Un pacto en silencio
El sonido de los caballos se acercaba rápidamente.
Las antorchas atravesaban la tormenta como pequeñas llamas temblando entre los árboles y las voces de los guardias rompían el silencio del bosque con órdenes desesperadas.
Lyra sintió el miedo subirle por la garganta.
Kael ya estaba de pie frente a la ventana, completamente inmóvil, mientras las sombras comenzaban a deslizarse alrededor de sus botas como humo oscuro.
—Me encontraron demasiado rápido —murmuró.
Elena apagó la última vela encendida de la cabaña.
La oscuridad cayó sobre ellos nuevamente.
—¿Cuántos vienen? —preguntó Lyra en voz baja.
Kael cerró los ojos apenas un instante, como si estuviera escuchando algo lejano.
—Más de diez.
Nox soltó un gruñido nervioso cerca de la puerta.
Afuera, las ramas crujían bajo los pasos de los soldados.
Lyra miró a su madre.
—¿Qué hacemos?
Elena parecía pensar desesperadamente. Sus manos temblaban apenas mientras buscaba algo entre los cajones de la mesa.
—Hay un túnel antiguo detrás de la casa —dijo finalmente—. Cruza hacia el río del norte.
Kael negó inmediatamente.
—No servirá. Ya rodearon el bosque.
Otro trueno sacudió el cielo.
Entonces una voz resonó afuera:
—¡Registren cada cabaña! ¡Por orden del rey!
Lyra sintió un escalofrío.
Kael soltó una risa amarga.
—Mi padre trabaja rápido.
—¿El rey sabe que escapaste? —preguntó ella.
—Probablemente medio reino lo sabe ya.
Elena encontró finalmente lo que buscaba: una pequeña llave plateada colgando de una cadena antigua.
Su expresión cambió apenas la sostuvo entre los dedos.
Miedo.
Nostalgia.
Dolor.
Lyra lo notó inmediatamente.
—¿Qué es eso?
Elena levantó la mirada lentamente hacia Kael.
—La única razón por la que quizá sobrevivan esta noche.
El príncipe frunció el ceño.
Pero antes de que pudiera preguntar, golpes violentos hicieron temblar la puerta principal.
—¡Abran!
Nox comenzó a ladrar furiosamente.
Las sombras alrededor de Kael reaccionaron al instante, extendiéndose por las paredes como raíces negras.
Lyra sintió la energía despertar también dentro de ella.
La luz violeta apareció bajo su piel.
Kael giró hacia ella inmediatamente.
—No.
Ella respiraba agitadamente.
—No puedo detenerlo…
Los golpes continuaron.
—¡Abran ahora mismo!
Elena caminó rápidamente hacia ellos.
—Escúchenme bien —susurró—. Pase lo que pase, no dejen que los capturen juntos.
Kael tensó la mandíbula.
—¿Por qué?
Elena dudó apenas un segundo.
—Porque ustedes dos son exactamente lo que estuvieron buscando durante años.
El silencio cayó sobre la habitación.
Lyra sintió que el corazón dejaba de latir por un instante.
—¿Qué significa eso?
Pero Elena nunca respondió.
Porque la puerta explotó.
La madera se partió violentamente cuando varios soldados irrumpieron dentro de la cabaña bajo la lluvia. Las armaduras brillaban con el reflejo de las antorchas y las espadas se levantaron inmediatamente al ver al príncipe.
—¡Está aquí!
Todo ocurrió demasiado rápido.
Uno de los guardias avanzó hacia Kael.
Las sombras reaccionaron antes que él.
Oscuridad pura atravesó la habitación como una ola violenta, apagando antorchas y lanzando a los soldados contra las paredes.
Los gritos llenaron la cabaña.
Lyra abrió los ojos con horror.
Las sombras nacidas de Kael parecían criaturas vivas moviéndose alrededor suyo.
Era hermoso.
Y aterrador.
Otro guardia intentó atacar por detrás.
Lyra levantó una mano instintivamente.
La energía violeta explotó desde sus dedos.
El soldado salió despedido hacia atrás.
El silencio cayó de golpe.
Todos la miraron.
Los guardias retrocedieron horrorizados.
Uno de ellos susurró:
—Sombras…
El miedo atravesó la habitación como hielo.
Entonces otro hombre apareció detrás de los soldados.
Más alto.
Más viejo.
Vestido completamente de negro.
No llevaba armadura real.
Y sus ojos… sus ojos parecían demasiado vacíos.
Kael palideció inmediatamente al verlo.
—No puede ser.
El desconocido sonrió apenas.
—Príncipe.
Lyra sintió algo oscuro apenas aquel hombre cruzó la puerta. Una sensación peor que las sombras.
Como muerte.
Elena retrocedió lentamente.
—Malik…
El hombre giró hacia ella.
—Han pasado muchos años, Elena.
Kael miró rápidamente a Lyra.
—Tenemos que irnos. Ahora.
Pero Malik ya los estaba observando a ambos.
Y cuando sus ojos se posaron sobre Lyra, algo parecido a satisfacción apareció en su rostro.
—Así que es verdad —murmuró—. La segunda finalmente despertó.
El corazón de Lyra se aceleró.
—¿Qué?
Malik dio un paso hacia ella.
Las sombras alrededor de la habitación parecieron agitarse violentamente.
—No sabes quién eres todavía… pero lo harás.
Kael se movió inmediatamente frente a ella.
Protegiéndola.
—No te acerques.
Malik soltó una risa baja.
—Mírate. Igual que tu madre.
La expresión de Kael se endureció instantáneamente.
Lyra sintió la tensión crecer en el aire.
—¿Lo conoces? —preguntó ella.
Kael no apartó los ojos del hombre.
—Demasiado.
Malik inclinó apenas la cabeza.
—Fui quien le enseñó al reino a temerlos.
El silencio fue brutal.
Elena cerró los ojos como si esas palabras fueran una herida abierta.
Lyra sintió náuseas.
—Tú… ¿cazaste personas como nosotros?
—Protegí este reino.
—Los asesinaste.
Malik sonrió nuevamente.
—Hay poca diferencia.
Las sombras de Kael comenzaron a moverse con violencia alrededor suyo.