Encuentro De Amor

Capítulo 8

Cuando mi padre termina de hablar, el eco de unos pasos pesados y un par de voces discutiendo se escuchan desde el pasillo. La puerta de la sala se abre y Milos es el primero en entrar. Trae el cabello un poco desordenado por el viaje y, como era de esperarse, viene terminándose un sándwich que seguramente compró en la gasolinera.

—¡Por fin! —dice mientras lo exclama un poco dramático con la boca medio llena, pero con una sonrisa. —Si Lol me hace leer un reporte más en ese auto, juro que pude haberme lanzado por la ventana. Milos me mira e inmediatamente sus ojos se iluminan, ignora por completo la postura rígida de mi padre y camina hacia mí con los brazos abiertos, dándome un abrazo que casi me saca el aire.

—¡Mel! Mírate, ¡estás gigante! —me dice mientras me revuelve el cabello, arruinando un poco el peinado que Eritia tanto cuidó. Le devuelvo el abrazo con cariño, apartando su mano de mi cabello para que no lo siga arruinando. —Milos, detente, me estás estropeando el peinado que Eritia me hizo; además, solo ha pasado medio año, no seas dramático, no he crecido nada desde entonces. —Detrás de Milos, con una elegancia que intimida, entra Lol; camina con pasos seguros, como si el suelo le perteneciera. Se detiene frente a mis padres y hace una inclinación de cabeza perfecta pero distante.

Padre, madre. El viaje fue productivo, aunque Milos insista en decir lo contrario. —Dice Lol con voz gélida. Luego, dirige la mirada hacia mí. No sonríe, pero sus ojos se suavizan apenas un milímetro. —Melania. Te ves... adecuada para la ocasión. Me alegra verte gozar de buena salud.

Le sonrió de vuelta de forma educada y, antes de que dijera nada, Kilian entra cerrando la puerta en un golpe seco mientras mira su teléfono. Cuando levanta la mirada, tensa la mandíbula al ver a Milos abrazarme. Se nota que viene de mal humor, probablemente porque durante todo el viaje Lol fue el centro de atención de los negocios. Kilian nos mira a todos y suelta una risa seca, cargada de sarcasmo.

—Vaya qué escena tan conmovedora, Milos. Pero sigues oliendo a comida barata. Y tú, Melania, sigues teniendo pésimo gusto para la moda. ¿De dónde sacaste el vestido? ¿O se lo quitaste a una de las criadas? —Kilian suelta una risa sin humor. —No me sorprende por lo horrible que es, pero no te preocupes, te queda bien, encaja perfecto contigo.

Miro directamente a Kilian y, con una sonrisa medio forzada, me separo de Milos. —A mí también me alegra verte, Kilian. ¿Cómo estuvo el viaje en Corea del Sur? Escuché que en estas épocas está soleado por allá.

Kilian guardó su teléfono en el bolsillo con movimientos calculados, ignorando mi amabilidad. - Corea estuvo lleno de gente eficiente, algo que claramente te falta. —respondió Kilian, acercándose a uno de los sillones con paso arrogante. —Y si el sol estaba bien, pero lo mejor fue no tener que ver tu cara durante seis meses.

—Ya basta, Kilian —dijo Lol interviniendo sin levantar la voz, pero con autoridad que hizo el ambiente más pesado.

Milos, que ya estaba buscando un lugar donde sentarse, soltó una carcajada mientras le daba una palmada sonora en la espalda a Kilian, quien se tensó al instante. —¡Ay, déjalo, Lol! —dijo Milos con humor—. Kilian solo tiene hambre, igual yo. Mel, ni le hagas caso, estás guapísima, aunque este amargado diga lo contrario. —dice mientras me guiña un ojo con una sonrisa.

En ese momento, mi madre, que había estado observando todo con una sonrisa gentil, intervino. Se puso de pie y se acercó a nosotros. Se limitó a poner una mano sobre el hombro de Lol mientras nos mira a todos.

—Hijos, por favor. Estamos en casa, no en una junta de accionistas —dijo con una voz suave, pero que no aceptaba réplicas—. Kilian, cariño, modera tu lenguaje; un Fornsbys no actúa ni habla de esa manera. El atuendo de tu hermana es encantador; sé más caballeroso. El servicio está listo y no toleraré discusiones durante la cena.




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