Enredados en Nuestras Mentiras

CAPÍTULO XIX LA PISCINA. PARTE I

Después de la fiesta de Halloween todo había sido maravilloso entre nosotros, estábamos más juntos que nunca, esa noche me llevo a casa, habló con mi padre largo y tendido, no sé qué dijo, pero mi padre salió de su estudio diciendo que aceptaría nuestra relación, que no me preocupara por Emily, que ella estaría bien, en ese instante me sentía en el cielo, al fin de cuenta las opiniones que me importaba eran la de Mark, Andy, Vanessa, mi padre, Alison y Vicky y todos ellos estaban a favor de lo nuestro.

En el instituto todo iba casi normal, en las clases había avanzado mucho, y las escapadas al patio de atrás del instituto para besarnos hacia todo maravilloso si no fuera por las amenazas de Emily y la evidente tristeza de Andy, mi vida sería perfecta.

Un suceso muy importante ocurrió a final de la semana, Eliot me llevó a su casa a conocer a su padre, estaba nerviosa, bueno eso no, muerta de miedo, su padre tenía fama de ser un tipo temible, sólo lo había visto en la televisión y una que otra revista, pero nunca en persona, tampoco es que Eliot me hablara mucho de él, para ser franca nunca.

—¿Con qué eres hija de John? —me pregunta con lo que creo es fastidio.

—Sí, señor.

—Supongo que es complicado saber que eres la hija ilegitima de él—suelta con frialdad.

—Padre…

—Sólo le estoy sacando conversación a Ela. —tomo fuerza, no puedo dejar que todo esto se vaya a la mierda.

—Si lo ha sido señor, pero la vida continua, siempre lo hace ¿No cree? —le pregunto con fuerza.

—Así es, aunque tengamos que cargar con algunos obstáculos que no nos dejan avanzar—no sé porque su comentario me hizo sentir un sentimiento extraño, una acusación, un reproche.

—¿Y cuales son tus planes? —me preguntó, no me gustaba mentir, pero sabía lo que era fingir otra cosa, en mi casa, siempre lo hice, “mi todo lo puedo” me ha dicho su odio a la música, así que allí vamos Ela, a seguir mintiendo.

—Entrar a la universidad, voy a ser economista como mi padre, montar mi propia firma, luego de todo eso tal vez casarme y tener hijos—digo todo ese cuento, no sé dónde sale, veo que Eliot me mira sorprendido, le arrojo una sonrisa y por magia asiente, estoy segura que entendió todo. La cena termina en silencio, nunca había estado en un lugar tan incomodo, este hombre es el hielo hecho persona.

—Un gusto conocerte, Ela—me dijo mientras se ponía de pie.

—El gusto es mío señor—le respondí sólo por educación, ya que para nada me agradó conocerlo, es un hombre terrible.

—Gracias por esto papá.

—No hay de qué, prefiero a Ela que, a su hermanita, por fin haces algo bien hijo, ojalá no lo eches a perder como lo haces siempre con todo—respondió mientras atravesó el gran salón, era más que claro que iba a la calle, dos de los guardaespaldas lo acompañaban, sus palabras encendían mi rabia, era un hombre severo y cruel, no tenía idea porque le habla así a su hijo

—Ela, creo que ya es hora de que te lleve a casa—musitó con tristeza, estoy segura que era por las palabras de mi querido suegrito, odiaba al viejo ese, lo único bueno que tenía era a su hijo.

—No, quiero estar un rato más contigo—le susurré al tiempo que me sentaba en su regazo, quiso hablar, pero no pudo, era imposible porque mi boca calló su boca.

—¿Qué quieres hacer?

—Vamos un rato a nuestro lugar.

—¿Nuestro lugar? ¿Desde cuándo es nuestro? —me preguntó con una sonrisa pícara.

—Desde que lo compartiste conmigo solamente—lo volví a besar.

—Vamos princesa Ela—me tomó de la mano para que lo acompañara, allí nos dejamos ir y de nuevo como esa primera vez, estábamos entrando a escondidas a ese parque, a ese lugar dónde vi a un Eliot dulce, frágil y amable, a ese chico que desde entonces me tiene reventando de amor.

—Ya estamos aquí pequeña, ahora dime que quieres hacer.

—Trajiste algo para colocarlo en el suelo—levantaba la ceja confundido con la pregunta.

—No, bueno mi chaqueta.

—Está vez vengo preparada—coloqué una manta en el suelo y me senté allí, le extendí la mano para que me acompañara, quería esta vez ser yo quien lo llenaba de fuerza, de paz, de protección.

—¿Qué es esto?

—La primera vez me dijiste que es un lugar al que vienes cuando estás mal, por eso estamos aquí—escuché un enorme suspiro que salió de sus labios.

—No estoy mal, no te preocupe mi amor—que dulce cuando se quiere hacer el fuerte, así que no lo iba a presionar, me recosté en su pecho y lo abracé con todas mis fuerzas. Luego me senté y el me acompañó, me miraba fijamente, esperando algo, así que lo hice, quería que supiera de mí.

—Desde que recuerdo mi padre ha estado lejos, ha sido bueno conmigo y con mi mamá, nunca me gritó o hizo daño, nunca la hizo sentir mal a ella, pero jamás estuvo, no lo recuerdo en los cumpleaños, en navidad o el día del padre, siempre pensé que ser grande era terrible, debía serlo si me arrebataba a mi padre de mi lado. Ahora que sé la verdad todo tiene sentido, no ha sido fácil nada de esto lo es.

—¿Cómo hacían para soportar la ausencia?




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