Entre Alas y Sombras

Capítulo 12

Besos entre ruinas

La alarma resonaba por toda la torre.

Un sonido profundo y metálico que parecía surgir de las propias piedras de Elarion.

Lyra sintió cómo el miedo recorría cada rincón de su cuerpo.

Los cazadores habían llegado.

Y Malik estaba con ellos.

Pero no era eso lo que más la aterraba.

Era la expresión de Aedan.

Porque desde que el anciano mencionó al rey de las sombras, parecía haber envejecido diez años.

—Tenemos que salir de aquí —dijo Elena.

—Ya es tarde para eso —respondió Aedan.

Otro estruendo sacudió los niveles inferiores.

Las llamas plateadas temblaron.

Y por primera vez desde que habían llegado a la torre, Lyra sintió que Elarion tenía miedo.

—¿Cuánto tiempo tenemos? —preguntó Kael.

—Minutos.

El príncipe soltó lentamente el aire.

Las sombras seguían agitándose a su alrededor.

Cada vez era más evidente que algo estaba ocurriendo dentro de él.

Algo que ni siquiera él comprendía.

Entonces un grito atravesó los corredores.

Lejos.

Pero claramente audible.

Luego otro.

Y otro.

Los cuatro se quedaron inmóviles.

—¿Qué fue eso? —susurró Lyra.

Aedan palideció.

—Los cazadores.

—¿Qué ocurre con ellos?

El anciano observó la oscuridad del corredor.

—No están muriendo por nuestras trampas.

El silencio cayó sobre la sala.

Y entonces llegaron los pasos.

Pesados.

Lentos.

Demasiado lentos.

Como si alguien caminara sin ninguna prisa.

Algo estaba subiendo hacia ellos.

Kael extendió las alas inmediatamente.

Las sombras cubrieron parte del suelo.

—Prepárense.

Los pasos continuaron acercándose.

Uno.

Otro.

Otro más.

Hasta que una figura apareció en la entrada de la sala.

No era Malik.

No era un cazador.

Lyra sintió que el corazón se detenía.

Porque aquello no parecía humano.

Vestía una armadura negra completamente cubierta de grietas plateadas. Su rostro estaba oculto detrás de una máscara antigua y una espada enorme descansaba sobre su hombro.

Pero lo peor eran sus ojos.

Brillaban con una luz blanca imposible.

Vacía.

Muerta.

—No... —susurró Aedan.

La figura inclinó lentamente la cabeza.

Como si los estuviera observando.

Estudiando.

Y entonces habló.

Su voz sonó como varias voces superpuestas.

—Los encontré.

El miedo atravesó la habitación.

Kael dio un paso adelante.

—¿Quién eres?

La criatura permaneció inmóvil.

—Un recuerdo.

La misma respuesta que había dado la aparición.

Pero esta vez sonó equivocada.

Oscura.

Corrupta.

La espada descendió lentamente hasta tocar el suelo.

—Entré hace mucho tiempo.

El silencio se volvió insoportable.

—Y nunca pude salir.

Aedan cerró los ojos.

—Un guardián...

La figura giró lentamente hacia él.

—Lo fui.

Lyra sintió frío.

Aquello había sido humano alguna vez.

Pero ya no.

—La prisión está despertando —continuó la criatura—. El rey llama a sus hijos.

Las sombras alrededor de Kael reaccionaron violentamente.

Como si reconocieran aquellas palabras.

—Mientes.

La figura observó al príncipe.

—Tú puedes escucharlo.

El silencio fue suficiente.

Porque era verdad.

Kael sí podía escucharlo.

Cada noche.

Cada vez con más claridad.

La criatura dio otro paso.

—Él está llegando.

Entonces todo explotó.

Las sombras de Kael atravesaron la sala como una tormenta negra.

La criatura levantó la espada.

La colisión sacudió toda la torre.

Las paredes se agrietaron.

Las llamas plateadas se elevaron varios metros.

Lyra cayó de rodillas.

Nox ladraba desesperadamente.

Elena intentaba mantener el equilibrio.

Y en medio del caos, Kael peleaba.

Las alas negras golpeaban el aire mientras la oscuridad chocaba contra la espada de la criatura.

Pero algo estaba mal.

Muy mal.

Porque Kael estaba perdiendo.

La figura apenas parecía esforzarse.

—Todavía eres débil.

Otro golpe.

Kael salió despedido contra una columna.

La piedra explotó detrás de él.

Lyra sintió un nudo en el estómago.

—¡Kael!

El príncipe intentó levantarse.

Pero la criatura ya estaba frente a él.

La espada se alzó nuevamente.

Y por primera vez, Lyra sintió verdadero terror.

No podía perderlo.

La idea apareció de golpe.

Tan rápida que ni siquiera tuvo tiempo de entenderla.

Solo sabía una cosa.

No quería verlo morir.

La energía violeta explotó bajo su piel.

Las sombras reaccionaron inmediatamente.

Toda la sala comenzó a temblar.

La criatura giró hacia ella.

—Interesante.

Lyra apenas escuchó la voz.

Porque algo mucho más fuerte estaba ocurriendo.

La marca de su cuello ardía.

Y la de Kael también.

La conexión despertó.

Más intensa que nunca.

Más profunda.

Más imposible.

Las sombras dejaron de atacar.

Comenzaron a girar alrededor de ambos.

Como un remolino.

Como una tormenta.

Como si estuvieran intentando unirlos.

La criatura observó aquello.

Y por primera vez pareció inquieta.

—No.

Aedan abrió los ojos con horror.

—¡Deténganse!

Pero era tarde.

La energía ya había despertado.

Lyra corrió hacia Kael.

No sabía qué estaba haciendo.

Solo sabía que debía alcanzarlo.

Debía ayudarlo.

Debía evitar que desapareciera.

El príncipe levantó la mirada.

Sus ojos grises se encontraron con los de ella.

Y durante un segundo, todo el ruido desapareció.

La batalla.

Las sombras.

La torre.

Todo.

Solo quedaron ellos.




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