Las sombras rugieron.
No como una criatura.
No como una tormenta.
Como algo antiguo que acababa de despertar después de siglos de silencio.
La energía que unía a Lyra y Kael atravesó toda la sala subterránea de Elarion. Las llamas plateadas giraban alrededor de ellos mientras la criatura de la armadura negra retrocedía por primera vez.
La espada oscura tembló en sus manos.
—Imposible... —susurró.
Kael permanecía de pie junto a Lyra.
Todavía podía sentir la calidez de su mano.
Todavía podía sentir aquella extraña paz que aparecía cada vez que estaban cerca.
Y por primera vez en años...
Las voces dentro de su cabeza habían desaparecido.
El silencio era absoluto.
No existían susurros.
No existía dolor.
No existía oscuridad.
Solo calma.
La criatura también lo notó.
—Él ya no puede alcanzarte.
Aedan abrió los ojos con sorpresa.
—La conexión...
La figura giró lentamente hacia el anciano.
—Por ahora.
Aquellas palabras fueron suficientes para devolver el miedo a la habitación.
Porque todos entendieron lo que significaban.
La amenaza no había desaparecido.
Solo estaba esperando.
Entonces un sonido atravesó la torre.
Un cuerno de guerra.
Profundo.
Lejano.
Y seguido inmediatamente por otro.
Aedan palideció.
—No...
Kael levantó la mirada.
—¿Qué ocurre?
Pero el anciano ya corría hacia una de las ventanas superiores de la sala.
Cuando observó el exterior, su rostro perdió completamente el color.
—Llegó.
El silencio cayó.
Nadie necesitó preguntar quién.
Porque todos lo sabían.
Malik.
Las puertas principales de Elarion habían caído.
Cientos de soldados ocupaban ahora los niveles inferiores de la torre.
Antorchas iluminaban los corredores antiguos mientras los cazadores avanzaban habitación por habitación.
Pero incluso ellos parecían incómodos.
Asustados.
Porque algo había cambiado en el bosque.
La niebla era más espesa.
Las sombras parecían moverse solas.
Y el aire estaba demasiado frío.
Malik observaba la torre desde el patio principal.
La lluvia continuaba cayendo sobre su armadura negra.
Pero él ni siquiera parecía notarlo.
Sus ojos permanecían fijos en las alturas.
—Los encontraste —dijo una voz detrás de él.
Malik sonrió apenas.
—Sí, Majestad.
El rey Orion avanzó lentamente entre los soldados.
Su capa oscura se agitaba bajo el viento.
Su expresión permanecía tranquila.
Pero sus ojos no.
Había algo peligroso en ellos.
Algo obsesivo.
Algo roto.
—¿Están juntos?
—Sí.
El rey cerró los ojos un instante.
Como si estuviera confirmando un temor que llevaba años persiguiéndolo.
—Entonces la profecía ya comenzó.
En las profundidades de Elarion, Lyra sintió un escalofrío repentino.
Como si alguien acabara de caminar sobre su tumba.
Aedan se alejó lentamente de la ventana.
—Debemos movernos.
—¿Por qué? —preguntó Lyra.
El anciano tardó varios segundos en responder.
—Porque el rey está aquí.
El silencio explotó.
Kael se quedó inmóvil.
—¿Mi padre?
—Sí.
La sombra de algo oscuro cruzó el rostro del príncipe.
—Entonces terminó de esconderse.
Elena avanzó rápidamente.
—Kael, no.
—Toda mi vida huyó de la verdad.
Las sombras comenzaron a moverse otra vez.
Más lentas.
Más controladas.
—Ahora vino a buscarla personalmente.
Lyra observó al príncipe.
Había algo diferente en él.
La rabia seguía allí.
Pero ya no parecía consumirlo.
Ahora tenía dirección.
Y eso era mucho más peligroso.
Entonces un nuevo sonido atravesó la torre.
Pasos.
Muchos pasos.
Muy cerca.
Los cazadores habían encontrado el nivel subterráneo.
Aedan maldijo por lo bajo.
—Por aquí.
Corrieron.
El anciano los guio hacia un corredor oculto detrás de la Llama de la Memoria. La puerta se cerró apenas cruzaron y comenzaron a descender por una escalera de piedra que parecía no terminar nunca.
El aire era cada vez más frío.
Más antiguo.
Más extraño.
—¿Adónde vamos? —preguntó Lyra.
—Al corazón de Elarion.
Kael frunció el ceño.
—Creí que estábamos en él.
—No.
Aedan siguió descendiendo.
—Todo lo que vieron hasta ahora era solo la superficie.
El túnel terminó finalmente en una enorme cámara circular.
Y todos quedaron inmóviles.
La sala era gigantesca.
Columnas negras sostenían un techo perdido en la oscuridad.
Y en el centro...
había un árbol.
Un árbol imposible.
Sus raíces plateadas atravesaban el suelo de piedra y sus ramas brillaban como si estuvieran hechas de luz lunar.
Lyra sintió que la marca de su cuello comenzaba a arder.
Kael también.
—¿Qué es esto? —susurró.
Aedan se acercó lentamente al árbol.
—El primer vínculo.
La energía dentro de la sala vibraba suavemente.
Como un corazón latiendo.
—Aquí nació la unión entre la luz y las sombras.
Lyra observó fascinada las ramas luminosas.
Y entonces vio algo.
Grabado sobre el tronco.
Un símbolo.
Exactamente igual al que compartía con Kael.
La media luna.
—Lo conocía —susurró ella.
Aedan la miró.
—Porque pertenece a tu linaje.
Antes de que pudiera explicar más, una voz resonó detrás de ellos.
—Qué escena tan conmovedora.
El miedo atravesó la sala.
Todos giraron.
Malik estaba allí.
Sonriendo.
Y no estaba solo.
Detrás de él aparecieron decenas de cazadores.
Y entre ellos...
el rey.
Orion.
El silencio fue absoluto.