Enmerald. Guardianes 1

Capítulo 16. Espía

Capítulo 16:
Espía 


05 de junio 1718 
Selt 

Mia me conduce sin ninguna dificultad entre los árboles, cada vez más al interior del bosque. Escucho pasos a mi espalda: los chicos nos vienen siguiendo. Pero están lejos, o nosotras estamos caminando muy rápido. Me inclino más por lo último, mi cuerpo está en ebullición con toda esa descarga de magia. Creo que se me paso la mano.

—La Tata hablo con papá sobre la historia que nos contó, y él está investigando todo lo relacionado con la familia Olmos —susurra Mia manteniendo su mano firme en mi brazo—, yo por mi parte encontré algo en la biblioteca, hay un libro que habla sobre el apellido Olmos, si está relacionado con tu madre allí podríamos encontrar algo.

—Después de lo de hoy no creo que me dejen salir de casa en unos días, tendrás que ir sin mí —respondo en voz baja.

—Es cierto, quizás te dejen salir para el cumpleaños de Nariel —asiento.

Casi lo olvido mi hermana cumple años en unos días, y luego es el de Mia. Ahora que hemos emparentado con los Acosta, dudo que esa fecha festiva de Nariel pase por debajo de la mesa, menos con lo que ha ocurrido hoy. De lo que no puedo estar segura es que me permitan asistir, que me encierren en mi habitación es lo más probable.

Cuando al fin nos detenemos, Sergio y Fabián se ponen frente a mí. Mia está feliz.

—Eso es lo mejor que he visto en mi vida —expresa Mia dejando toda nuestra conversación.

La abrazo. La mejor amiga del mundo.

No estoy muy segura de que lo que acabo de hacer sea razón suficiente para celebrar. Cuando vuelva a casa y todo esté calmado, Tanils me matará.

—Yo no estoy tan segura.

Me alejo de ella.

—Sí, fue lo mejor. Esto nadie lo olvida —dice sonriendo de oreja a oreja—. Además, no puede matarte, eras más poderosa que ella. No hay de qué preocuparse.

Es como si me hubiera leído la mente. Y, de alguna manera, tiene razón. Tanils es fuerte, pero la vencí. Hoy la vencí, pero mañana podría ser otra historia.

—¿No se suponía que tú no eras un mago? —pregunta Fabián, más desconcertado que nunca.

—Eso era hasta hace unas semanas, ahora es un mago muy poderoso —responde Mía dando palmaditas.

—Tampoco es para tanto Mia—me excuso.

—A mí me parece que sí lo es —dice Sergio pensativo—, no cualquier mago logra invocar una tormenta y la domina a la perfección la primera vez.

—Ah, ¿no?  —pregunto extrañada—. Yo pensé que eso era algo normal.

Los tres me miran como si fuera un fenómeno de la naturaleza o algo por el estilo.

—Selt, para cada mago, es difícil llegar a dominar sus habilidades, sea cuales sean, y en el primer intento no sale nada bien—explica Sergio—. Y he visto a muchos intentar controlar una tormenta de esa magnitud que no ha salido ilesos.

—Entonces soy un fenómeno de la naturaleza por lo que puedo hacer —cuestiono dubitativamente.

—Se podría decir que sí —afirma Fabián.

Niego con un leve movimiento de cabeza, desconcertada. No es posible que sea la única que haya logrado el control de tres elementos a la primera. Tiene que haber alguien más.

—Oh, pero no tienes de qué preocuparte —la voz de mi amiga me saca de mis pensamientos—. Eso significa que serás un mago muy poderoso.

Medito sus palabras. Es posible, pero me parece irreal. El fuego era una cosa, pero todo esto junto, es demasiado.

—Esa es la mejor explicación que puede haber, pero es muy pronto para saberlo —dice Sergio sin quitarme la mirada de encima.

Ahora que estoy más tranquila, me doy cuenta de que solos somos nosotros cuatro en medio del bosque. Sergio tenía compañía. ¿Dónde la habrá dejado?

—Ya deberíamos volver —sugiere Fabián.

—Sí, tienes razón. Se está haciendo tarde. —Mi voz sale atropellada.

Volvemos sobre nuestros pasos. Ya no queda nadie. Todos los invitados se han ido. Supongo que Tanils no sentía en condiciones de seguir con la celebración. Sonrió ante su recuerdo: el vestido desecho, ella, incapaz de mantener el equilibro… Definitivamente, no debía tener ánimos de seguir disfrutando de la boda. Nada de lo que quedó es rescatable. Mi ira, mi magia destrozó todo. No, nos detenemos a detallar lo que quedó de la celebración. Mi vestido, todavía húmedo, pesa más de lo normal. Lo alzo un poco mientras bajo los peldaños hacia la calle, que está tan desolada que se podría escuchar el rebote de una aguja contra el suelo.

Mía está impecable en su vestido agua marina y Fabián, a su lado, como un perro guardián. Nos despedimos, pero no antes de que ella me recuerde que no puedo faltar a su fiesta de cumpleaños por nada en el mundo, y que más vale que no siga desapareciendo por días. Eso es algo que no está en mis manos. Sergio se ofrece a acompañarme. Quise negarme, pero es muy insistente. Si huyes del pasado en algún momento, cuando menos los espere, te alcanzara…

De camino a casa, no puedo dejar de pensar en los acontecimientos del día y, más importante que eso, lo que me espera al llegar a casa. Seguramente, mi hermana estará como una fiera, esperando a que cruce la puerta para destrozarme la mente, aunque también está la posibilidad de que mi madre no se lo permita. Ella necesita que yo fortalezca el nuevo descubrimiento. Todo ocurrió delante de ella. Más que molesta, parecía llena de satisfacción; al fin ha conseguido lo que quería. Soy capaz de dominar los cuatro elementos y no solo eso: también puedo convocar tormentas, congelar cosas… Es más, de lo que yo misma esperaba. Mi madre es demasiado ambiciosa como para permitir que Tanils haga algo contra mí. Además, ahora que ha visto mi potencial, los entrenamientos no pararán. Ahora serán peor, y estaré más cerca de conocer la verdad. No todo es malo.




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