La Ciudad de México no vive tranquila, o al menos no lo hace como Canadá.
Minji caminaba feliz por las calles de madero, A sus diecinueve años, Minatosaki Park Minji había aprendido que el mundo era un lugar donde la gente desaparecía sin importar nada.
Su padre, un espectro japonés que apenas recordaba; su madre, una luz coreana apagada demasiado pronto por el feminicidio, con la sangre de Lilith hirviendo en sus venas, a veces soñaba con castigar a los responsables.
Su abuela, una mujer de manos callosas y sabiduría antigua.
Para todos los vecinos, Minji era solo la chica bonita y algo distraída de la esquina, la "nieta" que ayudaba a cuidar el negocio. Pero cuando Minji cerraba los ojos, no veía el tráfico ni la gente; veía sombras
que la acompañaban desde niña, una herencia de su linaje que prefería mantener bajo llave.
Mientras, a miles de metros de altura, un avión cruzaba las nubes trayendo a una mujer que no conocía, pero que compartía con ella un destino escrito.
Minji no lo sabía, pero el cuervo que había vigilado a Zoe en el norte ya estaba posado en un cable de luz, observándola a ella también. La tranquilidad de sus días estaba a punto de fracturarse.
Zoe ya en la ciudad no tenía tiempo para descansar,todo lo que le había pasado en Canadá,necesitaba que se detuviera de una vez por todas.
Con los poderes que le fueron otorgados se transformó en un perro negro,caminando entre la multitud y el calor intenso del sol un contraste brutal con el invierno de canada.
Zoe,luchando con su propia torpeza para no tropezar con sus cuatro patas de perro mientras recorría las calles finalmente la ubico.
Minji estaba sentada en una banca, disfrutando de un helado, con sus audífonos puestos y ajena a todo.
Zoe se detuvo frente a ella. Estaba tan cansada que el proceso de volver a su forma humana fue desastroso: un parpadeo de luz, un sonido de ¡pop! extraño, y de repente, una mujer apareció sentada en el suelo, justo al lado de las piernas de Minji, despeinada y con la ropa algo ajustada por la transformación.
Minji dio un salto, casi tirando su helado, y se arrancó los audífonos, mirando a la mujer que acababa de "materializarse" de la nada junto a sus piernas.
—¡¿Qué demonios?! —exclamó Minji, dando un brinco hacia atrás—. ¿De dónde saliste? ¿Eres una de esas artistas callejeras de magia barata?
Zoe, que aún estaba intentando recuperar el aliento y la dignidad, levantó una mano, todavía en el suelo. Se ajustó el cabello, intentando parecer lo más seria posible a pesar de estar sentada en el piso.
—Escucha, no tengo tiempo para explicarte, así que solo escúchame —dijo Zoe, señalándola con el dedo
—Apareciste en mis sueños y desde que los hiciste mi vida no ha parado de ponerse cada vez más rara. Así que, por favor, dime quién eres y por qué el universo insiste en que te busque–
Minji la miró como si hubiera perdido la cabeza, alternando la vista entre la extraña mujer y el parque, esperando que alguien más se riera de la broma.
—¿Quién soy yo? —respondió Minji, indignada y con una ceja levantada —. ¡La pregunta es quién eres tú, loca! ¿Qué clase de psicópata sueña con desconocidas y luego las persigue por todo el mundo ¡Ni siquiera te conozco! Y si piensas decirme que vienes de una escuela veterinaria y quieres donación déjame decirte que no tengo dinero.
Mientras Zoe se limpiaba el polvo de su ropa,Minji sacaba serpientes negras de las mangas de su camisa listas para atacar .
Todo parecía indicar una pelea entre ellas.
Minji se sentía amenazada una extraña llegaba de la nada a pedirle respuestas, Zoe pensaba que tal vez la chica era una amenaza para el mundo y tenía que acabar con ella.
Se sentía una tensión muy fuerte y el aire empezaba a sentirte con más fuerza,cuando una parvada de cuervos se iba formando poco a poco sobre las 2 chicas.
De la nada aparecieron en la sala de un museo rodeadas de figuras antiguas.
Zoe estaba de pie, intentando recuperar un poco de esa compostura que siempre intentaba mantener, aunque sus manos aún temblaban ligeramente.
Minji, por su parte, seguía en posición de alerta. Las serpientes en sus brazos se habían retraído, pero sus ojos seguían recorriendo cada rincón del museo, buscando una salida o una amenaza.
De repente, el cuervo de plumaje oscuro como el carbón aterrizó con elegancia sobre el borde de una vitrina de cristal. No graznó; simplemente las miró con una inteligencia impropia de un ave. En un parpadeo, la sombra alrededor del cuervo se expandió, envolviéndolo en una neblina negra que se compactó hasta revelar a una joven de cabello oscuro y rizado, vestida con una elegancia gótica.
La recién llegada las observó por un instante, con una calma que contrastaba fuertemente con la confusión de Zoe y la tensión defensiva de Minji.
—Hola —dijo la joven, con voz suave pero firme—. Me llamo Francia.
Zoe se quedó paralizada. Su mente, que intentaba analizar la situación desde una perspectiva lógica, simplemente se bloqueó. Minji, sin embargo, soltó una carcajada sarcástica, cruzándose de brazos y dejando que una de sus serpientes asomara brevemente la cabeza por su hombro.
—Claro, ¿por qué no? —dijo Minji con una sonrisa de ironía—. Aparece la chica del perro mágico —señaló a Zoe—, y ahora tenemos a la chica que se transforma en pájaro. Solo falta que me digas que tu apellido es "Europa" o algo así. ¿Es en serio? ¿Francia? ¿Tus padres tenían un mapa en la mano cuando naciste?
Francia ni siquiera parpadeó ante el sarcasmo, manteniendo su mirada fija en ellas, como si estuviera evaluando si las dos "novatas" eran capaces de entender la magnitud de lo que estaba a punto de suceder.
Francia dejó que el silencio se estirara, permitiendo que la ironía de Minji flotara en el aire del museo; su rostro tenía la serenidad de una estatua de mármol, pero había algo en sus ojos —una oscuridad profunda, — que hizo que incluso la serpiente de Minji se retrajera, sintiendo un instinto de respeto que nunca habían mostrado.