-Tal vez deberíamos ir por un helado-
-Claro que quieres uno,estamos en un pueblo mágico bajo el sol y tienes esa cobija gris cubriéndote-
-Zoe camina o te quedarás atrás-
“Tirada en su habitación,solo se sentía el frío entrando por su ventana desconcertada por el extraño sueño que había tenido”
-Los sueños suelen ser muy raros de vez en cuando,Lo más extraño no había sido el derrumbe de aquella hacienda abandonada, sino lo que vio después. A través de un marco de ventana roto, el ruido de una multitud. Era el Zócalo de la Ciudad de México. Bajo un sol abrasador que nada tenía que ver con la nieve de su casa, una chica de pelo morado y chaqueta roja caminaba entre la gente, ajena a todo. Entonces, un cuervo negro se había lanzado en picada hacia ella, y Zoe despertó.
Se quedó inmóvil, tirada en el suelo de su habitación. El frío de Canadá se filtraba por las ventanas, recordándole que seguía siendo ella, una estudiante de veinticinco años con el turno de la tarde esperándola en la cafetería.
Se sentó y se pasó las manos por la cara, tratando de borrar la imagen de la chica en su sueño.
—Solo fue un sueño —se dijo en voz alta
Se obligó a levantarse. Tenía que preparar cafés, tenía que seguir siendo Zoé.
-Siempre supe que era hija de de hécate, aunque me pregunto qué importante misión tenía para mi,no creo que me diera poderes solo para sacar luz de la palma de mi mano cierto? Pero por ahora solo queda seguir-
-No puedo dejar de pensar en ese sueño,quiero decir ¿pueblo mágico? ¿El zócalo de la CDMX? ¿Y quien rayos se supone que es esa chica?
El ruido de la máquina de expresso, el aroma a café tostado y el ir y venir de gente apresurada ayudaban a que el sueño se sintiera como un recuerdo lejano.
Pero entonces, la puerta se abrió.
Una ráfaga de aire helado entró por la cafetería y con ella, una chica con una chaqueta roja brillante. Zoe sintió que el mundo se detenía. Sus dedos se clavaron en el trapo con el que limpiaba. Sus ojos escanearon desesperados el cabello de la recién llegada: buscaba el tono morado, la señal, el desastre del sueño.
Pero no. El cabello de la chica era castaño,Pidió un café americano y ni siquiera miró a Zoe al pagar.
Zoe exhaló, sintiéndose tonta. Sus manos temblaban ligeramente.
—Oye, Zoe —la voz de Matthew, su jefe, la sacó de su trance. Él le dedicó una sonrisa cargada de ironía mientras limpiaba una taza—. Si sigues mirando a los clientes como si se fueran a robar las servilletas, vamos a tener que regalarles el café. ¿Relájate si?
Zoe intentó forzar una carcajada, pero le salió seca.
—Lo siento, Matthew. Solo... no dormí bien.
Volvió a sus tareas, tratando de ignorar el zumbido que empezaba a crecer en sus oídos. El ruido de la gente en la cafetería parecía volverse lejano, como si estuviera bajo el agua. De repente, un susurro le cortó la respiración:
«Tienes que ir...»
Zoe giró bruscamente hacia el hombre que estaba justo frente de ella, esperando su pedido. Sus ojos estaban abiertos de par en par
—¿A dónde? —soltó ella, casi como un grito.
El hombre, un ejecutivo que miraba su reloj con impaciencia, dio un paso atrás, visiblemente confundido. Frunció el ceño y miró a Zoe con una mezcla de lástima y desconcierto.
—¿Disculpa? Solo quiero mi café con leche señorita. ¿Se encuentra bien?
Zoe parpadeó. La cafetería volvió a la normalidad: el ruido de la máquina, las charlas, el tráfico afuera. El hombre la miró una vez más, sacudió la cabeza y se alejó hacia el otro extremo de la barra, murmurando algo sobre "empleados extraños".
Zoe se quedó sola frente a la máquina de expresso, con el corazón golpeando su pecho.
En la ventana de afuera de la cafetería solo se veía un cuervo que parece no quitarle la mirada de encima.
—Solo es estrés —susurró para sí misma, intentando ignorar las miradas de los clientes cercanos.
> Se levantó para salir, pero sus pies se enredaron con la pata de una silla, haciendo que casi chocara contra la puerta de cristal. Se estabilizó justo a tiempo, maldiciendo su torpeza. El cuervo simplemente giraba la cabeza, siguiéndola con una inteligencia inquietante. Un escalofrío le recorrió la espalda. Ese cuervo no era natural, y era la misma señal que había visto en su sueño.
> Miró su celular: una foto que había buscado obsesivamente de la Ciudad de México,sin saber que era el objetivo de algo que no pertenecía a este plano. El cuervo soltó un graznido seco y levantó el vuelo, alejándose hacia el sur.
Intenta pasar un día normal, pero las señales del mundo mágico se vuelven cada vez más agresivas.
> Zoe estaba en su cocina, intentando convencerse de que el cuervo del café había sido una alucinación por falta de sueño. Se sirvió un vaso de agua, pero justo cuando iba a beber, el vidrio se congelo instantáneamente en su mano, formando patrones que imitaban runas. Soltó el vaso, el cual estalló al chocar contra el suelo en mil pedazos.
> —¡Ya basta! —gritó al vacío
No estaba sola. En el marco de la ventana, el cuervo la observaba con una calma gélida, mientras al fondo, en la pantalla de su computadora que seguía encendida, aparecía una pagina sobre vuelos directos a la Ciudad de México . El zumbido constante en su cabeza, esa llamada que sentía desde el sueño con esa chica, se volvió insoportable. No era solo miedo; era una urgencia, como si una parte de su alma estuviera llamándola desde el sur.
> Zoe se apoyó contra la barra de la cocina respirando con dificultad. Sus manos seguían temblando. Miró su maleta a medio hacer en la esquina de la habitación y luego al ave.
> —¿Es esto, no? —preguntó, sintiendo lo estúpido que sonaba hablar con un animal—. ¿Si voy allá, esto se detendrá?
El cuervo solo la miro esperando.
Con un suspiro cargado de frustración y derrota, Zoe tomó su pasaporte. La vida "normal" de Zoe Landry Carmona acababa de terminar.