La tercera columna negra atravesaba el cielo.
Más inmensa que las anteriores.
Más oscura.
Más aterradora.
Parecía una cicatriz abierta sobre el mundo.
Nadie habló.
Nadie podía.
Porque todos comprendían que algo había cambiado.
Algo irreversible.
Nerys observaba el horizonte con el rostro pálido.
—No debería haber ocurrido tan pronto.
El rey de las sombras se giró hacia ella.
—¿Qué despertó?
La joven permaneció en silencio.
Por primera vez desde que apareció parecía verdaderamente asustada.
—Nerys.
La voz del antiguo guardián sonó firme.
—Dinos la verdad.
Ella cerró los ojos.
Y cuando volvió a abrirlos, había lágrimas brillando en ellos.
—La Devoradora no estaba sola.
El silencio cayó sobre el bosque.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Lyra.
—Que nunca fue la única prisionera.
El corazón de Kael se aceleró.
Porque aquellas palabras le resultaban demasiado familiares.
Demasiado parecidas a la verdad que habían descubierto sobre el rey de las sombras.
Una mentira escondiendo otra mentira.
Otra vez.
—Habla —ordenó Orion.
Nerys lo ignoró.
Su atención permanecía fija en la columna oscura.
—Cuando la prisión fue creada, tres seres fueron encerrados.
Aedan abrió los ojos con horror.
—No...
—Sí.
La joven respiró profundamente.
—La Devoradora.
El rey de las sombras.
Y el Guardián del Umbral.
El nombre pareció resonar en el aire.
Como un eco antiguo.
Olvidado.
Prohibido.
—Jamás escuché hablar de él —dijo Elena.
—Porque fue borrado de la historia.
El rey de las sombras permaneció inmóvil.
Pero Lyra notó algo extraño.
Reconocimiento.
Como si sí conociera aquel nombre.
—Lo recuerdas —susurró.
El hombre no respondió inmediatamente.
Luego asintió.
—Sí.
El silencio se volvió absoluto.
—¿Quién era? —preguntó Kael.
El antiguo guardián observó las montañas.
Y una sombra de dolor atravesó su expresión.
—Mi hermano.
Nadie habló durante varios segundos.
Porque aquella revelación parecía imposible.
Kael observó al rey de las sombras.
—¿Tenías un hermano?
—Hace mucho tiempo.
La voz del hombre sonó distante.
Como si estuviera recordando una vida que ya no le pertenecía.
—Se llamaba Arkan.
Lyra vio cómo las manos del rey se tensaban.
—Éramos guardianes juntos.
Protegíamos el equilibrio.
Luchábamos por el mismo propósito.
Nerys bajó la mirada.
Como si conociera el resto de la historia.
—¿Qué ocurrió? —preguntó Lyra.
El rey cerró los ojos.
—La guerra.
El viento pareció volverse más frío.
—Mientras yo intentaba contener a la Devoradora...
Arkan intentó destruirla.
El silencio cayó.
—Y falló.
—No.
La respuesta llegó como un cuchillo.
—Peor.
El hombre levantó lentamente la mirada.
—La escuchó.
Nadie necesitó preguntar quién.
Todos comprendieron.
La Devoradora.
—Ella encontró su miedo.
Su rabia.
Su desesperación.
Y lo convirtió en algo diferente.
Kael sintió un escalofrío.
Porque conocía aquella historia.
No exactamente.
Pero sí el proceso.
Había estado a punto de ocurrirle a él.
—Fue corrompido.
El rey asintió.
—Y para detenerlo tuvimos que encerrarlo también.
La tercera prisión.
El tercer secreto.
El tercer nombre borrado de la historia.
Aquella noche nadie durmió.
El grupo continuó avanzando hacia el Santuario del Origen.
Pero la tensión era evidente.
La tercera puerta abierta significaba que Arkan era libre.
O estaba a punto de serlo.
Y nadie sabía en qué se había convertido después de mil años.
Lyra caminaba junto a Nerys.
Por primera vez a solas.
El silencio entre ambas era incómodo.
Extraño.
Doloroso.
Finalmente Lyra habló.
—¿Por qué me buscaste realmente?
Nerys tardó varios segundos en responder.
—Porque no quería estar sola.
Aquella sinceridad la sorprendió.
—¿Eso es todo?
—No.
La joven sonrió tristemente.
—También quería saber si eras real.
Lyra bajó la mirada.
Porque comprendía ese sentimiento.
Toda su vida había buscado respuestas.
Familia.
Un lugar.
Algo.
Y ahora descubría que tenía una hermana.
—¿Me odias?
La pregunta tomó a Lyra por sorpresa.
—¿Qué?
—Durante años creí que tú tenías la vida que me quitaron.
La voz de Nerys apenas era un susurro.
—Y aun así...
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Cuando te vi... solo encontré a alguien tan perdida como yo.
Por primera vez desde que apareció, Lyra sintió algo distinto al miedo.
Compasión.
Porque ambas habían sido víctimas de la misma historia.
Solo en lados diferentes.
Entonces un rugido atravesó el cielo.
Todos se detuvieron.
La tierra tembló bajo sus pies.
Los árboles comenzaron a sacudirse violentamente.
Y una presencia inmensa apareció.
Antigua.
Terrible.
Furiosa.
El rey de las sombras se puso de pie inmediatamente.
—No...
Kael sintió cómo la sangre se congelaba en sus venas.
Porque aquella presencia no se parecía a la de la Devoradora.
Ni a la del vacío.
Ni siquiera a la de un monstruo.
Parecía una tormenta viva.
Un dios enfurecido.
Y entonces lo vieron.
En la cima de una montaña lejana.
Una figura gigantesca.
Cubierta por armadura oscura.
Con alas negras tan grandes que ocultaban las estrellas.
Pero aquellas alas estaban rotas.
Destrozadas.
Corrompidas.