Entre Alas y Sombras

Capítulo 15

El heredero de la oscuridad

El silencio desapareció.

Fue reemplazado por algo peor.

Miedo.

Un miedo tan profundo que parecía provenir de la propia tierra.

La grieta negra continuaba expandiéndose por el tronco del árbol sagrado. Las raíces plateadas se retorcían como si estuvieran vivas, intentando contener aquello que emergía desde las profundidades.

Pero estaban perdiendo.

La voz volvió a resonar.

Más fuerte.

Más cercana.

—Mi heredero.

Kael permanecía inmóvil.

Las sombras se agitaban violentamente a su alrededor.

Lyra sintió que el corazón se le detenía.

Porque el príncipe parecía estar escuchando algo que nadie más podía oír.

—Kael... —susurró.

Él no respondió.

Sus ojos grises se habían oscurecido.

Como si estuviera mirando algo lejano.

Algo invisible para los demás.

—Kael.

Esta vez él giró lentamente la cabeza.

Pero había algo extraño en su expresión.

Confusión.

Dolor.

Y una lucha desesperada.

—Lo escucho —murmuró.

Aedan palideció.

—No.

La voz continuó.

—Ven a mí.

Las sombras se elevaron alrededor del príncipe.

Como alas hechas de humo.

Como manos intentando alcanzarlo.

Lyra avanzó inmediatamente.

—No lo escuches.

Kael cerró los ojos.

Y por un instante pareció recuperar el control.

Pero la presencia era demasiado fuerte.

Demasiado antigua.

Demasiado poderosa.

—Eres mío.

El aire explotó.

Una ola de oscuridad atravesó toda la cámara.

Los cazadores salieron despedidos contra las paredes.

Las raíces luminosas comenzaron a quebrarse.

Malik cayó de rodillas.

Incluso Orion tuvo que sujetarse a una columna para no caer.

Y en el centro de todo...

Kael gritó.

Un grito desgarrador.

Como si algo estuviera intentando arrancarle el alma.

—¡KAEL!

Lyra corrió hacia él.

Pero una barrera de sombras apareció entre ambos.

La oscuridad era tan densa que parecía sólida.

—¡Kael!

El príncipe cayó de rodillas.

Sus alas negras se extendieron completamente.

Más grandes que nunca.

Más oscuras.

Más aterradoras.

La voz resonó nuevamente.

Y esta vez todos pudieron escucharla.

—Levántate.

La grieta del árbol siguió creciendo.

Una mano comenzó a emerger desde la oscuridad.

Gigantesca.

Cubierta por sombras vivas.

El terror recorrió la sala.

Aedan retrocedió.

—Está rompiendo el sello.

Orion desenfundó una espada plateada.

—¡No podemos permitirlo!

Malik levantó la mirada.

—¿Qué hacemos?

Por primera vez desde que Lyra lo conocía, el rey parecía desesperado.

—Si sale de la prisión...

No terminó la frase.

No hacía falta.

Todos comprendían las consecuencias.

Entonces ocurrió algo inesperado.

Kael levantó lentamente la cabeza.

Y habló.

Pero aquella voz no parecía completamente suya.

—Déjenlo...

El silencio cayó sobre la cámara.

Lyra sintió hielo recorrerle las venas.

—¿Kael?

El príncipe sonrió.

Una sonrisa extraña.

Vacía.

—Ya terminó.

Las sombras comenzaron a cubrir su piel.

Aedan reaccionó inmediatamente.

—¡No!

La oscuridad avanzaba por los brazos de Kael como tinta líquida.

Lyra observó horrorizada.

Porque no era un ataque.

Era una posesión.

La presencia estaba entrando en él.

Tomando control.

La voz volvió a resonar.

—Ábreme la puerta.

La grieta siguió expandiéndose.

Las raíces comenzaron a romperse una tras otra.

La prisión estaba cayendo.

Y Kael era la llave.

—¡Haz algo! —gritó Elena.

Aedan parecía incapaz de moverse.

Orion apretó con fuerza la espada.

Pero incluso él parecía saber que era demasiado tarde.

Entonces Lyra recordó algo.

Las palabras de la visión.

"El vínculo solo despierta cuando dos corazones eligen permanecer."

La conexión.

Ella.

Kael.

La respuesta había estado allí todo el tiempo.

Sin pensarlo, atravesó la barrera de sombras.

El dolor fue insoportable.

La oscuridad quemó su piel.

Intentó empujarla hacia atrás.

Pero siguió avanzando.

Un paso.

Luego otro.

Hasta llegar a él.

—Lyra, no —gritó Elena.

Pero ella ya había tomado una decisión.

Llegó hasta Kael.

Y sujetó ambas manos entre las suyas.

La oscuridad explotó.

Una tormenta de energía recorrió la cámara.

Las raíces brillaron.

Las sombras rugieron.

La voz gritó furiosa dentro de sus cabezas.

—¡NO!

Lyra cerró los ojos.

Y se aferró a él.

—No estás solo.

La oscuridad intentó separarlos.

Pero ella no soltó sus manos.

—Escúchame.

Kael respiraba con dificultad.

Como si estuviera luchando bajo el agua.

—Regresa.

La voz del rey de las sombras rugió.

—ÉL ES MÍO.

La energía violeta explotó desde el cuerpo de Lyra.

La marca de su cuello ardió.

Y la de Kael respondió.

Por un instante, ambos fueron arrastrados a otro lugar.

Un espacio hecho de oscuridad infinita.

Un vacío sin cielo.

Sin tierra.

Sin tiempo.

Y allí lo vieron.

Al rey de las sombras.

Gigantesco.

Envuelto en alas negras que parecían cubrir el horizonte entero.

Sus ojos brillaban como dos lunas oscuras.

Y frente a él...

estaba Kael.

Solo.

Atrapado.

La criatura sonrió.

—Al fin.

Lyra sintió terror.

Pero avanzó igualmente.

—No te pertenece.

El rey de las sombras la observó.

Y por primera vez pareció sorprendido.




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