Encuentro De Amor

Capítulo 3

Durante el receso, mis amigas y yo nos sentamos en el mismo lugar donde hay un árbol grande y debajo hay césped húmedo. Es un lugar muy agradable porque es fresco y hay mucha sombra, sin mencionar que es un lugar donde casi nadie llega. Es el lugar perfecto para pasar los recesos y los almuerzos, mientras contemplo la hermosa vista y respiro el olor a tierra mojada, una de las mejores sensaciones de toda la vida. De una forma relajada les hablo a mis amigas: —¿No creen que este lugar es fabuloso? —Arlet voltea y me responde

—Sí, estar aquí es muy relajante; cuando estamos aquí no se puede oír el ruido fastidioso que hacen los demás, ¿o tú qué dices, Indivar?

—Yo opino que este lugar está bien.

Mientras tanto, Arlet e Indivar conversan; me pongo a pensar que últimamente no he estado durmiendo bien por las noches. (¿Será por esos sueños extraños que he tenido últimamente?) —Arlet se da cuenta de que estoy perdida en mis pensamientos y se acerca sigilosamente detrás de mí y me sorprende diciendo: —¡A mí nadie me engaña, sé que te has quedado despierta hasta tarde!

—Me sorprende y doy un grito del susto, mientras doy un pequeño brinco donde estoy sentada. —¡¿Qué pasa, Arlet?! ¿Por qué gritas de esa forma? Casi me da un infarto. —Ella ignora lo que le digo y me repite

—Sé que te has estado quedando despierta hasta muy tarde, ¿por qué? —¿Acaso tienes novio y no lo has querido contar? —¿Es eso? —La miro muy confundida y le digo: —Claro que no, es solo que encontré una serie de anime muy buena y no pude evitar dejar de verla por las noches, solo es eso

—Arlet me mira con sospecha, pero luego suaviza la mirada y asiente con la cabeza. —De acuerdo, te voy a creer por esta vez. —Con alivio doy un ligero suspiro seguido de una risa incómoda.

—Indivar algo molesta y con disgusto en un tono calmado le habla a Arlet—. Arlet, deberías avisar antes de hablar repentinamente, sobre todo de una forma calmada y no gritando; le pegaste un susto a Melania.

—Arlet, molesta, se para y le contesta a Indivar que se meta en sus propios asuntos y que no la moleste. Indivar se para al mismo tiempo y, con un tono calmado pero más molesto, le dice que no la está molestando, que solamente le está diciendo que cuando hable, no lo haga fuerte. —Me paro y me acerco a ellas, intentando calmarlas, separándolas un poco. Arlet, molesta, se voltea al igual que Indivar y se dejan de hablar en ese momento. Nerviosamente les digo que se calmen un poco y que hablen las cosas. Indivar, aun volteada, dice que cuando Arlet deje de ser tan terca y aprenda a escuchar a los demás, hablará. Arlet, al escuchar eso, se voltea molesta y le responde.

—¿Qué significa ese comentario, Indivar?

—Indivar le responde con indiferencia: —Ah, no lo sé, ¿por qué no usas ese pequeño cerebro tuyo y lo descubres por ti misma? —dijo soltando una pequeña risa sin humor.

Arlet, hecha una furia, mira a Indivar y, cuando está a punto de contestarle, intervengo para que no empeore la situación. —Basta, dejen pelear, ¿está bien?

Arlet, aún molesta, dice: —Ella empezó. —Ya basta, las dos tienen la culpa; además, Indivar tiene razón. Arlet se queda por un breve instante callada y se disculpa por haberme asustado; le digo que no pasa nada, pero que a la próxima tenga más cuidado al hablar. Hago que ambas se disculpen y todo regresa a la normalidad. Mientras hablábamos, Indivar me dice que no debería quedarme hasta tan tarde despierta; le sonrío y le agradezco su preocupación. Justamente en ese momento suena la campana para volver a entrar a clases.




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