Encuentro De Amor

Capítulo 11

Antes de que sucediera algo más, terminó de comer levantándome y agradeciendo por la comida. Miro a mi padre antes de salir del comedor, pero ni siquiera me mira... En realidad, nadie lo hace más que Milos, despidiéndose con la mano y una sonrisa débil, volviendo a su comida. Le dedico una sonrisa débil y salgo de casa caminando hacia el auto, donde está parado Eliot con esa sonrisa gentil de siempre, esperándome, abriendo la puerta para que entre.
—Buenos días, señorita Melania, se ve encantadora hoy. —Permítame ayudarla. —Eliot me ofrece su mano, la cual tomo, para ayudarme a entrar al auto. Cierra la puerta de manera suave, dando la vuelta para entrar también, encendiendo el auto y dirigiéndose a la escuela. En el trayecto, nota desde el retrovisor que estoy muy callada y desanimada; mirándome por unos segundos y volviendo la vista al camino, me dice con una voz profunda pero cortés, ajustando un poco el espejo retrovisor para verme mejor de nuevo y soltando un suspiro dramático: tosió antes de hablar.
—Señorita Melania, perdone mi atrevimiento, pero creo que los años finalmente me han alcanzado y me temo que ya no veo lo que tengo frente a mí, porque estoy buscando su sonrisa por todo el espejo y no logro encontrarla por ningún lado.
Cuando lo escucho decir eso, una sonrisa pequeña se forma en mi rostro involuntariamente. Y él continúa diciendo: —Quizás la dejamos olvidada en casa; si es así, no se preocupe, daremos la vuelta para regresar a buscarla porque un rostro tan bonito no debería cargar con tanto peso.
Una sonrisa más grande se asoma en mi rostro al volver a escucharlo, pero esta vez mirándolo. Eliot siempre sabe cómo hacerme sentir mejor cuando estoy triste o desanimada; eso me hace apreciarlo aún más. Es una de las pocas personas que me rodean que me hace sentir apreciada e importante tanto como lo hace Aidan.

Eliot me mira de nuevo por el espejo del retrovisor y sonríe de manera sincera y aliviada al verme por fin sonreír desde que empezó el viaje.

—¿Sabe? En esa casa todos están demasiado ocupados midiendo su poder, olvidando que el oro es frío y el poder es solitario. No deje que el invierno que ellos crean congele su primavera. Usted es la única en esa casa que aún tiene el valor de poder sentir, y aunque hoy eso pese como una carga, ese sentimiento es en realidad su mayor libertad.

—Los Fornsbys pueden ser dueños de la mansión, pero usted, señorita, es dueña de su propia vida... y allí, señorita Melania, nadie puede entrar sin su permiso.
Cuando Eliot termina de hablar, lo sigo mirando y unas lágrimas se forman en mis ojos, amenazando con desbordarse, pero rápidamente las reprimo y sonrío más grande, sintiéndome mucho mejor al escuchar sus palabras que siempre me reconfortan cuando mis días son malos, que son casi siempre.




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