—Qué mal, ya sonó la campana, digo con un suspiro.
—¿Tan pronto? —dice Arlet con desánimo. —Bueno, será mejor que nos vayamos; te vemos más tarde, Indivar, le digo mientras me paro y empiezo a caminar a mi siguiente clase. (Arlet tiene las mismas clases que yo y vamos siempre juntas a todas; a diferencia de nosotras, Indivar es un grado más avanzado que nosotras. A pesar de que tengamos la misma edad, ella se saltó un grado por su sorprendente inteligencia; a Indivar la conozco desde hace un buen tiempo y desde entonces ella también ha sido una de mis mejores amigas. Si describiría a Indivar, diría que es una chica bastante educada y refinada; es alguien muy seria y reservada. A diferencia de Arlet, ella se toma el estudio muy en serio. Indivar viene de una familia muy bien acomodada y de renombre por todo el país; su familia dirige una de las mejores empresas de cosméticos. Como Indivar, Arlet también es de una familia noble; su madre es una de las mejores diseñadoras de moda de Europa y su padre es un chef italiano muy reconocido por su alta cocina y finura a la hora de presentar un platillo).
Cuando entramos a clases, por suerte la profesora aún no había ingresado. Me senté y esperé que la maestra llegara para que impartiera la clase. Cuando llegó, pasó un rato y voltee hacia un lado donde estaba Arlet; la observé un breve instante y me miró mientras soltaba un quejido de aburrimiento, exclamando: —Qué aburrido, ya me quiero ir.
La volví a mirar y le murmuré bajito: Silencio, Arlet, no lo digas tan fuerte o te escuchará. - Arlet ignora lo que le dije y con un tono alto se vuelve a quejar.
—Qué molesto, no es mi culpa que la clase que da esta mujer sea tan aburrida. Cuando estaba por regañarla, una de mis compañeras que se sentaba atrás de Arlet nos dijo en voz baja. —Chicas, no hagan tanto ruido o la profesora podría regañarlas. Cuando termina de decir eso, la profesora se voltea y se aproxima a nosotras, mientras menciona mi nombre como si fuera molesta.
—Señorita Melania —me dijo mientras hacía una mueca de disgusto. —En ese momento me imaginé lo peor que podría hacerme, pero antes de que le dijera algo, ella señaló con su dedo mi libro y dijo: —Señorita, siga leyendo hasta donde se quedó su compañera, por favor. Cuando me indica eso, rápidamente agarro mi libro y me dispongo a leer rápidamente mientras la profesora me miraba. Un minuto después ella regresó al pizarrón y continuó con la lección; pude oír las risas a mi alrededor hasta que se terminó la clase.
Después de ese sufrimiento pude salir de la escuela, ya que había terminado todas las clases. Respiré hondo y exhalé de igual forma, seguido de un —Qué bueno que ya acabaron las clases por hoy. Arlet estaba a mi lado, se estiró y, mientras la miro, bosteza.
—Ay, sí, fue un martirio estar sentado todo el día escuchando a esos profesores molestos.
Sin mirarla le respondí: "Arlet, tú ni siquiera prestaste atención a las clases; además, por tu culpa la maestra casi me regaña". La miro.
—Lo siento, no pensé que la maestra fuera a regañarte a ti. —Bueno, no fue un regaño en sí, así que está bien, pero ya no hables tan fuerte; agradezco que no fue en la clase del profesor Logán.
—Uy, sí, si hubiera sido en su clase, nos sacaría inmediatamente. Después de que Arlet agregó ese comentario, nos echamos a reír las dos. Luego de eso, seguimos caminando en silencio hasta llegar a la entrada donde esperaban nuestros choferes pacientemente. Saludé agitando la mano a Eliot y él me devolvió el saludo. Entré al auto y, mientras iba de camino a casa, volví a pensar en el sueño que no podía recordar. Frustrada, volví a suspirar; Eliot, al escuchar mi suspiro, me preguntó si todo estaba bien.
—Señorita, ¿se encuentra bien, hay algo que le moleste? —No, todo está bien, Sr. Eliot, gracias por preguntar.