Entre Alas y Sombras

Capítulo 3

Secretos bajo la tormenta

La lluvia no se detuvo en toda la noche.

El bosque parecía más oscuro que nunca bajo el cielo cubierto de nubes, y cada trueno hacía vibrar las ventanas de la pequeña cabaña escondida entre los árboles. El viento golpeaba las paredes de madera como si intentara arrancarlas de raíz.

Lyra no podía dormir.

Permanecía sentada junto a la ventana observando la tormenta mientras miles de preguntas giraban dentro de su cabeza. Las sombras. La luz violeta. La voz que había escuchado en el bosque.

Y la reacción de su madre.

Eso era lo que más miedo le daba.

Porque Elena nunca parecía sorprendida cuando ocurrían cosas extrañas. Asustada, sí. Pero no confundida.

Como si hubiera estado esperando aquel momento toda su vida.

Nox dormía enrollado cerca de la chimenea, aunque incluso él se movía inquieto cada vez que un relámpago iluminaba la habitación.

Lyra suspiró lentamente.

No soportaba más el silencio.

Se levantó de la silla y caminó hacia la pequeña habitación donde su madre guardaba hierbas medicinales y libros antiguos. La puerta estaba entreabierta y una tenue luz escapaba desde el interior.

Elena seguía despierta.

Lyra dudó unos segundos antes de entrar.

La habitación olía a flores secas, tinta y humo de velas. Decenas de libros cubrían los estantes de madera y varias hojas llenas de símbolos extraños estaban desparramadas sobre la mesa principal.

Elena levantó la mirada apenas su hija apareció en la puerta.

Parecía agotada.

—Deberías estar descansando —dijo en voz baja.

—No puedo.

El silencio volvió a instalarse entre ambas.

Lyra observó los papeles sobre la mesa. Algunos tenían dibujos de círculos antiguos y símbolos que parecían escritos en otro idioma.

—¿Qué es todo esto?

Elena rápidamente acomodó varias hojas una sobre otra.

—Nada importante.

—Otra vez secretos.

La mujer cerró los ojos un instante.

—Lyra…

—No. Ya no puedes seguir ocultándomelo.

Su propia voz sonó más quebrada de lo que esperaba.

La tormenta rugió afuera mientras ella avanzaba unos pasos hacia la mesa.

—Toda mi vida me dijiste que me escondiera. Que no hablara con nadie. Que nunca usara mis poderes. Pero jamás me explicaste por qué.

Elena apartó la mirada.

—Intentaba protegerte.

—¿De qué?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

La lluvia golpeaba las ventanas con fuerza.

Finalmente, Elena habló.

—Del reino.

Lyra sintió un escalofrío.

—¿Qué tiene que ver el reino conmigo?

La mujer tardó demasiado en responder.

—Hace muchos años existió una guerra.

Lyra frunció el ceño.

—¿Una guerra?

—Mucho antes de que nacieras. Mucho antes incluso de que el actual rey subiera al trono.

Elena caminó lentamente hacia uno de los estantes y tomó un libro viejo cubierto de polvo. Las páginas parecían tan antiguas que podían romperse con solo tocarlas.

—Existían personas capaces de controlar la oscuridad —continuó—. La magia de las sombras.

Lyra sintió que el corazón comenzaba a latir más rápido.

—¿Como yo?

Elena no respondió directamente.

—Ese poder era diferente a cualquier otro. No nacía de la luz ni de los elementos. Nacía del miedo, del dolor… de aquello que los humanos intentan ocultar.

La vela más cercana parpadeó.

Por un instante, las sombras de la habitación parecieron alargarse alrededor de Lyra.

—Muchos comenzaron a temer esa magia —dijo Elena—. Y el miedo siempre termina convirtiéndose en violencia.

La joven bajó la mirada lentamente hacia sus manos.

—Entonces nos cazaron.

El silencio de su madre confirmó la respuesta antes de que hablara.

—Sí.

Un nudo se formó en la garganta de Lyra.

—¿Por eso vivimos escondidas?

—Sí.

La lluvia siguió golpeando el techo.

Lyra intentaba procesar todo, pero las preguntas seguían creciendo.

—¿Hay más personas como nosotros?

Elena tensó ligeramente la mandíbula.

—No lo sé.

Era mentira.

Lyra lo notó inmediatamente.

—Mamá…

—No preguntes cosas que es mejor no saber.

La frustración explotó dentro de ella.

—¡Estoy cansada de eso!

Las velas temblaron violentamente.

Las sombras de la habitación se movieron alrededor de las paredes como humo oscuro.

Elena abrió los ojos con alarma.

—Lyra, cálmate.

Pero era demasiado tarde.

La energía volvió a despertar dentro de ella.

La luz violeta apareció bajo su piel, extendiéndose lentamente por sus brazos.

Lyra retrocedió horrorizada.

—No puedo controlarlo…

La habitación comenzó a enfriarse.

Las sombras se agitaron violentamente alrededor de ambas mientras los libros caían de los estantes.

Nox apareció corriendo desde la otra habitación, gruñendo nervioso.

—¡Lyra mírame! —ordenó Elena.

La joven levantó la vista.

Su madre se acercó lentamente, ignorando el caos alrededor.

—Respira.

Las sombras seguían moviéndose.

—Concéntrate en mi voz.

Lyra intentó hacerlo.

Respirar.

Detener el miedo.

La luz violeta comenzó a disminuir poco a poco.

Las sombras regresaron lentamente a los rincones de la habitación.

Y entonces todo quedó en silencio otra vez.

Lyra cayó de rodillas.

Elena se arrodilló frente a ella inmediatamente.

—Escúchame bien —susurró—. Nunca debes perder el control.

La joven respiraba agitadamente.

—¿Por qué me pasa esto?

Elena levantó una mano temblorosa y acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja.

Había lágrimas en sus ojos.

—Porque heredaste algo muy antiguo.

Antes de que Lyra pudiera responder, un sonido atravesó la tormenta.

Golpes.

Fuertes.

Contra la puerta principal.

Ambas se quedaron inmóviles.




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