Encuentro De Amor

Capítulo 17

Caminé hacia el jardín dejando atrás la preocupación de Arlet y, frente a mí, bajo la sombra del gran árbol del jardín, estaba sentado Aidan, mirándome con esa sonrisa relajada y alegre que tiene desde que somos niños. Sentí como el mundo real se desvanecía en cuanto lo vi; mi corazón estaba latiendo tan rápido que sentí como si me fuera a explotar, ¿y cómo no? Sí tenía en frente al chico que más amo en este mundo lleno de personas frías y tibias... cuando él es el sol que mantiene mi primavera.

Me detuve frente a él, un poco agitada por la emoción que contuve todo el día por volver a verlo. Aidan se pone de pie y camina hacia mí, envolviéndome con su mirada como una manta cálida en medio de un invierno helado. En ese preciso momento entendí lo que quiso decir Eliot; él tenía razón, mi familia no enfriará mi primavera mientras Aidan esté aquí para ser mi sol.

Aidan me atrae hacia él con delicadeza, como si estuviera tocando algo tan frágil como las alas de una mariposa; con ese toque gentil que solo usa conmigo, se quedó mirando mis labios por unos segundos que fueron eternos y, en lugar de un beso, apoyó su frente contra la mía. Fue un gesto más íntimo... más nuestro que un simple beso, un intercambio de silencios que me hizo cerrar los ojos. En ese momento, bajo la sombra de ese árbol, me sentí fuerte. Mientras el sonido exterior se convertía en ecos lejanos, las voces de los demás estudiantes, el sonido de las aves cantar, todo se escuchó lejano. Mientras escuchaba, el único sonido que sí importaba entre nosotros, era el de nuestros corazones latir al mismo tiempo como si quisieran fusionarse con la misma intensidad con la que nos amamos.

—Te ves radiante, Mel, no podía esperar la hora de poder tenerte entre mis brazos de esta forma, y decirte lo mucho que te amo e importas para mí. Dice mientras rodea mi mejilla con sus dedos y la otra se queda alrededor de mi cintura. Su tacto no era como el de los demás, sino como una sensación de plenitud, como si su piel estuviera hecha de luz pura... creada solo para mí.

—¿Qué trajiste para almorzar? Me dice, rompiendo la tensión del momento con una sonrisa traviesa, sin alejarse ni un centímetro o milímetro de mí. —Espero que sea algo dulce porque tengo la intención de que este sea el rato más dulce de tu día, mi querida Mel.

Solté una risita, sintiendo cómo la tensión de mi casa y de las clases se desvanecía por completo ante su cercanía. Aidan se alejó para darme espacio, lo suficiente para sacar mi almuerzo mientras se lo enseño: traje un soufflé dulce de arándanos, como te gusta, y un par de sándwiches que logré rescatar antes que Milos los viera. Le dije mientras le ofrecía el soufflé. Él lo aceptó y lo dejé en un platito cerca de él; sus ojos no se apartaron de mí ni un segundo y me dice. —Te siento pensativa, dime, ¿pasó algo con alguna de tus amigas?

Miro a Aidan un poco sorprendida; no esperaba que se diera cuenta de que estaba pensando en Arlet. Suspiro un poco y me siento cerca de él, lo suficiente para que me escuchara: Hay... algo que me ha estado dando vueltas en la cabeza... Se trata de Arlet.

Aidan arquea una ceja y me mira interesado mientras se acomoda más cerca de mí, acortando más la distancia para escucharme mejor, mientras continúo hablando: Es Arlet, hoy estuvo diferente... más concentrada de lo normal; no digo que esté mal, pero... es complicado...




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