse por la habitación. Y con ello, una idea incómoda.
Estaba viviendo el sueño, entonces, ¿Por qué se sentía como si alguien más lo estuviera soñando por él?

Los golpes en la puerta lo sacaron de sus pensamientos.

—¿Qué quieres, Billy?

—Vengo con noticias que pueden mejorar ese humor tuyo.

Abrió la puerta de mala gana.

—Sorpréndeme.

Se paseó por la habitación como si estuviera a punto de revelar un secreto de estado.

—¿Conoces el concurso de canto ¿"A viva voz"?

—Todo el continente lo conoce.

—Bueno, quieren que seas juez invitado esta temporada.

Se quedó en silencio unos segundos.

El show se graba en San Francisco, su ciudad natal. El lugar donde cantaba en bares diminutos esperando que alguien lo escuchara.

—Es enorme, Derek. Más visibilidad, mejor contrato. Y el pago es ridículamente bueno.

Lo escuchaba, pero no del todo.
Recordó las palabras que le dijeron cuando tenía dieciséis.
"Tienes potencial, pero no lo suficiente".

Tal vez era el momento de sentarse del otro lado de la mesa. Decirles a esos futuros artistas lo que a él mismo le hubiese gustado escuchar.

—Lo haré —dijo finalmente.

Billy sonrió, sorprendido.

—Sabía que entrarías en razón.

—Pero quiero el fin de semana libre. Voy a visitar a mi madre.

—No puedo cancelar nada.

La irritación volvió a subir.

—Entonces olvídalo.

—No me dejaste terminar —interrumpió— Las grabaciones empiezan la próxima semana, vas a tender tiempo de sobra cuando estemos allá, no falta mucho.

El aire volvió a sus pulmones como si alguien hubiera abierto una ventana invisible.

Cuando Billy se fue, se dejó caer en la cama mirando al techo. No sabía que aceptar esto traería consigo el cambio más grande de su vida.



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Editado: 05.03.2026

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