H miró fijamente el rostro del hombre que de alguna forma quedó entre sus brazos. Esa posición lo conmocionó con una fuerte sensación de déjà vu, pero las voces y pasos que se aproximaban pronto reclamaron su atención.
—¿... Danilo?
El grupo de personas traía una lámpara tenue en sus manos, a través de la luz se encontró con un par de ojos azul pálido; a pesar de que estos miraban en su dirección, no parecían enfocar, sin embargo, H sintió que el otro lo estaba evaluando con una fijeza hostil.
—Ya es tarde. Está muerto —dijo sin poder evitarlo, sin perder el cambio de expresión del peliblanco. Tuvo el impulso de agregar algo más cuando la confusión de ese hombre se transformó en furia, pero no tuvo tiempo de regodearse antes de que sintiera el jalón de alma. Lo estaban llamando de vuelta.
Apretó con más fuerza sus brazos alrededor del cuerpo muerto, seguro de que cuando se fuera, se lo llevaría con él. La breve sensación de vacío y vértigo lo invadió justo antes de aparecer en la enorme habitación de siempre; el contraste de la oscuridad anterior con la intensa luz blanca de ese lugar lo abrumó por un momento, pero en cuanto sus ojos se acostumbraron buscó aquello a lo que se aferró antes de partir.
—¿Buscas algo, cachorro?
El hombre de cabello negro y sonrisa molesta que lo recibía en cada ocasión lo miró de manera distinta. Siempre se burlaba de él, pero en esta ocasión había una satisfacción maliciosa en su mirada. H se puso alerta, prestó atención a su alrededor y pronto descubrió lo que estaba a espaldas del demonio.
—Ah, ¿lo descubriste? Sí, este sujeto nos ha dado muchos problemas, ¿no es así? Está recibiendo su castigo en este momento.
Al escuchar esa última declaración, H se acercó con aire amenazante, pero una voz a sus espaldas lo detuvo.
—¿El cachorro se va a revelar?
—K —reconoció H con fastidio—. ¿Qué haces aquí?
—A mí también me llamaron.
—Bueno, basta de charla —interrumpió Y'ia Hell—. K, tus padres ya regresaron a su sede, creo que no les importas mucho.
—Como si a mí me importara lo que hacen —escupió despectivamente—. No soy un bebé.
—Si tú lo dices —dijo el demonio mientras reía ligeramente—. Mordred y Behemot ya casi terminan de extraer la energía del mundo artificial. El jefe y Rodan ya están en Ar-Lumb, deberíamos alcanzarlos ahora.
H no estuvo de acuerdo de inmediato, pues no podía dejar de mirar al hombre en la cama detrás del demonio. Aunque su cabello era castaño en lugar de rojo y su rostro era muy distinto, esa persona se sentía muy similar a la de...
—¿Dijiste que Behemot y Mordred están drenando la energía? —preguntó de repente, al captar el significado de las palabras de Y'ia Hell.
—Sí, eso dije. Ese era el plan original, ¿por qué te ves tan sorprendido?
La mirada de H se desplazó inevitablemente al rostro del hombre en coma.
—Ah, el alborotador te preocupa —se burló sin poder evitarlo—. Él también está en Ar-Lumb. Será muy divertido.
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Todos los mundos se componen de una base etérea y un conducto físico, de estos dos factores depende el grado cósmico y la capacidad de conducción etérea; es decir, si un mundo será relevante y con elementos denominados "mágicos". Sin embargo, una regla básica es que un mundo sin base etérea es un mundo sin vida, y una base etérea sin conducto físico es solo energía flotando en el plano etéreo, que puede ser tomada y manipulada por cualquier ser etéreo.
Aunque es posible extraer la energía etérea de un mundo, las reglas de protección de mundos impuestas por el CAE lo prohíben, con un mundo destruído como única excepción. No obstante, esta regla era constantemente incumplida en situaciones ambiguas, como durante el cierre de mundos artificiales y la cosecha en los mundos de asociación directa.
Lewin sabía de la existencia de estos últimos mundos, incluso había visitado algunos de ellos en varias ocasiones, pero nunca supo cómo estas civilizaciones alienígenas tan avanzadas le hacían para producir energía etérea de manera sistemática para que luego esta pudiera ser extraída por el CAE. Honestamente, nunca se lo preguntó. Tal vez alguna vez escuchó los rumores sobre la esclavización y explotación y, en el fondo, no le importaba.
Era muy distinto sospecharlo a verlo con tus propios ojos; experimentarlo.
Cuando escuchó al boreo –Belial– mencionar algo sobre reencuentros y hablarle a su "hijo", un pensamiento absurdo le vino a su cabeza: ¿un boreo puede tener a un etéreo como hijo? Sin embargo, Caín, como estaba casi seguro que se llamaba ese trotamundo, lo envió de regreso al mundo artificial, luego se encontró con el ser abisal, su amante lo mató y... Apareció en este lugar.
Podía sentir una energía etérea abundante, casi asfixiante, en todo su alrededor, pero no fluía desde el núcleo del mundo, como sucedería naturalmente, sino que estaba comprimida y se filtraba desde diversos puntos. Son los contenedores, Lewin identificó la fuente. Lo asoció de inmediato con incubadoras de energía etérea, pero estas se veían un poco distintas, con un diseño más tosco que las que él había visto antes.
Quería mirar alguna de ellas más de cerca, pero no podía moverse de su lugar, no porque estuviera entubado en una cápsula gigante llena de un líquido desconocido, sino porque la energía de su alma estaba siendo drenada por la incubadora en donde estaba preso. Se sentía demasiado débil y no podía más que mirar impotente a través de la pequeña ventana de vidrio, donde además de los contenedores podía llegar a ver lo que podrían ser otras incubadoras como en la que él se encontraba.