Entrar Y Morir [lgbt]

5: Estamos muertos.

Debi quedarme fuera de esta asquerosa habitación, ahora me estaba lamentando por entrar a explorar lo que Hugo creía que era un lugar seguro. Ahora no solo teníamos a un grupo de muertos vivientes que nos querían comer, sino que también teníamos a muertos que, aunque la piel podrida se le caía a trozos del cuerpo, también hablaban.

Esto es una mierda. Este lugar es una completa mierda.

Me di la vuelta y Hugo estaba detrás de mí, mirándome con mi misma expresión de desagrado. Era tan asqueroso estar cerca de una persona a la cual se le caía la piel constantemente, y no solo eso, sino que también desprendía un olor tan desagradable que te hacían rogar por no tener nariz, como él.

—Vámonos de aquí —logré decirle a Hugo, pero este se negó.

—Creo que este hom... muerto, tiene algo para decirnos, probablemente la respuesta a todo esto, así que lo mejor será escucharlo.

Arqueé una ceja, y en medio de un suspiro me di la vuelta para ver al hombre que se hacía pedazos sobre la mesa. Creo que tenía algunos minutos antes de desaparecer por completo.

—Es bueno que empiece a hablar antes de que...

—Me desaparezca —completó el, y yo asentí.

El hombre era terrorífico, aunque tenía dos huecos oscuros en los ojos que daban a demostrar que no tenía ojos, al parecer sabia donde estábamos y cuales eran nuestros movimientos, probablemente por nuestra voz o nuestros pasos. Sin embargo, este sabia nuestros nombres.

—Hugo y Thiago.

Me quedé perplejo al escuchar mi nombre, no sabía cómo lo sabía si ni siquiera lo había visto en mi vida.

Hugo caminó y se puso a mi lado, tan cerca que nuestros brazos se rozaron, y era lo mejor, porque escuchar como aquel hombre nos llamaba por nuestros nombres y ver como la piel se le caía poco a poco, era tenebroso.

—¿Como sabe usted nuestros nombres? —preguntó Hugo, tan confundido como yo.

—Yo fui el que casi los atropella en el camión al entrar aquí. Supongo que me dolía tanto la cabeza que poco a poco fui quedando ciego.

—¿Que? —exclamé con intensidad, estaba completamente desconcertado, si fue verdad que aquel hombre fue el que nos intentó atropellar, entonces el sabia todo lo que pasaba.

—No estoy entendiendo nada —comento Hugo —Si usted fue el que nos intentó atropellar, entonces porque pasó el camión el mismo día por el mismo lugar, y no solo eso, ¿cómo sabía que Thiago era Thiago y yo era yo?

Buenas preguntas Hugo. Yo me hacia las mismas preguntas, y estaba agradecido porque fue el quien le preguntó al hombre, porque yo no iba a saber elaborarlas, menos ahora que estaba tan nervioso que sentía la necesidad de orinar.

—Es porque ustedes estaban infectados al igual que yo, pero no presentaban síntomas. Ustedes eran los únicos que podían pasearse por el mundo e infectar a todo el mundo, por eso la morgue me contacto para que los matara a ambos. Sin embargo, yo ya estaba infectado, el virus me estaba comiendo el cerebro y justo cuando llegó el turno de Thiago en ser atropellado por mí, mi mente se nublo, entonces no pude matarlo. En cambio, con Hugo fue diferente, a ti si te atropelle, pero supongo que el virus está a tu favor y volviste a la vida.

Aquella nube de información estaba torturando mi mente, no entendía absolutamente nada, porque el hombre estaba hablando tan enredado que solo entendía lo que decía cuando ningún trozo de su cuerpo caía sobre la mesa.

—No estoy entendiendo nada —dije finalmente—. ¿De qué virus está hablando?

Al escuchar la pregunta, el hombre se dio dos leves golpes en la cabeza y sentí que el cerebro le iba a saltar por el hueco que tenía al otro lado de la cabeza. La piel se me erizó, estaba a punto de desmayarme por la imagen ante mis ojos, el olor tan desagradable y toda la información que había recibido. Era estresante tener una fuente de información delante de ti, y que no entendieras nada.

—Estoy hablando de un virus que ataca el cerebro y poco a poco te consume por completo, es uno de los virus más malditos de toda la historia y soy consciente de que es peor que morir desmembrado.

—¿Como que ataca el cerebro? —pregunté, si quería saber todo lo que estaba pasando, entonces debía hacerle cada pregunta que me llevara a la verdad.

—Es un virus que comienza como un simple resfriado, pero en ese pequeño dolor de cabeza se esconde algo horrible. El dolor de cabeza incrementa y la fiebre te hace quedar ciego inmediatamente, es un dolor horripilante. Un dolor que te hace tener alucinaciones. Cuando la fiebre te mata, a los pocos minutos despiertas, pero todo lo que viviste en esta vida se te olvida. Los muertos vivientes atacan a los sanos para comérselos y convertirlos como ellos, porque en su podrido cerebro, está la idea de que los que no están infectados fueron los que los mataron y vienen por venganza.

Me frote los brazos después de sentir que un frio me llegaba por la espalda, hasta mire sobre mi hombro, pero no había nadie. El miedo se había apoderado de mí y lo que estaba contando el infectado era horroroso y me causaba escalofríos.

—¿Como es eso de que somos inmunes? —preguntó esta vez Hugo. Estoy seguro de que estaba tan confundido que yo, aunque con lo que el hombre estaba diciendo, poco a poco aquellas dudas se nos iban aclarando.

—El virus MT es algo que se estuvo investigando desde que un niño hace años llegó a un hospital con aquellos síntomas, desde ese entonces el gobierno quiso ocultar lo ocurrido. Encerró al niño infectado en una habitación de cristal hasta que este se deshizo por completo, y cuando pensaron que nadie lo había contraído, decidieron dejar ese caso en el pasado —hizo una pausa y de repente el crujido de su oreja desprenderse y caer sobre la mesa, me llamó a la atención. Las rodillas me temblaron y sentía que en cualquier momento caería al suelo, pero necesitaba saber más, así que saque valor de donde no tenía para seguir haciéndole preguntas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.