Abrí los ojos una vez más suspirando pesadamente, levantándome mientras me sacudo un poco quitándome césped de la ropa, Aidan hace lo mismo y me mira con una sonrisa reconfortante de esas que me asegura que, aunque la campana suene, la paz que encuentro bajo este árbol no se ira ninguna parte. Aidan se acerca a mí, lo suficiente para besarnos, pero no lo hace en lugar de eso me da un toquecito tierno, travieso y juguetón en la punta de la nariz con su dedo.
Antes que pudiera reaccionar o decir algo, me da un último apretón en la mano de forma cariñosa mientras me suelta y comienza a caminar en dirección contraria despidiéndose de forma casual.
-te veo luego mi querida Mel, hasta entonces no me extrañes demasiado...
Aidan me guiña y se voltea siguiendo su camino sin mirar atrás quedándome sola, siento una agitación en el pecho al verlo marchar, caminé de regreso hacia el edificio principal con pasos ligeros y energía renovada para otro periodo de clases, pero sin la tensión de la mañana. El sonido del alboroto en los pasillos que antes me aturdía ahora era un eco lejano sin importancia, mientras tarareaba una melodía con buen humor dirigiéndome a mi salón. Pensando aún en la primavera que Aidan me prometió, esa sensación que me hacía vibrar el corazón como un cosquilleo de emoción que no me dejaba parar de sonreír.
Entré al salón y a la distancia pude ver a Arlet concentrada desde ya en los libros de la clase que tocaba; la vista de Arlet esforzándose tanto me hizo doler el pecho y cerrar los puños con fuerza para contener mis emociones que se volvieron un remolino. Respiro hondo para después soltar el aire y acercarme con calma al pupitre de Arlet. Cada paso lo sentía como si la tierra me quisiera tragar, cada uno más pesado y difícil que el otro.
Me paro justo delante de ella. Arlet ni siquiera notó mi presencia; Estaba tan concentrada en sus apuntes y resaltando párrafos con un resaltador que parecía que el resto del mundo había desaparecido. Verla así, intentando ser alguien más solo para que yo confiara en ella, terminó de romperme.
—Arlet... Le susurré. Ella dio un pequeño brinco en su asiento levantando la vista para verme. Al ver mi rostro, su expresión se transformó instantáneamente en preocupación. Soltó el marcador y se puso de pie casi de un salto.
—¡Mel! ¿Qué pasa? ¿Estás bien? Sus manos tomaron las mías. No le respondo, simplemente me lanzo hacia ella abrazándola, escondiendo mi rostro en su hombro. Sentí cómo Arlet se tensa por la sorpresa y preocupación, me devuelve el abrazo como si intentara protegerme de todo, con esa fuerza cálida que solo ella tiene.
Sentí que ella dejo de respirar por un momento.