Daniel Ferrer
Han pasado cinco días desde aquel miércoles de la junta, todo ha seguido relativamente tranquilo, sobra decir que todo ha seguido igual que como cuando recién llegué.
Con los mismos comentarios de siempre, aunque ya en mucho menor cantidad.
Tal parece que los trabajadores de esta empresa están encargados y disfrutan de mencionar la situación de la chica de cabello rubio y ojos azules en cuanto entra alguien nuevo porque actualmente, ya no han mencionado prácticamente nada sobre eso.
Y con Valeria saludando y despidiéndose de la misma manera coqueta, al igual que cuando se acercaba a hacer algún comentario o a tener una pequeña conversación.
Y también sobraba decir que cada día caía más.
No podía evitar admitir que la chica era hermosa y que la manera tan segura y sensual que tenía de ser y de acercarse, me desarmaba por completo.
Porque aunque no la viera igual que todos aquí, aunque yo sí supiera verla como una persona completamente real, no podía simplemente ignorar su físico y su sensualidad como si no existieran.
Y menos cuando justo ahora entraba a la oficina principal con una camiseta beige de manga larga con botones y una falda de tubo color azul, con sus clásicos tacones de aguja y su cabello rubio igual que siempre, cayendo totalmente lacio sobre sus hombros.
Definitivamente cada día era más y más difícil ignorar su presencia.
Hoy era un día bastante ocupado para todos, así que, aunque manteniendo su habitual energía de siempre, solo saludó a todos rápidamente y entró a su oficina privada como la que teníamos todos en esta habitación.
La empresa para la que trabajaba era nada más y nada menos que Studios Montclair, la empresa y revista de moda más importante del país.
Un lugar donde hay espacio para todos, era moda tanto para damas, como para caballeros. Era una buena oportunidad para que ambos géneros trabajaran y brillaran juntos.
Realmente estaba contento con la oportunidad, pero he de aceptar que aunque apenas llevara un poco más de una semana trabajando aquí, ya reconocía que el trabajo podía ser muy exigente para todos.
Y más cuando teníamos el desfile del año a la vuelta de la esquina.
Cada año se realizaba un gran desfile para mostrar los nuevos diseños de la empresa en cada uno de los tipos de prendas que servían.
Y todos comenzaban a prepararse en sus respectivas áreas.
Estábamos a un poco más de un mes, y aunque acababa de entrar aquí, ya tenía la misma responsabilidad que todos por hacer que todo saliera bien.
Yo sería uno de los encargados de todo lo que tuviera que ver con la fotografía y vídeo.
Habría muchas sesiones de fotos antes y durante el desfile.
Mientras que por otro lado, el desfile sería televisado y transmitido en vivo, además de que se subirían cientos de videos a las redes sociales, así que todo tendría que estar visualmente perfecto.
Así que sí, oficialmente estaría encargado de que todas las sesiones de fotos estuvieran bien agendadas y bien organizadas, además de que estaría presente en ellas para asegurarme de que todo saliera bien, de facilitar las cosas por si se necesitaba algo, y de corregir y organizar lo que hiciera falta durante estas.
Era mucho trabajo para todos, pero sabía que valdría la pena.
...
Después de una larga tarde dónde todos estuvimos demasiado ocupados, llegó la hora en la que la mayoría aprovechaba para salir a comer, mientras que algunos se quedaban en la cafetería, yo por mi parte, prefería quedarme aquí, no quería perder nada de mi tiempo, quedaba solo un mes y medio para el evento y quería asegurarme desde ya, que todo estuviera saliendo perfecto, aunque eso significara tener que comer en la oficina para ahorrar el tiempo que tomaba salir a buscar algo.
Parece que el destino tenía planeado torturarme cada día que trabajara aquí.
Porque al llegar a la cafetería, ví a la única persona que preferiría no ver.
Valeria.
Y no porque no disfrutara el poco tiempo en que hablábamos.
Sino porque comenzaba a pensar que estar cerca de ella representaba un peligro.
Mientras me acerco, vislumbro que está conversando con una pelirroja mientras ambas se preparan un café en la pequeña cocina de la oficina que funciona como cafeteria.
Cuando entro, trato de entrar disimuladamente, en lugar de entrar directo hacia ella, pero claro que ella tiene otros planes.
Porque en cuanto me ve, se acerca con su habitual sonrisa.
—Vaya. Hasta que te dejas ver.— Menciona con su clásico tono coqueto.
—Buenos días para ti también, Valeria.— Respondo apenas levantando la vista mientras comienzo a prepararme un café al igual que ellas.
—Pensé que ya no querías hablar conmigo.
Sonrío de lado y ahora sí levanto la vista.
—¿Y esa conclusión tan dramática?
Se encoge de hombros mientras sonríe.
—No sé, llevas como tres días evitandome, realmente pensé que ya te había caído mal.
—No te estaba evitando.
—Ajá.
Dirigo mi mirada hacia ella mientras la pelirroja y ella intercambian una mirada mientras sonríen y finalmente la pelirroja se va.
Ella vuelve a poner su atención en mí y yo sigo.
—Simplemente he tenido mucho trabajo, el cambio de empresa ha sido demasiado fuerte considerando que he tenido diez veces más trabajo que el que tenía en la empresa donde trabajaba, desde que llegué.
—Aún así podrías hacer un espacio para mí, ¿no?
Sonrío siguiéndole el coqueteo.
—Tal vez.
Se acerca un poco más jugueteando con las cosas que hay en la encimera de la cocina.
—Entonces... ¿No te caigo mal?
—Todavía estoy decidiendolo.
Nos miramos fijamente durante un momento.
De una manera intensa.
Como si ambos estuviéramos conteniendo muchas cosas que queremos decir.
O hacer.
Finalmente, vuelvo a mirar la taza de café que había dejado en la encimera, terminando de hacerlo y decido cambiar el tema y dirigirme hacia un camino mucho menos peligroso.