Daniel Ferrer
A mi tercer día en la empresa, ya tenía una junta pendiente.
Según nuestro jefe, era para que los nuevos viéramos como era todo el movimiento y que desde ya tomáramos experiencia.
Así que me preparo en mi departamento más formal que de costumbre.
Realmente nunca me ha interesado mucho causar una buena impresión, al menos no conscientemente.
Pero debo verme formal, cuando se trata de mi trabajo, realmente me importa que las personas vean con quién están tratando, tanto en imagen, como en lo que tengo para decir, un buen trabajo asegura el éxito.
La camisa blanca, el saco y pantalones negros y zapatos formales del mismo color me hacen dar el visto bueno.
Desayuno rápido y me dirijo a la empresa.
Cuando llego, todos están hablando y muchos van de un lado a otro, preparando todo para la junta que es a las 10:00, puesto que todos los trabajadores de esta área estaremos presentes en dicha junta.
Me dirijo a mi oficina y hago lo mismo, faltan alrededor de 40 minutos para que la junta empiece y no tengo mucho que preparar, pero me gusta tener todo bajo control y tener todo listo mucho tiempo antes por cualquier percance.
Una vez tengo todo listo, me concentro en organizar los pendientes del día, así tengo todo organizado desde temprano y el trabajo se hace más fácil.
Llegan las 9:50, apago el ordenador, recojo mis papeles y me preparo para dirigirme hacia la sala donde se llevará a cabo dicha junta.
Cuando estoy apenas afuera de mi oficina, suena el elevador, las puertas se abren y de este sale una figura hermosa con una blusa blanca de manga larga con botones al frente, falda negra que es sexy, pero a la vez formal, medias negras y tacones del mismo color.
El cabello igual que siempre, cayendo lacio y perfectamente ordenado a cada lado de su rostro.
Maquillaje igual de sensual pero sutil.
Por un momento siento que todo se detiene, como cada vez que la miro.
La forma en que camina, como si estuviera en una pasarela, las sonrisas, como siempre coquetas que le dedica a todo el mundo y la manera en que sostiene la carpeta con el brazo doblado hacia su torso.
Las tres acciones siendo tan sencillas en todos los demás, pero viéndose tan especiales en ella.
Por supuesto que no soy el único que la nota.
Todos los demás se quedan boquiabiertos en cuanto la ven entrar, la mayoría de las mujeres mirándola con decencia, aunque algunas dedicándole miradas que no sé descifrar, pero que no son agradables en absoluto.
Y los hombres.
Por supuesto que todos la miran de esa manera en que parece como si sus mentes estuvieran viajando a algo indecente.
Al principio no tenía ningún conflicto en absoluto con que la miraran así, puesto que ella misma había declarado que no se sentía incómoda.
Y ahora no es como que tenga problemas con eso.
Simplemente me parece muy extraño.
No sé si yo podría acostumbrarme a tener ese tipo de miradas todos los días por la oficina entera.
Pero en fin.
Ella saluda a todos, la mayoría le hacen los típicos comentarios halagando su aspecto, ella sonríe complacida.
Cada mañana antes de salir, ella se mira, consciente de lo bien que se ve, y el que en cuanto llegue a la oficina, todos estén ahí para confirmarselo, es como la máxima victoria para ella.
Solo llevo tres días conociéndola, pero la forma en que se alegra cada vez que alguien le dice lo bien que se ve, es la prueba absoluta de que no me equivoco con lo que digo.
Y la he visto hacerlo ya muchas veces.
A pesar de tener solo tres días de conocerla.
Nos reunimos todos en el centro del área para dirigirnos todos juntos a la sala de juntas, y cuando todos estamos juntos, Valeria me mira, me sonríe, y me saluda de manera sutil.
Como siempre, siendo muy ella.
Le correspondo el saludo apenas siendo consciente de lo que hago cuando me mira de esa manera.
Una vez estamos todos en la entrada de la sala de juntas, cada uno comienza a entrar saludando educadamente a los socios de otras empresas que ya están adentro.
Me presento después de haber visto entrar a unos cuantos compañeros, un par de compañeros lo hacen después de mí y finalmente llega el turno de Valeria.
Mismo efecto.
Los socios se quedan quietos en cuanto la ven entrar.
Ella se presenta y mientras lo hace, muchos de los que están ahí, pasan la mirada por todo su cuerpo, quedándose más tiempo en el inicio de su escote y en sus piernas.
Valeria, al igual que todos, saluda a todos los socios con un apretón de manos y noto como la mayoría toman su mano de una manera un tanto... lasciva.
Cómo algunos ponen la mano de ella entre las dos manos de ellos y la acarician de una manera que me parece un tanto desagradable, sin dejar de escanear todo su cuerpo con la mirada.
Valeria no se incomoda, no cambia el gesto, al contrario, sigue sonriendo y diciendo que "es un gusto conocerlos".
De nuevo, no me molesta que sea así, simplemente me parece extraño, como cuando ves a alguien hacer algo que tú jamás te atreverías a hacer.
Todos duran más tiempo del necesario mirándola a ella de la misma forma en que llevan haciéndolo desde que entró, incluso cuando mi jefe anuncia que podemos empezar con la junta, los socios no parecen querer reaccionar, hasta que al fin lo hacen y se alejan de Valeria con una última mirada lasciva, esta vez mucho peor y mucho más descarada que las demás.
Tomamos asiento y oficialmente, empezamos con la junta.
...
Después de casi dos horas de estar hablando y discutiendo los diferentes puntos de vista, todo quedó en un acuerdo del que se hablará en una próxima junta dentro de dos semanas, todo salió tal y como se planeaba.
Todos se despiden con un apretón de manos y para cuando yo voy a hacerlo, solo quedamos Valeria y yo en la sala de juntas con los demás socios.
Me despido y observo a Valeria desde la puerta.