La marca de la luna
El silencio dentro de la torre fue absoluto.
Ni siquiera el viento parecía atreverse a entrar en aquel lugar.
Lyra permanecía inmóvil en medio de la sala circular, intentando procesar las palabras de la aparición mientras las imágenes seguían deslizándose sobre las paredes de piedra.
Fuego.
Sombras.
Personas muriendo.
Y el rey.
El rey Orion caminando entre las ruinas de Elarion mientras todo ardía a su alrededor.
—No… —susurró ella.
La figura de luz plateada la observó con tristeza.
—La historia que conoce el reino es una mentira.
Kael permanecía quieto junto al círculo brillante del suelo. Sus alas negras seguían parcialmente extendidas detrás de él, tensas, como si estuviera preparado para atacar en cualquier momento.
Pero Lyra notó algo peor.
Sus manos temblaban.
Apenas.
Casi imperceptible.
—Mi padre no estuvo aquí —dijo él finalmente.
La aparición lo miró fijamente.
—Sí estuvo.
La oscuridad alrededor del príncipe reaccionó inmediatamente.
Sombras comenzaron a deslizarse por el suelo.
—Estás mintiendo.
—Ojalá pudiera.
Elena cerró los ojos lentamente.
Como si hubiera esperado toda su vida que aquel momento llegara.
Lyra giró bruscamente hacia ella.
—¿Tú sabías esto?
Su madre tardó demasiado en responder.
Y eso fue suficiente.
—Lo sabías… —la voz de Lyra se quebró—. Todo este tiempo.
—No conocía toda la verdad.
—¡Pero sabías algo!
La energía volvió a despertar bajo la piel de Lyra.
La luz violeta brilló alrededor de sus manos.
El aire de la torre comenzó a enfriarse.
Kael la observó inmediatamente.
—Lyra—
—¡No!
Ella retrocedió.
Sentía demasiadas cosas al mismo tiempo.
Miedo.
Bronca.
Confusión.
Toda su vida había sido una mentira construida sobre secretos.
Y ahora descubrían que el reino no había destruido a los hijos de las sombras por miedo… sino por ambición.
La aparición levantó lentamente una mano luminosa.
Las imágenes sobre las paredes cambiaron otra vez.
Esta vez Lyra vio algo distinto.
Una enorme sala cubierta por símbolos plateados.
Personas con alas negras y ojos brillantes reunidas alrededor de un círculo de luz.
Parecían… felices.
En paz.
—Antes de la guerra existían dos linajes —explicó la figura—. Los nacidos de la luz… y los nacidos de las sombras.
Lyra observó fascinada las imágenes.
—¿Y convivían juntos?
La aparición sonrió apenas.
—Durante siglos.
Las escenas cambiaron nuevamente.
Esta vez apareció un hombre sosteniendo una espada plateada.
Y junto a él…
una mujer cubierta de sombras violetas.
—Los primeros guardianes —susurró Elena.
Kael levantó la mirada lentamente.
Parecía reconocer aquellos símbolos.
—La unión.
La figura asintió.
—La luz y la oscuridad jamás fueron enemigos. Se necesitaban mutuamente para mantener el equilibrio del reino.
Lyra sintió un escalofrío.
Porque algo dentro de ella reaccionó a esas palabras.
Como si una parte olvidada de sí misma las recordara.
—Entonces… ¿qué ocurrió?
La tristeza atravesó el rostro de la aparición.
—El miedo.
Las imágenes se oscurecieron.
El rey apareció otra vez.
Más joven.
Observando aquellas reuniones desde las sombras.
—Orion descubrió algo que jamás debió conocer.
Kael tensó la mandíbula.
—¿Qué cosa?
La figura lo miró fijamente.
—El poder del vínculo.
El silencio llenó la sala.
Lyra frunció el ceño.
—¿Qué vínculo?
Nadie respondió inmediatamente.
Pero las sombras alrededor de Kael comenzaron a moverse lentamente.
Y la luz violeta bajo la piel de Lyra reaccionó otra vez.
La aparición dio un paso hacia ellos.
—Dos herederos nacidos de oscuridad pueden despertar un poder capaz de alterar el equilibrio del reino.
El corazón de Lyra comenzó a latir más rápido.
—Nosotros…
—Ustedes están conectados.
Kael apartó la mirada inmediatamente.
Como si no quisiera escuchar aquello.
La figura continuó:
—Cuando sus energías se unen, las sombras despiertan completamente.
Lyra recordó lo ocurrido en la cabaña.
La oscuridad reaccionando.
La calma extraña que sintió cuando Kael la sostuvo.
Y entonces comprendió por qué Malik había parecido tan aterrado.
—Por eso nos están buscando —susurró.
Elena asintió lentamente.
—El rey creyó haber destruido a todos los descendientes de las sombras hace años.
Kael levantó la mirada bruscamente.
—¿Descendientes?
La aparición observó al príncipe con una tristeza infinita.
—Tu madre pertenecía al antiguo linaje de Elarion.
El rostro de Kael perdió color.
—No.
—Por eso naciste diferente.
Las sombras alrededor del príncipe explotaron violentamente.
Las antorchas temblaron.
—¡No hables de ella!
La oscuridad cubrió parte de las paredes como humo negro.
Lyra sintió el dolor atravesándolo todo.
Porque aquello no era solo ira.
Era sufrimiento acumulado durante años.
La aparición permaneció tranquila.
—Te hicieron creer que eras una maldición.
Kael respiraba agitadamente.
—Cállate.
—Pero nunca fuiste un monstruo.
Eso fue peor.
Porque por un instante las sombras se detuvieron.
Y Lyra vio algo romperse detrás de los ojos grises del príncipe.
Algo profundamente humano.
Elena avanzó lentamente hacia él.
—Kael…
—No.
El príncipe retrocedió.
Las alas negras se extendieron completamente detrás de él.
Gigantescas.
Hermosas.
Terribles.
—Toda mi vida me encerraron por esto —dijo con la voz quebrada—. Toda mi vida me hicieron creer que nací roto.