Entre Alas y Sombras

Capítulo 19

La voz en la oscuridad

La temperatura descendió de golpe.

El aire se volvió tan frío que respirar resultaba doloroso.

Lyra sintió cómo el miedo recorría cada rincón de su cuerpo mientras aquella voz resonaba una vez más dentro de la Cámara de los Recuerdos.

—Al fin encontré la grieta.

No era una voz humana.

No era una voz mágica.

Parecía provenir de todas partes al mismo tiempo.

De las paredes.

Del suelo.

De la montaña.

Del propio mundo.

Las luces de la cámara se apagaron una tras otra.

La oscuridad comenzó a extenderse por los cristales rotos.

Como tinta derramándose sobre agua.

Como una enfermedad.

Como hambre.

Aedan retrocedió inmediatamente.

—Debemos salir de aquí.

—¿Qué es eso? —preguntó Lyra.

El anciano parecía incapaz de apartar la vista de las sombras.

—La corrupción.

Kael observó cómo la oscuridad avanzaba por las paredes.

—No.

No era oscuridad.

Todos giraron hacia él.

El príncipe permanecía inmóvil.

Escuchando.

Sintiendo.

Y entonces habló nuevamente.

—Es vacío.

El silencio cayó sobre la sala.

Porque aquella palabra parecía mucho más aterradora.

Vacío.

No sombra.

No noche.

No oscuridad.

Ausencia.

Nada.

La voz volvió a resonar.

Más cerca.

—Los hijos del equilibrio.

Las grietas continuaron extendiéndose.

Lyra sintió que la marca de su cuello ardía.

La energía violeta reaccionaba.

Como si intentara defenderse.

Como si reconociera al enemigo.

—Nos está buscando —susurró.

Kael asintió.

—Sí.

Y nos encontró.

Entonces uno de los cristales rotos comenzó a brillar.

Durante un segundo pareció normal.

Luego explotó.

Una sombra líquida cayó al suelo.

Y comenzó a moverse.

Aedan levantó inmediatamente una barrera de luz plateada.

—¡Atrás!

La sustancia oscura chocó contra la barrera.

Y la luz comenzó a desaparecer.

Consumida.

Devorada.

Como si nunca hubiera existido.

El anciano abrió los ojos con horror.

—No puede ser.

Lyra comprendió inmediatamente.

Aquello no destruía la magia.

La comía.

La devoraba.

Por eso la llamaban así.

La Devoradora.

Entonces la sustancia comenzó a tomar forma.

Una figura.

Humana.

Más o menos.

Con brazos demasiado largos.

Y un rostro completamente vacío.

Sin ojos.

Sin boca.

Sin expresión.

Solo un hueco oscuro donde debería existir una cara.

El terror recorrió la sala.

—¿Qué es eso? —susurró Lyra.

Aedan no respondió.

Porque ni siquiera él parecía saberlo.

La criatura levantó lentamente la cabeza.

Y entonces habló.

Con la misma voz de la Devoradora.

—Qué pequeños son.

Kael extendió las alas inmediatamente.

Las sombras aparecieron.

Pero esta vez eran distintas.

Más estables.

Más fuertes.

La conexión con Lyra seguía presente.

Y eso cambiaba todo.

—Aléjate de ella.

La criatura giró lentamente hacia él.

Y por primera vez pareció interesada.

—El heredero.

El aire vibró.

Las sombras alrededor de Kael reaccionaron.

Como si estuvieran respondiendo a algo antiguo.

Algo que llevaba siglos esperando.

—Llevas su sangre.

Kael tensó la mandíbula.

—No soy él.

La criatura inclinó la cabeza.

—Todavía no.

Y atacó.

La velocidad fue imposible.

Un instante estaba inmóvil.

Al siguiente ya estaba frente a Kael.

La colisión sacudió toda la cámara.

Las sombras y el vacío chocaron violentamente.

Los cristales estallaron.

Las columnas temblaron.

Lyra sintió el impacto incluso a varios metros de distancia.

Pero algo inesperado ocurrió.

Por primera vez...

La criatura retrocedió.

No mucho.

Solo un paso.

Pero retrocedió.

La sorpresa apareció en aquel rostro vacío.

—Interesante.

Kael también pareció sorprendido.

Las sombras alrededor de sus brazos brillaban con un leve resplandor plateado.

Lyra lo comprendió inmediatamente.

No eran solo sus sombras.

La energía de ambos seguía conectada.

Y esa unión era más fuerte de lo que imaginaban.

La criatura también lo comprendió.

Porque giró lentamente hacia Lyra.

Y la habitación entera pareció enfriarse.

—La hija de Selene.

El corazón de Lyra se aceleró.

—¿Conociste a mi madre?

Durante unos segundos nadie habló.

Luego la criatura respondió.

—La recuerdo gritando.

El miedo se convirtió en ira.

Una ira tan intensa que la energía violeta explotó alrededor de Lyra.

Las paredes temblaron.

Los fragmentos de cristal comenzaron a elevarse.

—No hables de ella.

La criatura pareció sonreír.

Aunque no tenía rostro.

—Ella intentó detenerme.

Las luces de la cámara parpadearon.

—Como todos los demás.

Entonces algo ocurrió.

La marca del cuello de Lyra ardió con tanta fuerza que cayó de rodillas.

Imágenes aparecieron en su mente.

Miles.

Millones.

Personas.

Ciudades.

Reinos.

Todo siendo consumido por aquella presencia.

Todo desapareciendo.

Todo olvidado.

Y en medio de aquellas visiones...

vio a alguien.

Un hombre de alas negras.

De pie frente a una puerta gigantesca.

Solo.

Sosteniendo el sello mientras el mundo se derrumbaba detrás de él.

El rey de las sombras.

Y entonces comprendió la verdad.

No había permanecido encerrado porque fuera un monstruo.




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