Enemigos juntos hasta el altar

Capitulo 14

CHAPTER 14

Parque, diversión y sonrisas ”

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Tenía muchas ganas de divertirme en familia, así que antes de irme a dormir preparé una lista de actividades. Había estudiado muy bien las reseñas del parque y planeé que nos subiríamos a las tazas giratorias; sin embargo, mis padres y mis abuelos no estarían incluidos, pues no creían que tanta adrenalina fuera segura para ellos. Yo me subiría al "cañón" y también al tobogán; en realidad, pensaba subirme a todo: carritos chocones, trampolines, juegos de disparos y más. Al despertar, solo podía pensar en la salida. No me concentré en el desayuno, sino en la hora. En cuanto terminé de comer, fui a la piscina y me recosté en un sillón a ver una de mis telenovelas favoritas, Cautiva.

Me entretuve tanto que olvidé la hora, hasta que Esteban llegó a recordarme que ya era momento de irnos. Todos estaban en el coche listos. Me subí al asiento del conductor y Esteban se sentó a mi lado; se empeñó en guiarme, aunque le dije que no era necesario. Como es un testarudo, ignoró mis palabras. Manejé en silencio mientras él me daba las indicaciones. Al entrar a aquel precioso parque, vi a muchas personas salir con sonrisas radiantes. Compré entradas para todas las atracciones y un combo familiar que consistía en yogur, frituras, pastel de chocolate, helados y sándwiches.

Fue una tarde llena de alegría. En el parque había una fuente de los deseos, así que tiré algunas monedas y pedí los míos. Agendé la cita para el spa y seguí explorando. Mis abuelos conversaban tranquilos en un banco y mis padres disfrutaban de la comida. Fue un momento de paz muy necesario. Después de unas horas, volvimos a casa para prepararnos para el spa. La experiencia fue relajante: masajes "diez de diez" y un facial excelente. Nos recomendaron aceites y velas aromáticas que olían de maravilla. Al terminar, regresamos a casa para arreglarnos e ir al cine. Allí comenzó el debate, pues cada quien quería ver algo diferente: mis padres y abuelos eligieron un clásico antiguo; mi hermana y Esteban, una romántica; y yo, una de terror.

Pedí palomitas caramelizadas, gomitas agridulces, una Coca-Cola, una hamburguesa y dos sobres de M&M's. La película fue fantástica, aunque me asusté tanto que terminé abrazando al chico que estaba sentado a mi lado.

— —Tranquila, a cualquiera le puede pasar — Dijo él chico de forma muy comprensiva.

Durante mis días en Hawái, noté que las personas parecen más alegres que en Francia. No es que en mi país no sean agradables, sino que muchos están tan estresados por el trabajo que no se detienen a disfrutar de la sencillez de la vida. El día fue estupendo. Planeábamos volver en las próximas vacaciones de verano para quedarnos más tiempo. La más entusiasmada era Lionor; cuando volviéramos a Francia, ella y Esteban tendrían una relación a distancia y, con lo intensa que es ella, no le bastará con verlo a través de una pantalla. Pero estoy segura de que se las arreglarán para verse. Esteban se quedaría un poco más en la isla para resolver asuntos pendientes antes de seguirla. De repente, mi teléfono comenzó a sonar. Les pedí a los demás que se adelantaran al coche mientras yo contestaba.

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​—¡Hola, Melody! ¿Cómo has estado?—

—¡Saludos, Sharon! Estoy bien, quería avisarte que ya vamos de camino—

—¿Tú y quién más vendrán? —le pregunté, pues no me había avisado .—

—Olivia y su esposo me acompañarán—

—¡Excelente! ¿Podrían comprar algunas cosas para hacer una pequeña fiesta en casa?—

Le envié una lista con ingredientes para hacer pavo asado, lasaña, ensalada de frutas y champán. Le transferí el dinero y le escribí a Lionor para que distrajera a Esteban con el plan que habíamos tramado. Al llegar a casa, Lionor se llevó a Esteban a caminar. En cuanto los perdí de vista, Melody y los demás llegaron. Les conté a todos sobre la sorpresa y nos pusimos manos a la obra: mi madre hizo el pollo asado; mi padre, la ensalada rusa; mi abuelo, la de frutas; mi abuela preparó un flan y yo me encargué de la lasaña. Melody preparó jugos deliciosos, Olivia decoró la mesa y Lucas ayudó con la vajilla. Cuando todo estuvo listo, llamé a Lionor. Apagamos las luces y guardamos silencio. Escuché la puerta abrirse.

— ​—¿Por qué está tan oscuro? ¿Se habrán ido a dormir? —preguntó Esteban.

—Cariño, no te preocupes, entra —dijo mi hermana.

—Si tú lo dices—

​Él iba a encender la luz, pero ella lo detuvo:

—Cierra los ojos, te tengo una sorpresa—

———

Esa fue nuestra señal. Encendimos las velas y gritamos: ¡Sorpresa! Esteban quedó impactado al ver a su hermana. Corrió a abrazarla y nos agradeció profundamente. Cenamos con música de fondo; yo bailé con Lucas porque Olivia no tenía ganas, y Melody nos deleitó cantando (es una artista increíble). De la nada, mi madre propuso un brindis: —Brindo para que todos seamos felices y podamos superar los obstáculos de la vida.

La velada fue maravillosa. Los recién casados y Melody prometieron visitarnos en Francia. En este viaje no solo hicimos amigos, sino que mi hermana se llevaba el regalo de un novio increíble y una cuñada maravillosa. Al final, limpiamos todo e invité a Lucas y Olivia a pasar la noche con nosotros. Nos despedimos y fuimos a empacar, pues mañana temprano saldría nuestro vuelo. Sé que para Lionor es doloroso, pero la calma el saber que se volverán a ver. Es como si nosotros estuviéramos en Washington D.C. y ellos en Chicago; la distancia es grande, pero no imposible.​ Nos dimos un último abrazo grupal y cada quien se retiró a su habitación para descansar antes del gran viaje de regreso.




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