ABRIL.
Adriana me mira con ojos bien abiertos. Como si quisiera golpearme en este momento.
Creí que... si le entregaba mi teléfono para que viera que no tengo contacto con Salvador me creería. Volteo discretamente a la ventana donde ella lo había arrojado.
—No te perdonaré nunca.
¿Por qué no entiende razones? Aunque siendo sincera ¿Por qué lo haría?
Salvador la cegó por completo y es su culpa que ella busque pelear conmigo.
—Salvador está mintiéndote— Repetí nuevamente
¿Acaso no he sido buena amiga? Nunca la he traicionado de esta forma y jamás se me ocurriría hacerlo.
Adriana vuelve a su tocador agarrando su teléfono y empieza a teclearlo.
—Sigues con eso. Después de que... —Hizo una pausa mirándome a los ojos, su mirar es cristalino— ¡¿ACASO ME VAS A DECIR QUE NO ERES TU LA DE LA FOTO?! ¡¡TU MIENTES!!
Me mostró su teléfono. Yo se lo arrebate para ver la foto con claridad. Mi mandíbula se contrajo y mis manos empezaron a temblar.
Soy yo y salvador basándonos en el césped. El mismo momento en el que me robó el beso sin mi consentimiento. Estaba reposteado en la cuenta Twitter de Salvador.
Maldito.
—No tienes más argumentos ¿Verdad? Dime por qué...
Antes de que siguiera rompí el teléfono contra la pared que estaba al lado. Lo golpeaba frenéticamente hasta que sentí como machuqué mi dedo por accidente.
—¡¡Détente!!
Cubrió su boca y yo apreté los labios por la impotencia. No me va a creer de todas formas.
Mierda.
Todavía peor que la enemistad de Salvador me siga perjudicando. Adriana por lo visto no me va a creer y...
Me recargue en la pared de la habitación. Ella me mira con ojos bien abiertos, pero ya no parece ira realmente lo que hay en sus ojos. Sus mejillas rojas me dicen que contiene las ganas de llorar.
—Dime algo Adriana— Hacía tiempo no la llamaba por su nombre completo- ¿Perdonaras a Salvador si se llega a disculpar? ¿Si... llegará a "dejarme"?
Puse mis manos tras mi espalda y apreté con fuerza los puños, tanto que empezó a arder mi palma. Adriana se sonó la nariz y desvió la mirada a aquella ventana.
¿Estará pensando en Salvador?
Es obvio que sí, Adriana nunca me ha valorado tanto como yo.
—No sé ni porqué preguntas eso— Su voz es temblorosa— Tú me traicionaste ¡¿Cómo se supone que vuelva a confiar en ti?!
Trague en seco. Esa no debería ser la respuesta correcta.
Salvador también la traicionó.
—¿Volverás a confiar en Salvador? —Cuestione sintiendo aún más impotencia. Seguía con los puños contraídos.
Y entonces sentí una gota derramarse entre mis dedos. Solté los puños intentando calmarme.
—Pues sí. Porque tú lo sedujiste para empezar. ¡Si se disculpa es porque se arrepiente de haberme dejado! Sin embargo. Tu. ¡TU LO DICES PORQUE TEMES QUEDARSE SOLA!!
Mi vista se hizo borrosa de la nada.
¿Yo... la quiero mucho y ella me dice esto?
¿Por qué?
¿Qué hice mal?
Mientras más lo pienso, más ridículo se vuelve. Yo hice una cosa y fue intentar protegerla.
—Pero... yo soy tu amiga...
Baje la mirada intentando contener las lágrimas.
Detesto que me odie.
—Ya no más. Lárgate de mí departamento.
Asentí resignada y suspiré el aire que había estado reteniendo en mis pulmones. Me dirigí a su sala donde tomé mi mochila del sofá.
Abrí la puerta y la cerré detrás donde no pude evitar soltar lágrimas. Apreté los labios para no hacer ningún ruido, pero las lágrimas no paraban de salir. Me las limpié con delicadeza y empecé a caminar directo al ascensor.
Salvador.
Salvador.
Maldito Salvador.
Su jueguito salió justo como quería.
Lo odio desde que lo conozco.
Lo odio demasiado.
Tras llegar al ascensor yo solo descendí hasta abajo. A mi mamá no le gustara cuando le diga que mi teléfono está roto.
Mucho menos le gustara verme con los ojos rojos.
Empecé a caminar recogiendo el teléfono, estaba todo roto de la pantalla y ya no encendía. Lo guardé en mi bolsillo y seguí caminando.
...
La televisión está encendida desde hace un buen rato. Sin embargo, no me motiva a sentirme menos triste que antes, por lo contrario, creo que debería empezar a descansar en mi alcoba.
¿Esto se podría comparar con una ruptura amorosa? Me duele mucho.
Tal vez si hubiera sido menos sobreprotectora con Adriana pudo evitarse.
No.
No es mi culpa tampoco.
Salvador por lo que se dice de él es que es un maldito mujeriego e iba terminar haciéndole mucho daño. Daño que evidentemente quería evitarle.
-Ya está la comida- Dijo mamá entrando a la sala- ¿Y ahora que tienes? Estas rara desde que llegaste.
No quiero contarle lo que sucedió, es innecesario. Ella siempre me ha dicho que no tengo que ser violenta con mis compañeros ni mentirosa con ella.
Mi situación sería desagradable para ella.
—No me vas a decir— Dice con tono amenazante.
—Es que... mi teléfono se calló y un carro lo aplasto—Dije con una sonrisa fingida.
Su mirada se tensó y yo solo desvié la mirada. Recordar quien lo rompió me hace querer volver a llorar.
—No es cierto, a ver — Dijo con tono claramente molesto. Estoy en problemas.
Asentí un poco nerviosa.
—¡Dije que quiero verlo!
—Está en mi mochila mamá ¿Enserio quieres verlo? Podría explotar en tu cara.
—¡QUE ME TRAIGAS EN BENDITO!
—Lo tiré a la basura, solo conservo el chip.
Ella se alejó de la sala y se dirigió a la cocina. Yo regresé la vista a la tele. Y así como si nada mi hermano vino a sentarse al sofá interrumpiendo la calma que tenía.
— ¡¿Cómo vas a comprar otro?! —Mamá grito de la nada— Yo no te compraré otro nuevo. Si quieres uno de mi va a ser usado ¡¿Entendiste?!
—Si...
— ¿Y ahora que paso? — Susurro mi hermano con cara de susto— ¿Por qué está enojada?
Editado: 04.08.2026