La palabra quedó suspendida en el aire.
Hijos.
No hijo.
No heredero.
Hijos.
Lyra observó a Kael mientras el silencio llenaba la biblioteca de Elarion. Las pequeñas luces flotantes seguían moviéndose entre las estanterías, pero el tiempo parecía haberse detenido.
El príncipe no apartaba la mirada de la inscripción.
Su rostro había perdido completamente el color.
—Eso no es posible —dijo finalmente.
La aparición plateada permaneció en silencio.
—Mi madre murió cuando yo era un niño.
—Sí.
—Y nunca tuve hermanos.
La figura lo observó con tristeza.
—Eso es lo que te hicieron creer.
Las sombras comenzaron a moverse lentamente alrededor de las botas de Kael.
No eran violentas esta vez.
Parecían inquietas.
Confundidas.
Como él.
Lyra sintió un escalofrío.
Porque ya sabía hacia dónde se dirigía aquella conversación.
Y no quería pensarlo.
No todavía.
—¿Quién era el otro hijo? —preguntó.
La aparición giró lentamente hacia ella.
Durante unos segundos pareció dudar.
Como si incluso después de tantos años aquella verdad siguiera siendo peligrosa.
—Cuando Lyanna quedó embarazada, los antiguos guardianes realizaron una profecía.
Elena, que había permanecido en silencio desde que entraron en la biblioteca, cerró los ojos.
Como si conociera parte de aquella historia.
—¿Qué profecía? —preguntó Kael.
La figura avanzó lentamente hacia una de las ventanas.
La lluvia seguía golpeando el cristal.
—Dos herederos nacerían bajo la misma luna.
Lyra sintió que la marca de su cuello comenzaba a calentarse.
—Uno llevaría las alas de la noche.
Kael bajó la mirada.
—Y el otro...
La aparición la observó directamente.
—Llevaría el corazón de las sombras.
El silencio se volvió insoportable.
—No —susurró Elena.
Pero nadie la escuchó.
Porque todos estaban comprendiendo lo mismo al mismo tiempo.
—¿Estás diciendo que...?
La voz de Lyra se quebró.
La figura asintió lentamente.
—Los dos hijos fueron separados antes de la caída de Elarion.
Kael retrocedió un paso.
—No.
—Era la única forma de protegerlos.
—No.
Las sombras se agitaron.
La biblioteca pareció oscurecerse.
—No puedes afirmar algo así solo porque existe una profecía.
La aparición no discutió.
Simplemente levantó una mano.
Y las imágenes volvieron a aparecer.
Esta vez sobre el aire.
Como recuerdos hechos de luz.
Lyra vio a una mujer.
La mujer del retrato.
Lyanna.
Estaba sosteniendo dos bebés envueltos en mantas oscuras.
Dos.
No uno.
El corazón de Lyra dejó de latir durante un instante.
Uno de los niños tenía una pequeña marca plateada sobre el cuello.
El otro también.
La misma media luna.
La misma marca que ella y Kael llevaban ahora.
—Antes del ataque —explicó la aparición—, los guardianes supieron que Orion había descubierto la profecía.
Las imágenes continuaron.
Hombres armados.
Sombras.
Fuego.
Gritos.
—Entonces decidieron ocultar a uno de los niños.
Lyra apenas podía respirar.
Observó cómo una mujer escapaba con uno de los bebés hacia el bosque.
Y entonces reconoció aquel rostro.
—Mamá...
Elena bajó la cabeza.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos.
—No quería que lo descubrieras así.
La biblioteca quedó en silencio.
Lyra sintió que el mundo entero giraba a su alrededor.
—Fuiste tú.
Elena asintió lentamente.
—Yo era una guardiana de Elarion.
Kael parecía incapaz de hablar.
La joven observó nuevamente la imagen.
Su madre escapando con un bebé.
Protegiéndolo.
Salvándolo.
—Entonces...
La voz apenas salió de su garganta.
—¿Ese bebé era yo?
Elena tardó varios segundos en responder.
Finalmente levantó la mirada.
Y asintió.
El corazón de Lyra explotó dentro de su pecho.
—No...
Toda su vida.
Toda su vida creyó que Elena era su madre.
Que aquella cabaña era su hogar.
Que el bosque era el único lugar al que pertenecía.
Y ahora...
—¿Quién soy? —susurró.
Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Elena.
—Mi hija.
Lyra la observó.
Confundida.
Dolida.
—Pero no tu hija de sangre.
—No.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
Elena no pudo responder.
Porque no existía una respuesta capaz de arreglar veinte años de mentiras.
El silencio se volvió insoportable.
Entonces Kael habló.
Y su voz sonó extrañamente vacía.
—¿Ella es mi hermana?
La pregunta cayó sobre la habitación como una piedra.
Todos quedaron inmóviles.
La aparición observó a ambos.
Luego negó lentamente.
—No.
Lyra levantó la mirada de golpe.
Kael también.
—¿Qué?
La figura señaló el retrato.
—Los hijos de Lyanna no sobrevivieron juntos.
El silencio volvió.
—Uno murió durante la caída de Elarion.
La biblioteca pareció congelarse.
—¿Entonces quién...?
La aparición observó a Lyra.
—Tú perteneces a otro linaje.
La marca sobre el cuello de la joven ardió intensamente.
—Eres descendiente de la segunda casa de las sombras.
Elena soltó lentamente el aire.
Como si hubiera estado esperando escuchar aquellas palabras.
—La Casa Lunar —susurró.
La figura asintió.
—El último linaje oculto.
Lyra sintió vértigo.
Porque aquella revelación cambiaba todo otra vez.
No era hermana de Kael.
Pero seguía conectada con él.
Seguía formando parte de aquella historia.
Seguía siendo importante para la profecía.