Entonces te olvidé

Especial 8: Yi'a Hell

Los humanos son imbéciles.

Yi'a Hell sabía ese hecho tan simple desde el principio de su existencia. En su mundo, los humanos eran imbéciles y los ángeles eran repugnantes, por eso los demonios dominaban el mundo.

Esta verdad no cambió mucho después de ser reclutado por el CAE.

Los humanos son imbéciles en su mundo y en millones de Tierras más.

El CAE, en su opinión, era un cúmulo de los humanos más imbéciles del universo.

Por eso le gustaba ser parte de él. Era divertido. Un montón de cosas insignificantes tratando de mantener el equilibrio cósmico, ¿no es eso hilarante?

Para Yi'a Hell lo era. Le daban igual temas como el rango, la ascensión o acumulación de poder etéreo, todo le parecía inútil, sin embargo, podía permanecer en el CAE porque, más allá de sus aficiones personales, aportaba mucho.

También estaban ellos.

Los conoció durante su primera revolución cósmica. Los trotamundos los llamaban indómitos. Seres divinos, pero que no podían llamarse dioses porque su divinidad procedía de la energía contraria a la etérea; la energía borea que es capaz de corroer casi todo lo que existe en este universo. Así que los indómitos son rechazados.

Aunque no son los únicos, pues también están los seres abisales, los Etéreos hostiles y otras criaturas que muy gustosamente destruirían todo lo que existe a su paso. No obstante, el CAE siente especial aversión hacia los indómitos porque son muy similares a los trotamundos. Son equivalentes, solo que en extremos opuestos.

Por eso Y'ia Hell podía corroborar que los humanos seguían siendo imbéciles, pues en lugar de cooperar con seres poderosos e insatisfechos con quienes los oprimen, se la pasan saboteando a los otros.

Belial entendía esa verdad.

Cuando lo escuchó hablar por primera vez sobre su visión del cosmos y el universo, así como la misión por la que luchaba todos los días, lo entendió todo. Podían llamarlo traidor, pero su causa era la única justa. Podían llamarlo lunático por regodearse de las desgracias ajenas, pero al menos nunca se escudó detrás de motivos justos para ocultar su propia degeneración.

Él no era como los del CAE, era mejor.

Tenía una causa, así que su existencia tenía sentido.

Estaba completo.

Hasta que un día conoció a alguien vacío. Sin causa e incompleto. Como una obra de arte maravillosa que en una ocasión tuvo la oportunidad de estudiar en cierto planeta pequeño, el semblante de ese hombre lo emocionaba profundamente. Tenía que ser suyo.

Pero un humano imbécil se interpuso.

Luego otro más se metió en su camino para defender al primero; ese era el doble de imbécil porque también obstaculizó sus objetivos.

Al principio quería destruirlos a todos. A quien no podía tener, al que se lo arrebató y al que se entrometió. Sin embargo, un día cambió de opinión.

Ese último imbécil era bastante entretenido.

Alguien que persigue inútilmente una convicción que no es más que ilusión alimentada de culpa. Se llamaba... ¿Pawel? Bueno, no importa, le diré Imbécil.

El único, pues ahora no había ningún otro humano que le importara lo suficiente para hablar de él.

Pero todavía tenía que castigar al par que lo hizo infeliz por un tiempo, así que arregló su encuentro en ese último momento. H era un buen perro, bien entrenado; él fragmentó su alma personalmente, después de todo.

Oh, ¿debería de jugar un par de trucos?

Bueno, Belial no está mirando, así que debería estar bien.

Diviértanse.



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En el texto hay: bl, transmigracion, multiples mundos

Editado: 30.03.2026

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