Entre Alas y Sombras

Capítulo 14

La verdad bajo las cenizas

El silencio cayó sobre la cámara del árbol sagrado.

Nadie se movió.

Nadie respiró.

Las palabras del rey parecían haber congelado el tiempo.

"Tu madre me prometió que jamás despertarías."

Lyra sintió que el corazón golpeaba con fuerza dentro de su pecho.

—¿Mi madre?

Orion la observó sin apartar la mirada.

—Tu verdadera madre.

Elena palideció.

—No...

Pero el rey continuó.

—Ella sabía lo que ocurriría si despertabas.

La energía violeta comenzó a brillar bajo la piel de Lyra.

No por ira.

Por miedo.

Por confusión.

Por demasiadas preguntas acumuladas durante demasiado tiempo.

—¿Quién era ella?

El rey permaneció en silencio unos segundos.

Luego respondió:

—Se llamaba Selene.

La marca del cuello de Lyra ardió violentamente.

Imágenes aparecieron en su mente.

Tan rápidas que apenas podía distinguirlas.

Una mujer riendo.

Cabello oscuro.

Ojos violetas.

Una canción.

Brazos rodeándola cuando era pequeña.

Lyra se llevó una mano a la cabeza.

—¿Qué me está pasando?

Aedan avanzó inmediatamente.

—No lo escuches.

Orion lo ignoró.

—Selene fue la última heredera completa de la Casa Lunar.

Kael observó al rey con creciente desconfianza.

—¿Cómo conocías a su madre?

El rey sonrió.

Pero era una sonrisa triste.

Dolorosa.

—Porque crecimos juntos.

El silencio explotó en la cámara.

Lyra levantó la cabeza.

—¿Qué?

—Selene y Lyanna eran hermanas de juramento.

Elena cerró los ojos.

Como si aquella historia le resultara insoportablemente familiar.

—Basta —susurró.

Pero Orion continuó.

—Las conocí antes de convertirme en rey.

La lluvia golpeaba débilmente las piedras superiores de la torre.

Muy lejos.

Como un eco.

—Antes de la guerra.

Antes de la caída.

Antes de que todo se rompiera.

Kael observaba a su padre sin comprender.

—Entonces conocías la verdad desde el principio.

Orion no respondió.

Y ese silencio fue suficiente.

—Tú sabías que no eran monstruos.

—Sí.

—Sabías que el reino mentía.

—Sí.

La voz de Kael tembló.

—Entonces ¿por qué?

Por primera vez, el rey pareció cansado.

Viejo.

Derrotado.

—Porque vi algo que ustedes no vieron.

Aedan dio un paso adelante.

—¡No te atrevas!

Pero Orion lo ignoró.

—Vi cómo comenzó la oscuridad.

La cámara entera se volvió silenciosa.

Incluso los cazadores parecían escuchar.

—La prisión de las Montañas Grises no existe porque alguien tuviera miedo.

Existe porque algo intentó destruir el mundo.

Lyra sintió un escalofrío.

—¿El primer rey de las sombras?

Orion asintió lentamente.

—No nació malvado.

No nació monstruo.

Pero el poder terminó consumiéndolo.

La energía violeta bajo la piel de Lyra reaccionó.

Y las sombras alrededor de Kael hicieron lo mismo.

—La oscuridad siempre exige más —continuó el rey—. Más poder. Más control. Más fuerza.

Kael dio un paso adelante.

—Eso no justifica lo que hiciste.

—No.

La respuesta sorprendió a todos.

Orion bajó la mirada.

—Nunca lo justificó.

El silencio volvió.

Y por primera vez Lyra comprendió algo.

El rey no parecía orgulloso.

Parecía culpable.

Terriblemente culpable.

Entonces Malik habló.

—Majestad.

El rey levantó una mano.

Silencio.

Nadie debía interrumpir.

—Cuando descubrimos la profecía —continuó—, Selene vino a verme.

La marca del cuello de Lyra ardió nuevamente.

Y de pronto...

La cámara desapareció.

Las voces desaparecieron.

Todo desapareció.

Una habitación iluminada por velas.

Una mujer de cabello oscuro estaba frente a Orion.

Joven.

Hermosa.

Y con lágrimas en los ojos.

Selene.

Lyra lo supo inmediatamente.

La visión parecía un recuerdo.

Uno que no le pertenecía.

—Prométemelo —decía Selene.

Orion parecía desesperado.

—No puedo.

—Debes hacerlo.

La mujer sostenía un bebé entre los brazos.

Una niña.

—Si despierta demasiado pronto, lo encontrará.

El rey negó.

—Todavía podemos escapar.

—No.

Selene lloraba.

—Ya es tarde.

La imagen comenzó a desvanecerse.

Pero antes de desaparecer, Lyra escuchó las últimas palabras de su madre.

—Ocúltala. Pase lo que pase.

Ocúltala.

La visión terminó.

Lyra cayó de rodillas.

Respirando agitadamente.

El árbol brilló intensamente.

Toda la cámara parecía vibrar.

—La viste —susurró Orion.

Las lágrimas corrían por las mejillas de Lyra.

No sabía por qué.

Ni siquiera recordaba realmente a aquella mujer.

Pero el dolor era real.

—Ella quería protegerte.

La joven levantó lentamente la mirada.

—¿De quién?

El silencio se volvió insoportable.

Porque todos conocían la respuesta.

Pero nadie quería decirla.

Finalmente fue Aedan quien habló.

—Del rey de las sombras.

Las raíces luminosas del árbol comenzaron a temblar.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Algo estaba ocurriendo.

Algo malo.

Muy malo.

Orion lo vio inmediatamente.

—No.

Aedan giró.

—¿Qué pasa?

El rey observaba el árbol con horror.

—Llegamos demasiado tarde.

La energía dentro de la cámara explotó.

Las raíces plateadas se agrietaron.

La luz se volvió roja.

Oscura.

Corrupta.

Los cazadores retrocedieron.

Malik desenfundó su espada.

Kael extendió las alas.

Y entonces una voz resonó dentro de las cabezas de todos.

Profunda.




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