Enemiga de mi propia historia

Capítulo 3 – El primer encuentro

Habían pasado quince años desde aquella noche. La tensión entre las dos familias seguía creciendo, y el punto más importante de la pelea era el control del puerto de la ciudad. Por ahí pasaban casi todas las mercancías y el dinero, así que quien dominara ese lugar tendría más poder que nadie.

Valeria llegó al lugar acompañada de diez hombres armados. Al entrar se detuvo de golpe. Al otro lado del muelle, esperándola con la misma calma y firmeza, estaban Santiago, Alejandro y Tomás Arango, junto con su propio grupo de seguridad. El silencio se hizo de inmediato.

Santiago dio un paso al frente, con la mirada seria y la voz fuerte pero tranquila, para que todos lo escucharan:

—Este puerto y todo lo que entra por aquí nos pertenece desde hace muchos años. Es tierra de nuestra familia. Llévense a sus hombres y no tendremos problemas hoy.

Valeria no retrocedió ni un centímetro. Alzó la cabeza y respondió con la misma seguridad, sin mostrar miedo:

—Lo que fue suyo hace tiempo ya no lo es. Ahora está bajo el control de los Ortega. Si quieren seguir pasando por aquí, tendrán que llegar a un acuerdo o pasar primero por nosotros.

Entonces habló Tomás, con tono serio:

—Tienes mucho valor para ser tan joven. Pero el valor no cambia la historia ni las reglas que siempre han existido. No vengas a decirnos lo que debemos hacer en nuestro propio territorio.

Valeria lo miró fijamente y le contestó sin dudar:

—Las reglas cambian con el tiempo. Hoy las pongo yo aquí.

Mientras hablaban, Alejandro se quedó observándola con atención. Algo en la mirada y en los gestos de esa joven le resultaba extrañamente conocido, pero no sabía por qué. Se acercó un poco más y preguntó con curiosidad:

—¿Cómo te llamas? Nunca antes habíamos visto a nadie de tu familia al frente de este tipo de asuntos.

—Me llamo Valeria Ortega —respondió ella con firmeza—. Y no necesito dar más explicaciones de quién soy para defender lo que nos corresponde.

Santiago cruzó los brazos y habló de nuevo, con más calma pero sin bajar la guardia:

—Bien, Valeria Ortega. Entiende esto, no queremos pelear sin motivo, pero tampoco vamos a dejar que nos quiten lo que nos ha costado tanto trabajo mantener. Mejor hablemos como personas razonables antes de que esto termine mal para todos.

Valeria se quedó en silencio un momento, sintiendo en su pecho una sensación rara que no lograba entender. No le daba miedo, pero sentía como si algo dentro de ella quisiera reconocer a esos hombres, aunque su mente no recordaba nada. Finalmente respondió:

—Estoy de acuerdo en hablar, pero no voy a ceder ni un metro de terreno. Veremos si pueden entenderme o si prefieren seguir actuando como enemigos.



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En el texto hay: familia, drama, acción

Editado: 20.06.2026

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