—Suelto una carcajada—. Ay, por favor. —Dice eso mientras deja su mochila sobre el sofá y se cruza de brazos. —¿Cuál era tu nombre? Era Selena, ¿no?
—La criada niega divertida. —No, señorita, mi nombre es Serena.
La miro aún divertida por lo que dijo Serena. —Lo siento, Serena. Es que me pareció muy divertido lo optimista que eres. Mis hermanos no están contentos por verme a mí, están contentos porque por fin tendrán a quien usar como blanco para sus bromas y sus quejas. ¡Medio año es mucho veneno, pobre de mí!
—Serena niega con la cabeza, divertida, mientras la mira y acomoda los cojines del sofá cercano para que se vea impecable y dice: —Comprendo lo que dice, señorita Melania, pero no se abrume antes de tiempo. Ya sabe que en las familias grandes el ruido es parte del cariño, aunque a veces sea un poco pesado. Sus hermanos tienen su forma de ser, pero estoy segura de que la han extrañado tanto como usted a ellos. —Serena hace una pequeña indicación hacia la planta alta. —Mire, ¿por qué no aprovecha este tiempo para usted? Vaya a su habitación y póngase lo más bonita que pueda. De seguro sus padres se alegrarán de ver que se arregló para recibirlos. Mandaré a Eritia para que la ayude a arreglarse.
—Miro a Serena con una sonrisa y me paro para subir a mi habitación mientras tomo mi mochila. En mi habitación estoy frente a un espejo de cuerpo completo, mientras me miro en él y como Eritia me arregla el vestido que me ayudó a elegir. —¿Crees que a mi madre le gustará este vestido? Siento que me veo muy simple... Además de eso, tal vez Kilian critique mi apariencia... —Suspiró desanimada. —Como siempre.
—Eritia me mira con una sonrisa gentil y con voz calmada me dice: —Tenga calma, señorita Melania. Con preocuparse no resolverá nada; además, para mí se ve preciosa; con este vestido azul combina perfecto con sus hermosos ojos azules.
Miro a Eritia y le sonrío débilmente. —Gracias, Eritia, a mí también me gusta este vestido... pero el problema es que Kilian siempre sabe qué decir para hacerme sentir mal y hacerme quedar mal frente a mis padres. No entiendo por qué no le caigo bien... Desde que nací siempre fue así... —Eritia me mira y sonríe aún más, amable pero comprensiva, y me dice.
—Escuche, señorita Melania, el joven Kilian puede decir lo que guste, pero las palabras solo pueden tener poder si usted se las otorga. —Miro a Eritia y asiento con la cabeza, comprendiendo lo que dijo, pero aún triste le digo. —Sí tienes razón, le estoy tomando mucha importancia a lo que haga y diga... pero no puedo evitarlo... O sea... sabes que Kilian siempre ha querido ocupar el lugar de mi hermano mayor, Lol... pero por ser el tercero en la línea de sucesión, es obvio que no lo tendrá... pero insiste en que yo también quiero el puesto de nuestro hermano mayor cuando claramente ya le dije que ni siquiera pienso en ser la cabeza de esta familia... cuando mi padre, bueno, ya sabes... se vaya, cree que quiero competir con él...
Eritia me mira y suelta un suspiro suave cargado de esa paciencia que solo dan los años de observar las dinámicas de poder en una casa tan grande. Termino de alisar mi falda del vestido con un movimiento experto y se queda un momento en silencio, eligiendo las palabras correctas.
—Suelto una carcajada—. Ay, por favor. —Dice eso mientras deja su mochila sobre el sofá y se cruza de brazos. —¿Cuál era tu nombre? Era Selena, ¿no?
—La criada niega divertida. —No, señorita, mi nombre es Serena.
La miro aún divertida por lo que dijo Serena. —Lo siento, Serena. Es que me pareció muy divertido lo optimista que eres. Mis hermanos no están contentos por verme a mí, están contentos porque por fin tendrán a quien usar como blanco para sus bromas y sus quejas. ¡Medio año es mucho veneno, pobre de mí!
—Serena niega con la cabeza, divertida, mientras la mira y acomoda los cojines del sofá cercano para que se vea impecable y dice: —Comprendo lo que dice, señorita Melania, pero no se abrume antes de tiempo. Ya sabe que en las familias grandes el ruido es parte del cariño, aunque a veces sea un poco pesado. Sus hermanos tienen su forma de ser, pero estoy segura de que la han extrañado tanto como usted a ellos. —Serena hace una pequeña indicación hacia la planta alta. —Mire, ¿por qué no aprovecha este tiempo para usted? Vaya a su habitación y póngase lo más bonita que pueda. De seguro sus padres se alegrarán de ver que se arregló para recibirlos. Mandaré a Eritia para que la ayude a arreglarse.
—Miro a Serena con una sonrisa y me paro para subir a mi habitación mientras tomo mi mochila. En mi habitación estoy frente a un espejo de cuerpo completo, mientras me miro en él y como Eritia me arregla el vestido que me ayudó a elegir. —¿Crees que a mi madre le gustará este vestido? Siento que me veo muy simple... Además de eso, tal vez Kilian critique mi apariencia... —Suspiró desanimada. —Como siempre.
—Eritia me mira con una sonrisa gentil y con voz calmada me dice: —Tenga calma, señorita Melania. Con preocuparse no resolverá nada; además, para mí se ve preciosa; con este vestido azul combina perfecto con sus hermosos ojos azules.
Miro a Eritia y le sonrío débilmente. —Gracias, Eritia, a mí también me gusta este vestido... pero el problema es que Kilian siempre sabe qué decir para hacerme sentir mal y hacerme quedar mal frente a mis padres. No entiendo por qué no le caigo bien... Desde que nací siempre fue así... —Eritia me mira y sonríe aún más, amable pero comprensiva, y me dice.
—Escuche, señorita Melania, el joven Kilian puede decir lo que guste, pero las palabras solo pueden tener poder si usted se las otorga. —Miro a Eritia y asiento con la cabeza, comprendiendo lo que dijo, pero aún triste le digo. —Sí tienes razón, le estoy tomando mucha importancia a lo que haga y diga... pero no puedo evitarlo... O sea... sabes que Kilian siempre ha querido ocupar el lugar de mi hermano mayor, Lol... pero por ser el tercero en la línea de sucesión, es obvio que no lo tendrá... pero insiste en que yo también quiero el puesto de nuestro hermano mayor cuando claramente ya le dije que ni siquiera pienso en ser la cabeza de esta familia... cuando mi padre, bueno, ya sabes... se vaya, cree que quiero competir con él...