Entre Alas y Sombras

Capítulo 17

La primera puerta

La columna negra atravesaba el cielo.

Parecía una herida abierta entre las estrellas.

Desde la terraza de Elarion, Lyra podía verla crecer segundo a segundo, elevándose sobre las Montañas Grises como una sombra imposible.

El viento se volvió más frío.

Más pesado.

Y por primera vez desde que había descubierto la verdad sobre sí misma, sintió miedo del futuro.

Miedo real.

—¿Quién la abrió? —preguntó.

Aedan permanecía inmóvil observando el horizonte.

—No lo sé.

—¿Malik?

—No.

La respuesta llegó demasiado rápido.

—Malik no posee el poder necesario.

Kael observó la columna oscura.

La marca de su cuello seguía brillando.

—Entonces alguien más está involucrado.

El silencio fue suficiente para confirmar aquella sospecha.

Algo se movía detrás de los acontecimientos.

Algo que todavía no comprendían.

Entonces las campanas de Elarion comenzaron a sonar.

Una tras otra.

Profundas.

Urgentes.

Toda la torre pareció despertar.

Puertas antiguas se abrieron.

Corredores iluminados durante siglos comenzaron a brillar nuevamente.

Runas plateadas aparecieron sobre las paredes.

Lyra retrocedió un paso.

—¿Qué está pasando?

Aedan parecía sorprendido.

—La torre está reaccionando.

—¿A la prisión?

—No.

El anciano giró lentamente hacia ella.

—A ti.

El silencio cayó nuevamente.

Antes de que Lyra pudiera responder, una vibración recorrió toda la estructura.

El suelo tembló.

Las columnas resonaron.

Y una luz violeta surgió desde algún lugar profundo bajo la torre.

La misma energía que vivía dentro de ella.

La misma energía que había despertado junto a Kael.

—No entiendo...

Entonces una voz resonó.

Pero esta vez no provenía del rey de las sombras.

Ni de la prisión.

Ni de una visión.

Provenía de Elarion.

—La heredera ha regresado.

El corazón de Lyra se detuvo.

La voz era femenina.

Antigua.

Poderosa.

Y toda la torre parecía hablar a través de ella.

Aedan cayó de rodillas.

Elena abrió los ojos con sorpresa.

Incluso Orion parecía incapaz de ocultar su asombro.

—Es imposible —susurró.

La luz violeta comenzó a extenderse por los corredores.

Las piedras brillaron.

Los vitrales antiguos despertaron.

Y entonces el suelo bajo los pies de Lyra se abrió lentamente.

No como una trampa.

Como una invitación.

Una escalera apareció.

Descendiendo hacia la oscuridad.

Hacia el corazón más profundo de Elarion.

—La torre te está llamando —dijo Aedan.

Lyra observó la abertura.

Sentía algo extraño.

Una sensación familiar.

Como si hubiera estado esperando aquel momento toda su vida.

—No vas sola.

Kael ya estaba a su lado.

Ella lo miró.

—Podría ser peligroso.

—Todo desde que te conocí es peligroso.

Por primera vez en horas, Lyra sonrió.

Y Kael también.

Descendieron juntos.

Aedan los siguió.

Elena y Orion permanecieron arriba.

La tensión entre ellos era demasiado grande para ignorarla.

Pero había algo más importante ahora.

La escalera parecía interminable.

Cada nivel estaba cubierto por símbolos antiguos.

Algunos representaban alas.

Otros lunas.

Otros sombras.

Y todos brillaban a medida que Lyra avanzaba.

Finalmente llegaron a una enorme puerta circular.

Más antigua que cualquier cosa vista hasta entonces.

En el centro había dos marcas.

Una media luna oscura.

Y unas alas negras.

La marca de Lyra.

La marca de Kael.

—Solo ustedes pueden abrirla —murmuró Aedan.

El corazón de Lyra comenzó a acelerarse.

Ella y Kael se acercaron lentamente.

Y colocaron sus manos sobre los símbolos.

La reacción fue inmediata.

La puerta tembló.

La luz inundó la cámara.

Y el sello comenzó a abrirse.

Centímetro a centímetro.

Como si no hubiera sido tocado durante siglos.

Cuando finalmente se abrió por completo, el aire escapó desde el interior.

Antiguo.

Silencioso.

Olvidado.

Lyra entró primero.

Y dejó de respirar.

La sala era inmensa.

Circular.

Cubierta por miles de cristales suspendidos en el aire.

Cada uno brillaba con una luz diferente.

Azul.

Dorada.

Plateada.

Violeta.

Parecían estrellas atrapadas dentro de la piedra.

—¿Qué es este lugar? —susurró.

Aedan observó la sala con emoción.

—La Cámara de los Recuerdos.

Kael levantó la mirada.

—¿Recuerdos de quién?

El anciano tardó varios segundos en responder.

—De todos los guardianes que existieron.

El silencio llenó la habitación.

Entonces uno de los cristales comenzó a brillar.

Luego otro.

Y otro más.

Miles de luces despertaron simultáneamente.

Las imágenes aparecieron alrededor de ellos.

Ciudades antiguas.

Guerras olvidadas.

Reyes desaparecidos.

Generaciones enteras observándolos desde el pasado.

Y en medio de todo...

una figura.

Una mujer.

Cabello oscuro.

Ojos violetas.

Selene.

Lyra sintió que el mundo desaparecía.

Porque esta vez no era un recuerdo.

La mujer la estaba mirando.

Directamente.

—Hola, pequeña luna.

Las lágrimas aparecieron instantáneamente en los ojos de Lyra.

—Mamá...

Selene sonrió.

Una sonrisa llena de amor.

Y también de tristeza.

—Si estás viendo esto, significa que fallé.

El silencio se volvió insoportable.

Kael permaneció a su lado.

Sin decir una palabra.

—Intenté protegerte.

Intenté ocultarte.

Pero sabía que algún día despertarías.




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