Minji se detuvo ante la puerta de madera, la cual crujió al abrirse. Antes de que Francia o Zoe pudieran dar un paso al interior, Minji se giró, con una expresión seria pero dulce.
—Por favor —dijo suavemente, señalando la entrada—, los zapatos afuera. Si vamos a hablar de lo que está por venir, lo haremos al estilo de casa.
Zoe y Francia intercambiaron una mirada de genuina admiración. Al entrar observaron que la casa por dentro era una mezcla hermosa de culturas,toques japoneses y coreanos mezclados con toques de México.
La abuela de Minji, una mujer con la piel marcada por los años y una mirada llena de felicidad, les dio la bienvenida con una reverencia silenciosa. Les entregó unos cojines colocados sobre una alfombra.
Zoe, que siempre se sentía torpe en lugares ajenos, se movió con cuidado, agradecida por el calor del hogar.
Francia, a pesar de su aura gótica y distante, se sentó observando a la abuela con un respeto absoluto.
—Gracias, señora —dijo Francia, rompiendo el silencio—. Es poco común encontrar un lugar que honre tanto el pasado como este.
Minji se sentó cruzando las piernas y tomando una taza de té.
—Mi abuela me enseñó que no importa dónde estemos—dijo Minji, mirando a la mujer mayor con ojos brillantes—, lo que nos mantiene en pie son nuestras raíces. Ella hizo más por mis orígenes japoneses y coreanos que nadie más en este mundo.
La abuela de Minji solo sonrió, sirviendo a las otras chicas una taza de café acompañado de pan tradicional .
Zoe se sintió conmovida; en ese pequeño espacio, rodeada por el respeto de Minji hacia sus antepasados, sintió que por fin había encontrado un lugar donde la "extrañeza" de su situación no era un problema, sino un comienzo.
–Muy bien vayamos al grano Ustedes dos pueden sentirlo, aunque intenten ignorarlo. Ese zumbido bajo la piel. Ese poder que han estado intentando esconder toda su vida.
Zoe: (Se pone rígida, su voz baja a un susurro defensivo) ¿De qué estás hablando? ¿Qué sabes tú de...?
Francia: (La interrumpe con un movimiento de mano) Sé lo que son. Sé quiénes son. Y sé que el tiempo de ocultarse ha terminado. No las reuní por casualidad; las reuní porque el Creador ha dictado sentencia.
¿Sentencia? ¿Quién crees que eres?; Dijo Minji
Francia: –Dios ha decidido que el experimento humano ha fracasado. El final de los tiempos no será un juicio, será una purga. Y el plan para ejecutarla es simple: despertar al Leviatán.
Zoe: (Palidece, dejando la taza caer sobre el plato con un golpe seco) Eso es un mito. Una metáfora antigua…
Francia: (Se inclina hacia delante, y por un segundo, el aire de la habitación se vuelve denso) El Leviatán es el arma final. Y su despertar está programado para borrar cualquier rastro de nuestra existencia. Las cité porque, aunque sean desconocidas entre sí, sus linajes podrían retrasar el colapso... si es que deciden dejar de actuar como humanas y aceptan lo que realmente son.
El chirrido de la puerta de madera rompe el silencio. La abuela de Minji Entro
Minji: (Con la voz temblorosa, señalando a Francia) ¡Abuela! Dice que el mundo se acaba, que esa cosa... el Leviatán... va a despertar. ¿Es verdad? ¿Tú sabes algo de esto?
La abuela no mira a Francia. Camina lentamente hasta quedar frente a Zoe y Minji.
Abuela: (Sus ojos, se clavan en los de su nieta) Lo sé porque yo también fui como ustedes, Minji. Yo también tuve el fuego de lo divino corriendo por mis venas, antes de que el tiempo me consumiera.
Francia: (Con una sonrisa gélida) Entonces, explícales,abuela.
Abuela:Cuando era joven, el poder que tenía era un peso. En el grupo donde yo intentaba encajar, ser diferente era una sentencia. Todos se burlaban de mí por mi físico,mis gustos,mi lugar de origen,si hablaba sobre mis creencias solo provocaría más burla o incluso algo peor ... y por miedo, por esa estúpida necesidad de ser aceptada, mentí.
Zoe se queda helada, escuchando cada palabra. La abuela aprieta el mango de su bastón hasta que sus nudillos se tornaron blancos.
Abuela: Negué mis creencias. Rechacé al dios que me dio mi esencia frente a los que me hacían burla, solo para sentarme en su mesa y ser "una más". (Mira sus manos temblorosas) Fue el error más grande de mi existencia. En el momento en que traicioné quién era para complacer a los demás, sentí cómo el poder se evaporaba de mi interior. Él me quitó mi poder. Me dejó humana, frágil y sola, condenada a ver cómo el mundo seguía girando sin mi luz.
Mírenme bien. Soy el recordatorio viviente de lo que pasa cuando el miedo a la opinión ajena pesa más que tu propia naturaleza. Francia no es su enemiga por decirles esto; es su espejo. Mucho tiempo antes de que mi dios me quitara mi don pude ver la llegada del fin,aunque no se necesita tener un poder para saber que dios siempre planeo esto cierto?
Francia: Cuando el Leviatán se despierte,los seres vivos no serán más que montones de carne.
Abuela :El mundo va a terminar, pero la pregunta no es si el mundo sobrevive... la pregunta es si ustedes serán lo suficientemente valientes para aceptar que su legado es muy poderoso y juntas la humanidad tiene una chance de salvarse.
Francia: La abuela tiene razón. Mi papel no es ser su verdugo, sino ser su guía en este desastre. Pero el tiempo se acaba ya está empezando a moverse.
Minji: (Mirando a su abuela, luego a Francia, con una resolución nueva en los ojos) ¿Dónde? ¿Dónde va a romper la superficie?
Francia: El triangulo de las bermudas. Las corrientes ya están cambiando, el agua se está calentando sin razón aparente y el equilibrio está colapsando. Es allí donde el abismo se abrirá.
Zoe: (Se abraza a sí misma, sintiendo un escalofrío) ¿Y qué vamos a hacer exactamente? ¿Vamos a matar a contra una criatura antigua que ni siquiera podemos comprender?
Francia: (Niega con la cabeza lentamente) Lamentablemente ustedes no han desarrollado sus poderes al 100% ,no creo que seamos lo suficientemente fuertes para matarlo, ni tenemos la autoridad para domarlo. Eso sería una locura. Pero podemos intentar algo distinto: la contención. El Leviatán es una bestia que desde el principio de los tiempos ha estado en una prisión natural.Tal vez podamos sellar la grieta y forzarlo a volver a su letargo en el fondo del mar.