El mundo pareció detenerse.
Lyra permaneció inmóvil en medio del claro, incapaz de apartar la vista de la joven que tenía delante.
Era imposible.
Absolutamente imposible.
Y aun así estaba allí.
La misma estatura.
Los mismos ojos violetas.
El mismo cabello oscuro.
Incluso la marca brillante en el cuello era idéntica.
Como si estuviera observando su propio reflejo.
La desconocida sonrió.
—Sabía que reaccionarías así.
Lyra dio un paso atrás.
—No.
La joven inclinó la cabeza.
—¿No?
—Esto no es real.
La sonrisa se amplió.
—Es exactamente lo que pensé la primera vez que escuché hablar de ti.
El corazón de Lyra latía con violencia.
Miles de preguntas atravesaban su mente.
—Mi madre solo tuvo una hija.
—Eso es lo que te dijeron.
El silencio cayó entre ambas.
La desconocida comenzó a caminar lentamente.
No parecía amenazante.
No llevaba armas.
No mostraba intención de atacar.
Y eso hacía que resultara aún más inquietante.
—¿Quién eres?
La joven se detuvo.
La luna iluminó completamente su rostro.
—Mi nombre es Nerys.
Lyra sintió que aquel nombre no significaba nada.
Y al mismo tiempo parecía extrañamente familiar.
Como un recuerdo olvidado.
Como algo enterrado muy profundo.
—No te conozco.
—Lo sé.
Nerys bajó la mirada.
Y por primera vez la tristeza apareció en sus ojos.
—Porque me ocultaron.
Mientras tanto, en el campamento, Kael abrió los ojos de golpe.
Algo estaba mal.
Lo sintió inmediatamente.
La conexión entre él y Lyra vibró como una cuerda tensa.
Inestable.
Extraña.
Se incorporó rápidamente.
—Lyra.
El lugar donde ella había estado descansando estaba vacío.
El miedo apareció de inmediato.
—Kael.
El rey de las sombras ya estaba de pie.
Como si también hubiera sentido algo.
—No está aquí.
Aedan despertó sobresaltado.
—¿Qué ocurre?
—Lyra desapareció.
El silencio duró apenas un segundo.
Luego todos comenzaron a moverse.
En el claro, Nerys observó el cielo.
—Selene intentó protegernos.
La respiración de Lyra se volvió irregular.
—¿Nosotras?
—Sí.
La joven volvió a mirarla.
—Porque éramos dos.
Una visión apareció repentinamente en la mente de Lyra.
Una mujer.
Selene.
Sosteniendo dos bebés recién nacidas.
Dos niñas idénticas.
Dos marcas brillando débilmente sobre su piel.
Lyra se tambaleó.
—No...
—Lo recuerdas.
—No.
—Sí.
La visión desapareció.
Pero el dolor permaneció.
Porque una parte de ella sabía que aquello podía ser verdad.
Una parte que no quería admitirlo.
—¿Dónde estuviste todos estos años?
Nerys permaneció en silencio.
Luego respondió:
—Donde me enviaron.
—¿Quién?
La joven sonrió.
Y aquella sonrisa hizo que el frío recorriera el cuerpo de Lyra.
—La Devoradora.
El mundo pareció romperse.
—¿Qué?
—Ella me encontró primero.
La oscuridad del bosque pareció volverse más profunda.
Más pesada.
Más viva.
—Mientes.
—Ojalá.
Nerys bajó la mirada.
—Durante años creí que era mi salvadora.
Creí que Selene me había abandonado.
Creí que tú ocupaste mi lugar.
Las lágrimas aparecieron brevemente en sus ojos.
Pero desaparecieron tan rápido como llegaron.
—Y cuando descubrí la verdad...
ya era demasiado tarde.
Lyra sintió miedo.
No porque Nerys estuviera allí.
Sino porque parecía sincera.
Demasiado sincera.
—¿Por qué me buscaste?
La respuesta llegó inmediatamente.
—Porque van a morir.
El silencio cayó.
—¿Qué?
—Todos ustedes.
Nerys dio un paso adelante.
—No entienden lo que está despertando.
La segunda puerta no es el problema.
Ni siquiera la tercera.
Lyra recordó las palabras del rey de las sombras.
Las siete puertas.
Los siete sellos.
—¿Qué sucede cuando se abre la última?
Por primera vez el rostro de Nerys mostró auténtico terror.
—El mundo termina.
Aquellas palabras parecieron absorber toda la luz del claro.
—No.
—Sí.
La joven respiró profundamente.
—Y la Devoradora ya sabe cómo lograrlo.
Un ruido entre los árboles interrumpió la conversación.
Nerys levantó la cabeza.
Y sonrió.
—Llegaron rápido.
Kael apareció primero.
Las sombras lo rodeaban.
Sus alas parcialmente desplegadas.
Listo para luchar.
El rey de las sombras surgió detrás de él.
Aedan y Elena llegaron segundos después.
Todos quedaron inmóviles al ver a Nerys.
Porque era imposible ignorar el parecido.
Elena fue la primera en hablar.
—Por los antiguos...
Aedan palideció.
—No puede ser.
El rey de las sombras observó a la joven durante varios segundos.
Como si estuviera viendo un fantasma.
—Selene nunca me dijo que sobrevivió.
Nerys sonrió con amargura.
—Porque pensó que estaba muerta.
Kael se colocó delante de Lyra.
Protector.
Instintivamente.
—¿Quién eres?
La joven lo observó.
Y algo extraño cruzó por sus ojos.
Reconocimiento.
Curiosidad.
Tal vez compasión.
—La persona que intentó advertirles.
Entonces levantó la mirada hacia el cielo.
Y toda la expresión de su rostro cambió.
El miedo regresó.
Más intenso que antes.
—Es tarde.
Todos siguieron su mirada.
Y quedaron paralizados.
Porque sobre las montañas del norte acababa de aparecer una tercera columna negra.
Más grande que las anteriores.
Más oscura.
Más terrible.