Encuentro De Amor

Capítulo 14

Precisamente la campana que anuncia el inicio del primer periodo suena por todo el pasillo, lo cual hace que Arlet me dedique una última sonrisa pequeña pero sincera y se siente en su respectivo lugar, sacando su propio cuaderno y abriéndolo en su pupitre. Durante el periodo, el profesor Logán comenzó a trazar mapas en la pizarra, pero el sonido de la tiza chocando contra el pizarrón se volvió un eco lejano. Miré el papel blanco de mi cuaderno, no para anotar algo de lo que estuviera diciendo sobre las capitales o los relieves, sino para dejar que mi mano se moviera sola por el papel.

Miré por un momento a Arlet, que escribía a toda prisa a mi lado mientras fruncía el ceño en máxima concentración, que rara vez veo en ella. Miro de nuevo mi pupitre, observando cómo un rayo de sol que entra por la ventana se posó en mi cuaderno iluminando una parte de él. Tomé mi lápiz y en una esquina de la hoja, empecé a escribir casi sin pensar las palabras que Eliot me había dicho en el auto.

"Oro frío..." escribí con letra pequeña y cursiva. "El invierno de ellos..." puse en una línea por debajo del primero, mientras dibujo un garabato de una hoja cayendo de un árbol seco al lado de lo que escribí.

Me detuve un momento, mordiendo mi lápiz. Pienso en las palabras de Eliot un poco más, sintiéndolas como un escudo que me protege de mi realidad; las repito en mi cabeza una y otra vez como un mantra: "dueña de mi propia vida".

Dejé que el silencio de la clase me envolviera por primera vez en el día; la presión que sentía en el pecho disminuyó. No era felicidad, era una calma silenciosa, una tregua con la vida al menos por un momento. Cerré los ojos un segundo y por un momento imaginé mi vida donde nadie podría entrar sin mi permiso. Ni mi padre, ni Kilian, ni la frialdad de Lol.

Salgo de mi imaginación cuando escucho la campana sonar y pestañeo cuando veo al profesor Logán salir del salón. Estuve tan metida en mis pensamientos que ya habían pasado cuarenta y cinco minutos en unos minutos para mí, suspirando; cierro mi cuaderno, aliviada de que mi primera clase haya terminado: qué bien, solo faltan tres clases para que llegue el receso, digo, mirando a Arlet, que estaba aguardando su cuaderno y sacando otro de manera concentrada, y pienso: (Hoy está un poco rara, nunca se toma las clases en serio, ¿qué le pasará?) Después de eso pasó clase tras clase divagando en mis pensamientos, esperando y mirando el reloj en una de las paredes del salón cada cinco minutos, hasta que llega el receso, por fin, pegando un suspiro de alivio.

Salí del salón estirando los brazos un poco, sintiendo cómo mis músculos se relajaban por toda la tensión que sentí durante las clases. Arlet caminaba a mi lado todavía un poco callada, cargando sus libros contra el pecho. Al doblar la esquina hacia la cafetería, vimos a Indivar sentada en una de las mesas mirando su teléfono con esa expresión seria que siempre tiene, pero que la caracteriza. En cuanto nos vio, guardó el móvil y nos dedicó una pequeña sonrisa.

—Sobrevivieron. Dijo Indivar a modo de saludo, haciendo espacio en la mesa para que nos uniésemos a ella.




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