Entre Alas y Sombras

Capítulo 25

La traidora entre nosotros

El viaje hacia el norte comenzó bajo un cielo gris.

Las nubes cubrían el sol como un presagio silencioso mientras el grupo avanzaba entre bosques antiguos y senderos olvidados.

Nadie hablaba demasiado.

La apertura de la segunda puerta pesaba sobre todos.

Cada hora que pasaba acercaba a la Devoradora a la libertad.

Y cada hora reducía las posibilidades de detenerla.

Lyra cabalgaba junto a Kael.

Por momentos observaba el horizonte.

Por momentos lo observaba a él.

Desde la revelación sobre el Santuario del Origen, algo había cambiado.

No en la forma en que se trataban.

Sino en la forma en que se miraban.

Como si ambos comprendieran que el tiempo podía ser mucho más corto de lo que deseaban.

Y eso hacía que cada momento importara más.

—¿En qué piensas? —preguntó Kael.

Lyra sonrió.

—En demasiadas cosas.

—Eso no responde nada.

—Lo sé.

Por primera vez en días, el príncipe pareció relajarse un poco.

—Entonces intentaré adivinar.

—Adelante.

—Estás pensando en la profecía.

—No.

—En el Santuario.

—Tampoco.

—Entonces me rindo.

Lyra bajó la mirada.

—Pensaba en qué haré cuando todo termine.

El silencio apareció entre ambos.

Porque ninguno estaba acostumbrado a imaginar un futuro.

Siempre habían vivido intentando sobrevivir al presente.

—¿Y qué harás? —preguntó Kael.

Ella sonrió.

—Todavía no lo sé.

Luego lo observó.

—¿Y tú?

El príncipe permaneció callado durante varios segundos.

Finalmente respondió.

—Nunca pensé que tendría un después.

Aquellas palabras dolieron más de lo que deberían.

Porque eran sinceras.

Porque durante toda su vida Kael había esperado convertirse en un monstruo.

O morir antes de lograrlo.

Nunca había imaginado otra posibilidad.

Lyra extendió una mano.

Y tomó la suya.

—Entonces tendrás que aprender.

Kael la observó.

Y sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Real.

Y precisamente por eso tan valiosa.

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Tres días después llegaron a las Tierras Silenciosas.

Una región que no aparecía en la mayoría de los mapas.

El paisaje había cambiado.

Los árboles eran más altos.

Más antiguos.

Las montañas parecían tocar el cielo.

Y algo extraño flotaba en el aire.

Una sensación de vigilancia.

Como si el propio mundo estuviera observándolos.

El rey de las sombras fue el primero en notarlo.

—Estamos cerca.

Aedan levantó la vista.

—¿Del Santuario?

—Sí.

El antiguo guardián parecía inquieto.

Más de lo habitual.

Y aquello preocupó a Lyra.

Porque era un hombre que había enfrentado mil años de oscuridad.

Si él estaba nervioso...

Había motivos.

Entonces Elena se acercó.

—Hay algo que quiero mostrarles.

Todos se giraron.

La mujer sostenía un antiguo pergamino.

Uno que había encontrado en los archivos de Elarion antes de partir.

—Lo estuve traduciendo durante el viaje.

Aedan tomó el documento.

—¿Y?

Elena respiró profundamente.

—La profecía está incompleta.

El silencio cayó.

—¿Qué significa eso? —preguntó Lyra.

—Que faltaba una parte.

Todos se acercaron.

La mujer desplegó el pergamino.

Las letras antiguas brillaban débilmente.

Y comenzó a leer:

"Cuando la Llave despierte y el Heredero regrese, el equilibrio volverá a caminar sobre la tierra."

Aquella parte ya la conocían.

Pero Elena continuó.

"Mas cuidado con la tercera sombra..."

El rey de las sombras levantó la mirada.

"Pues no toda oscuridad nace del vacío."

El silencio se volvió pesado.

"Y no toda traición viene del enemigo."

Nadie habló.

Porque aquellas palabras resultaban demasiado específicas.

Demasiado inquietantes.

"Cuando la tercera puerta se acerque, el traidor caminará entre los elegidos."

Un escalofrío recorrió al grupo.

—¿Un traidor? —susurró Lyra.

Elena asintió.

—Eso parece.

Kael frunció el ceño.

—¿Por qué nadie conocía esta parte?

—Porque estaba oculta bajo magia antigua.

Aedan parecía preocupado.

Muy preocupado.

—Entonces alguien nos acompaña...

Y no está de nuestro lado.

Nadie dijo nada después de eso.

Pero la desconfianza acababa de nacer.

Y una vez que aparece...

Es difícil destruirla.

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Aquella noche acamparon cerca de un lago rodeado de piedras blancas.

El fuego crepitaba suavemente.

Los demás dormían.

O al menos lo intentaban.

Lyra no podía.

La profecía no dejaba de repetirse en su cabeza.

"El traidor caminará entre los elegidos."

Miró alrededor.

Aedan dormía cerca del fuego.

El rey de las sombras permanecía despierto observando las estrellas.

Kael descansaba bajo un árbol.

Elena parecía estar leyendo algo junto al agua.

Todo parecía normal.

Y sin embargo...

Algo se sentía mal.

Muy mal.

Entonces escuchó una voz.

Un susurro.

Lejano.

Casi imperceptible.

Lyra se puso de pie.

Miró alrededor.

Nadie parecía haberlo oído.

El susurro volvió.

Provenía del bosque.

Antes de pensarlo demasiado, comenzó a caminar.

Los árboles ocultaron rápidamente el campamento.

El sonido continuaba guiándola.

Más profundo.

Más lejos.

Hasta que llegó a un pequeño claro.

Y allí se detuvo.

Porque alguien estaba esperando.

Una figura encapuchada.

Inmóvil.

Observándola.

Lyra sintió que el corazón se aceleraba.

—¿Quién eres?




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