Encuentro De Amor

Capítulo 12

Apreté las correas de mi mochila contra mi pecho y miro por la ventana sabiendo que tal vez Eliot tenga razón; no, en realidad él siempre la tiene. Sonrío todo el trayecto restante hacia la escuela mientras Eliot me mira de vez en cuando por el retrovisor y sonríe también cada vez que me sigue viendo sonreír. Cuando llegamos, él se estaciona y se baja para ayudarme a bajar también abriéndome la puerta; ya le había dicho que podía hacerlo sola, pero siempre insiste en hacerlo él. Cuando él entra al auto de nuevo, le sonrío y me despido de él con la mano. Eliot hace lo mismo con una sonrisa y parte de regreso a casa; me quedo un momento parada, viendo cómo el auto se aleja hasta perderlo de vista y, aun sonriendo, me dirijo a mi primera clase del día. Camino por los pasillos con buen humor, a pesar de que inicié mal el día, pero Eliot mejorándolo al instante. (Le llevaré algo a Eliot más tarde; tal vez le compre algo de comer o algo que él pueda usar todos los días… Mmm, bueno, ya lo pensaré al rato), pienso con una sonrisa, casi dando saltitos mientras me dirijo a mi destino. En eso siento una mano en el hombro que me saca de mis pensamientos. Me doy la vuelta y me doy cuenta de que era Aidan; se miraba de buen humor también y con esa sonrisa tan deslumbrante que siempre tiene, pero que también me calma aún más cuando la veo. Le sonrío con un leve rubor en las mejillas. —Buenos días, Aidan, me alegra verte. Justamente cuando desperté hoy en la mañana, pensé en ti. Lo miro mientras mi corazón se siente extrañamente rápido cada que lo veo. Aidan soltó una risa baja, de esas que vibran en el pecho y se sienten en la boca del estómago. No apartó su mano de mi hombro; al contrario, deslizó sus dedos lentamente hacia mi nuca, rozando apenas mi piel con una calidez que me hizo contener el aliento por un momento. —¿Pensaste en mí nada más despertar? Repitió, bajando la voz mientras se inclina hacia mí, lo suficiente para que su aroma a aire fresco y seguridad me envolviera. —Cuidado, Mel, que podrías hacer que me acostumbre a tus confesiones… y no creo que estés lista para lo que te confesaría si te dijera qué es lo que yo estaba pensando al despertar. Se separó de mí tan solo unos centímetros, sosteniendo nuestras miradas con esos ojos color miel que siempre parecían leer mis pensamientos. Su sonrisa se volvió más ladeada y traviesa. —Pero te perdono el atrevimiento solo porque el rubor en tus mejillas es mi vista favorita de la mañana. —Aunque... Hace una pausa intencional mirando mi rostro detenidamente, recorriéndolo con la mirada, que me hizo estremecer. —Noto algo diferente. Esa no es la sonrisa que pones cuando estás conmigo; es más… ligera. Alguien más te estuvo haciendo sonreír esta mañana y me han entrado unos celos terribles de no haber sido yo el primero en hacerte sonreír. ¿Quién ha sido el afortunado que se me adelantó? Me quedé sin palabras en ese momento y, antes de que pudiera decir algo, Aidan se aleja, rozando mi mejilla con sus dedos. suavemente por un momento, dejando mi piel ardiendo por su suave toque, haciendo que me ruborice aún más. —Ve a clases, mi querida Mel, no quiero que el profesor me culpe por tus distracciones. Dijo guiñándome antes de darse media vuelta para irse.

—Te veo en el almuerzo, para recuperar cada minuto que pasaste en pensar en mí.




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