Encuentro Inesperado

Capitulo 21

Hugo
No podía creer lo que estaba pasando. Había venido mentalizado para hablar, para explicar, incluso para rogar si era necesario, para que me escuchara, para que me diera una oportunidad. Pero un beso, eso nunca cruzó por mi cabeza, nisiquiera teniendo sus labios contra los mios.

Aún así, no tardé en corresponderle. La besé con la misma desesperación que ella, con ese deseo que había estado guardado durante tanto tiempo, como si estuviese sediento y sus labios fuesen la unica fuente de hidratacion en un desierto, la besé como si no hubiese un mañana.

Toda mi cordura habia desaparecido, ya nada mas existia, solo ella. Con una desesperación palpable, nos separamos para tomar aire, pero no dijimos ni una sola palabra. Por el contrario, nos unimos nuevamente con más ganas. Ariadna sujetaba con fuerza mi saco, centrando toda su fuerza en el, mientras yo hacía lo mismo con sus caderas, me aferre a ella, atrayéndola más hacia mí. Sin embargo, antes de que la calentura fuese mayor, nos separamos.

Ariadna

Nos separamos, y el silencio volvió a inundar la habitación. Hugo no dejaba de detallarme, sus ojos recorriendo mi rostro como si estuviera memorizando cada rasgo. Me sentí vulnerable, pero a la vez, amada.

Fui yo quien rompió el silencio, mi voz aún era un susurro. — Mi madre y mi hermano están afuera— . Sus ojos me miraron, comprendiendo. — Estoy un poco más calmada, pero todavía necesito pensar. Lo mejor es que te vayas y nos veamos luego.

Su rostro se ensombreció de decepción, pero no me presionó. Sabía que tenía que respetar mi espacio. Asintió con la cabeza, aceptando mi decisión. Se acercó a mí, me tomó el rostro entre sus manos y me dio un último beso, un beso que era a la vez una despedida y una promesa.

La noche se me pasó en vela. Mi mente no me dio tregua, dándole mil y una vueltas a la situación. No sabía por qué había besado a Hugo. Había sido un impulso, una explosión de emociones que había reprimido durante tanto tiempo. Ahora, el miedo se había instalado en mí, un miedo a lo que fuese a pasar después.

Con esos pensamientos, llegó la mañana. Me despedí de mi madre, que no podía ocultar su preocupación. — No quiero dejarte sola—, me dijo, pero la convencí de que estaría bien. Una vez que se fueron, me sentí en un vacío. El miedo aún estaba allí, pero también había algo más: una necesidad, una urgencia de ver a Hugo, de enfrentarlo.

Le escribí a Clara, sin darle muchas explicaciones. — Necesito que me des el nombre del hotel en el que se quedan Hugo y Gael, y el número de la habitación de Hugo—. Clara, que me conocía como la palma de su mano, no me preguntó nada. Solo me envió la información.
Con el corazón latiéndome con fuerza, llegué al hotel.

Hugo

No habia logrado dormir, no podia dejar de pensar en todas las cosas que habian pasado. Solo me sente en el balcon de la habitacion del hotel a analizar los acontecimientos, realmente me sorprendia en quien me habia convertido, hasta hace un año nunca me habria imaginado en esta situacion, asi de perdidamente enamorado. Gael habia tenido razon desde el principio, estaba enamorado de Ariadna, pero como no estarlo, era perfecta, sin importar lo diferentes que fueramos, porque en todo este tiempo habiamos encontrado en silencio, la forma de complementarnos. Aunque ella no pensara lo mismo.

Aunque tampoco sabia lo que ella pensaba realmente, pues sus palabras y sus acciones me habian dejado bastante confuso. No podia dejar de pensar en ese beso, en sus labios suaves contra los mios, su aliento fundiendose con el mio, nuestros corazones latiendo freneticamente.

Pasado el amanecer, me di un baño, me coloque el pijama y me recoste en la cama, logre dormir un poco. No sabia cuanto tiempo habia pasado, solo me desperto el sonido de la puerta cuando la tocaron, asi que me levante de la cama adormilado, y fui a abrir, esperando encontrar a Gael. Pero no era mi amigo, era Ariadna, con el cabello suelto, en sus ojos un acumulo de emociones que no pude descifrar. Me quedé impactado, incapaz de articular palabra, hasta que ella, sin darme tiempo para reaccionar, me besó.

El beso fue distinto al de anoche, este estaba mas cargado de urgencia, de una desesperación que se había estado reprimiendo por mucho tiempo. La besé con la misma intensidad, con el mismo deseo, en el que nuestras lenguas danzaban a la par. La sorpresa se apodero de mi, cuando las manos de Ariadna se fueron a mi playera, quitándomela con prisa, asi que yo hice lo mismo con su blusa, detallando su piel, su hermosa figura mientras ella se deshacia del pantalon. Trague grueso al verla asi, en ropa interior, sus pupilas dilatadas, sus mejillas encendidas y sus labios hinchados por los besos, era real, estaba alli y no la dejaria escapar.

Me acerque tomandola de la cintura y levantandola hasta mi altura, obligandola a enrredar sus piernas en mi cintura. Entre tropiezos, llegamos a la cama, donde la deje con suavidad, para despojarme del pantalon de mi pijama. Volvi a besarla, acariciando cada parte de su cuerpo, sintiendo su piel erizarse. Antes de terminar de desnudarla, la mire una vez mas, asegurandome de que era real.

Ariadna

Me encontraba desnuda en la cama de Hugo cuando él, en un gesto de ternura, se alejó un poco. Su mirada, una mezcla de pasión y confusión, me hizo darme cuenta de que necesitábamos hablar.

— No me quejo de lo que pasó—, me dijo, su voz ronca por el deseo. — Estoy muy feliz, pero necesito que me expliques qué está pasando. Estoy confundido.

— Hugo, no estoy lista para una relación—, le confesé, el miedo regresando a mi garganta. — Estoy aterrada por lo que siento por ti, pues jamás había sentido algo así por nadie. Nunca me había sentido tan cómoda, tan libre, tan comprendida como contigo—. Hice una pausa, las palabras saliendo a borbotones. — Pero tengo miedo de salir lastimada.




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