La sala quedó en silencio.
Solo el sonido lejano de los golpes contra las puertas inferiores de la torre rompía la quietud. Los cazadores seguían avanzando.
Y cada minuto estaban más cerca.
Lyra observó a Aedan mientras intentaba comprender lo que acababa de escuchar.
—¿El primer rey de las sombras? —preguntó.
El anciano asintió lentamente.
La luz plateada de la llama iluminaba las arrugas de su rostro.
—Mucho antes de Aeris, antes incluso de Elarion, existió otro reino.
Kael cruzó los brazos.
—Nunca escuché hablar de eso.
—Porque la historia fue borrada.
La respuesta no sorprendió a nadie.
Durante los últimos días, casi todo lo que habían aprendido resultó ser una mentira.
Otro estruendo sacudió la torre.
Polvo cayó desde el techo.
Los cazadores ya estaban dentro.
—No tenemos tiempo para lecciones de historia —dijo Kael.
Aedan lo observó fijamente.
—Esto no es historia.
Es el motivo por el que te persiguen.
El príncipe permaneció en silencio.
El anciano continuó:
—El primer rey de las sombras poseía un poder imposible de controlar. Cuando la oscuridad comenzó a consumirlo, los antiguos guardianes lo encerraron bajo las Montañas Grises.
La llama mostró nuevas imágenes.
Una fortaleza gigantesca construida dentro de una montaña.
Cadenas de plata.
Puertas enormes cubiertas de símbolos.
Y oscuridad.
Oscuridad infinita.
Lyra sintió un escalofrío.
—¿Sigue vivo?
—Nadie lo sabe.
Elena se tensó.
—Creí que la prisión había sido destruida.
—Eso creíamos todos.
La imagen desapareció.
Aedan observó a Kael.
—Pero Orion la estuvo buscando durante años.
El príncipe frunció el ceño.
—¿Por qué?
El anciano soltó una risa amarga.
—Porque cree que el poder puede controlarse.
La respuesta fue suficiente.
Lyra recordó las imágenes de la llama.
Recordó al rey hablando con Malik.
Recordó sus palabras.
"El reino será nuestro."
—Quiere abrir la prisión.
—Sí.
—¿Y necesita algo de nosotros?
Aedan asintió.
—Necesita a ambos.
El silencio cayó sobre la sala.
Kael observó las llamas.
—Por eso nos quiere vivos.
—Exactamente.
Las sombras comenzaron a deslizarse alrededor de las botas del príncipe.
Lentas.
Inquietas.
Como si reaccionaran a sus emociones.
Lyra las observó.
Había notado algo extraño desde que llegaron a la torre.
La oscuridad de Kael parecía diferente.
Más intensa.
Más agresiva.
Y él también parecía diferente.
Más cansado.
Más distante.
—Kael...
El príncipe levantó la mirada.
—¿Qué?
—¿Te encuentras bien?
Por un instante nadie habló.
Aedan observó al príncipe con atención.
Luego Elena bajó la mirada.
Como si hubiera comprendido algo antes que los demás.
—No —dijo finalmente Kael.
La sinceridad de la respuesta sorprendió a Lyra.
El príncipe apoyó una mano contra una columna cercana.
Parecía agotado.
—Desde que nos encontramos...
Las sombras alrededor de él se agitaron.
—Algo cambió.
Lyra sintió frío.
Porque ella también lo había notado.
La energía dentro de ambos era más fuerte cada día.
Más difícil de controlar.
—¿Qué tipo de cambio? —preguntó.
Kael guardó silencio unos segundos.
Luego respondió:
—Escucho voces.
La sala quedó inmóvil.
Aedan cerró los ojos.
—No...
—Al principio eran susurros.
La voz del príncipe se volvió más baja.
—Ahora son más claras.
Las sombras comenzaron a moverse por las paredes.
—Me llaman.
Lyra sintió un nudo en el estómago.
—¿Quiénes?
Kael levantó lentamente la mirada.
Y por primera vez ella vio miedo en sus ojos.
Miedo verdadero.
—No lo sé.
Otro estruendo sacudió la torre.
Más cerca.
Mucho más cerca.
Pero nadie reaccionó.
Porque algo mucho peor estaba ocurriendo.
Las sombras alrededor del príncipe comenzaron a expandirse.
No como antes.
Esta vez parecían escapar de él.
Como si intentaran tomar forma propia.
Aedan avanzó inmediatamente.
—Kael.
—Estoy bien.
—No lo estás.
El príncipe respiraba con dificultad.
La oscuridad seguía creciendo.
Las antorchas comenzaron a apagarse una tras otra.
—Kael.
—¡Dije que estoy bien!
La explosión de energía sacudió toda la sala.
Las sombras atravesaron el suelo como una tormenta negra.
Lyra retrocedió.
Elena hizo lo mismo.
La llama plateada comenzó a temblar.
Y entonces ocurrió.
Por un instante, algo apareció detrás de Kael.
Una silueta.
Gigantesca.
Oscura.
Con alas mucho más grandes que las suyas.
La visión desapareció tan rápido como había llegado.
Pero todos la vieron.
El silencio fue absoluto.
Kael parecía no haberlo notado.
Aedan sí.
Y el horror en su rostro fue imposible de ocultar.
—No puede ser...
El anciano retrocedió un paso.
—¿Qué viste? —preguntó Elena.
Aedan tardó varios segundos en responder.
—Lo está encontrando.
Lyra sintió un escalofrío.
—¿Quién?
La voz del anciano apenas fue un susurro.
—El rey de las sombras.
La habitación pareció congelarse.
Kael levantó la mirada lentamente.
—¿Qué acabas de decir?
Aedan respiró profundamente.
—La prisión no solo mantiene encerrado un cuerpo.
Mantiene encerrada una conciencia.
Las sombras se movieron nuevamente.
Más violentas.
—Y esa conciencia acaba de descubrirte.
El miedo recorrió la sala.
Porque todos comprendieron lo mismo.