La torre donde nadie canta
El amanecer nunca llegó realmente.
El cielo permanecía cubierto por nubes oscuras mientras la lluvia seguía cayendo sobre el bosque prohibido, convirtiendo los senderos en barro y niebla. El viento soplaba entre los árboles como un lamento antiguo, arrastrando hojas húmedas y el eco lejano de los caballos que aún recorrían la zona.
Lyra caminaba rápidamente detrás de su madre, intentando ignorar el cansancio en sus piernas.
Todo había cambiado en apenas unas horas.
La cabaña ya no era segura.
El bosque ya no se sentía como un refugio.
Y Kael…
Lyra apretó los labios mientras avanzaba entre los árboles.
El príncipe caminaba unos metros detrás de ellas, silencioso, con las alas parcialmente ocultas bajo una capa oscura que Elena había encontrado antes de irse. Aun así, era imposible no notar su presencia. Parecía absorber la poca luz del amanecer a su alrededor.
Nox corría inquieto entre ellos, gruñendo cada tanto hacia la oscuridad del bosque.
Nadie hablaba demasiado.
El miedo viajaba con ellos.
—¿Adónde vamos? —preguntó Lyra finalmente.
Elena no se detuvo.
—A un lugar donde no podrán encontrarnos fácilmente.
Kael soltó una pequeña risa amarga detrás de ellas.
—Si Malik ya habló con el rey, no existe un lugar así.
Elena giró apenas la cabeza.
—Hay uno.
Eso hizo que Kael frunciera el ceño.
—No estarás pensando en—
—No tenemos alternativa.
El príncipe guardó silencio unos segundos.
Luego habló más bajo:
—Ese lugar fue abandonado hace años.
—Precisamente por eso sigue oculto.
Lyra observó a ambos confundida.
—¿De qué están hablando?
Ninguno respondió inmediatamente.
La frustración volvió a crecer dentro de ella.
—¿Van a seguir haciendo eso todo el tiempo?
Kael levantó apenas la mirada hacia ella.
—¿Hacer qué?
—Hablar como si supieran cosas que yo no.
El príncipe pareció considerar responder algo… pero terminó desviando la vista nuevamente.
Eso la irritó todavía más.
El bosque comenzó a volverse más denso a medida que avanzaban hacia el norte. Los árboles eran enormes allí, antiguos, con troncos tan gruesos que parecían columnas negras nacidas de la tierra. La niebla se acumulaba entre las raíces y el aire se sentía más frío.
Lyra notó entonces algo extraño.
El bosque estaba demasiado silencioso.
No había pájaros.
Ni insectos.
Ni siquiera viento.
Como si toda la naturaleza evitara aquella zona.
Elena finalmente se detuvo frente a una enorme pared de piedra cubierta de enredaderas oscuras.
Parecía una montaña más… hasta que Lyra vio la puerta.
Gigantesca.
Antigua.
Tallada directamente en la roca.
Símbolos extraños recorrían toda la superficie y dos figuras con alas aparecían grabadas sobre el centro, casi borradas por el tiempo.
El corazón de Lyra comenzó a latir más rápido.
Había visto esos símbolos antes.
En sueños.
—¿Qué es este lugar? —susurró.
Kael observó la puerta con tensión evidente.
—Una tumba.
Elena ignoró el comentario.
Sacó lentamente la pequeña llave plateada de su bolsillo y la acercó hacia una ranura casi invisible en la piedra.
La puerta tembló.
Un sonido profundo atravesó el bosque mientras los mecanismos antiguos comenzaban a moverse.
Y lentamente…
La entrada se abrió.
Oscuridad absoluta apareció detrás.
Aire frío escapó desde el interior como un suspiro olvidado.
Lyra sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.
—Bienvenidos a la torre de Elarion —murmuró Elena.
Kael permaneció completamente inmóvil.
Había algo extraño en su expresión.
No parecía miedo exactamente.
Parecía dolor.
Entraron.
Las antorchas antiguas se encendieron solas apenas cruzaron el umbral, iluminando enormes pasillos de piedra gris. La torre era mucho más grande de lo que parecía desde afuera; escaleras interminables subían hacia pisos ocultos en la oscuridad y vitrales rotos dejaban entrar una tenue luz azulada.
El lugar estaba vacío.
Pero no abandonado.
Lyra podía sentir algo allí.
Una presencia antigua escondida entre las paredes.
—¿Quién construyó esto? —preguntó.
Elena avanzó lentamente por el corredor principal.
—Personas como nosotros.
Lyra sintió que el pecho se le tensaba.
Kael caminaba detrás de ellas observando cada rincón de la torre con atención.
—Creí que el reino destruyó todos estos lugares.
—Casi todos.
La voz de Elena resonó suavemente entre las paredes.
—Elarion fue ocultada antes de la guerra.
Llegaron finalmente a una enorme sala circular. Estatuas antiguas rodeaban el lugar y un techo altísimo desaparecía entre sombras. En el centro había un símbolo grabado sobre el suelo de piedra: alas negras rodeadas por líneas plateadas.
Lyra se quedó inmóvil.
La energía dentro de ella reaccionó inmediatamente.
La luz violeta apareció apenas bajo su piel.
Kael también lo sintió.
Sus sombras comenzaron a moverse lentamente alrededor de sus botas.
Elena giró rápidamente hacia ambos.
—No.
Pero era tarde.
El símbolo del suelo comenzó a brillar.
Las antorchas temblaron violentamente.
Y una voz atravesó la habitación.
—Los herederos finalmente regresaron.
Lyra abrió los ojos con horror.
Las estatuas comenzaron a agrietarse.
Kael dio un paso adelante inmediatamente, extendiendo parcialmente sus alas.
La oscuridad se acumuló alrededor suyo.
Entonces una figura apareció lentamente en medio del círculo.
Hecha completamente de luz plateada.
Una mujer.
Alta.
Con enormes alas detrás de la espalda.
Pero no eran negras.