Entre Alas y Sombras

Capítulo 28

El eco de la guerra antigua

El mundo tembló.

La voz de Arkan resonó sobre montañas, bosques y océanos como un trueno nacido antes del tiempo.

—Hermano...

Las nubes se abrieron.

El cielo se oscureció.

Y por un instante pareció que la propia realidad estaba retrocediendo ante aquella presencia.

Nadie habló.

Nadie podía.

Incluso el rey de las sombras permanecía inmóvil.

Observando a la figura que se alzaba en la distancia.

Su hermano.

El hombre que había perdido mil años atrás.

El hombre que ahora parecía una pesadilla viviente.

—Eso no es un guardián —susurró Elena.

No.

Ya no lo era.

Arkan seguía teniendo forma humana.

Pero algo en él estaba roto.

Corrompido.

Su armadura parecía fusionada con su cuerpo.

Las alas negras estaban atravesadas por grietas rojas que brillaban como lava.

Y sus ojos...

Sus ojos no mostraban humanidad alguna.

Solo dolor.

Y locura.

Entonces desapareció.

Simplemente dejó de estar allí.

La montaña quedó vacía.

El horizonte quedó vacío.

Como si nunca hubiera existido.

El silencio cayó sobre el grupo.

—¿Dónde fue? —preguntó Lyra.

El rey de las sombras no apartó la vista del lugar donde había estado.

—Nos encontró.

El corazón de Kael se aceleró.

—¿Qué significa eso?

La respuesta llegó como una sentencia.

—Que viene hacia nosotros.

Continuaron avanzando durante toda la noche.

Sin detenerse.

Sin descansar.

Porque todos sabían que el tiempo se estaba agotando.

El Santuario del Origen todavía estaba lejos.

Y Arkan ya era libre.

Lyra observó cómo el rey de las sombras caminaba delante del grupo.

Más silencioso que nunca.

Más distante.

Finalmente aceleró el paso hasta alcanzarlo.

—¿Lo extrañas?

El hombre pareció sorprendido por la pregunta.

Durante unos segundos no respondió.

—Todos los días.

La sinceridad de aquella respuesta hizo que Lyra bajara la mirada.

—Incluso ahora.

—Especialmente ahora.

El rey observó el camino.

—Porque puedo verlo detrás de toda esa corrupción.

Todavía está allí.

La tristeza en su voz resultaba insoportable.

—¿Crees que puede salvarse?

El hombre permaneció en silencio durante mucho tiempo.

Tanto que Lyra pensó que no respondería.

Finalmente habló.

—No lo sé.

Y esa incertidumbre era mucho más dolorosa que una negativa.

Al amanecer llegaron a una región que ninguno había visto antes.

El bosque desaparecía gradualmente.

Las montañas daban paso a enormes llanuras blancas.

Y el aire parecía diferente.

Más ligero.

Más puro.

Como si estuvieran entrando en otro mundo.

Nerys observó el horizonte.

—Lo siento.

Lyra frunció el ceño.

—¿Qué?

—La energía.

Está cambiando.

Aedan también lo notó.

—Tiene razón.

Algo está despertando.

Entonces ocurrió.

El suelo comenzó a brillar.

Miles de símbolos plateados aparecieron bajo sus pies.

Antiguas runas.

Antiguas palabras.

Antigua magia.

El rey de las sombras se detuvo abruptamente.

—Ya llegamos.

Todos levantaron la vista.

Y dejaron de respirar.

Frente a ellos se extendía un valle inmenso.

En el centro había una estructura gigantesca.

Más antigua que cualquier reino.

Más antigua que Elarion.

Más antigua que la prisión.

El Santuario del Origen.

Parecía estar construido con luz sólida.

Columnas enormes se elevaban hacia el cielo.

Puentes flotaban sobre el vacío.

Y en el centro de todo brillaba una esfera plateada tan intensa que resultaba difícil mirarla.

Lyra sintió lágrimas en los ojos sin saber por qué.

Aquel lugar parecía vivo.

Y de algún modo...

familiar.

—Es hermoso —susurró.

—Es el primer lugar creado por el equilibrio —respondió el rey.

—Aquí nació todo.

Kael observó la enorme estructura.

Y sintió algo extraño.

Una llamada.

La misma sensación que había experimentado frente a la prisión.

Pero mucho más intensa.

Como si el Santuario lo reconociera.

Como si estuviera esperando su llegada.

Entonces la esfera plateada comenzó a brillar.

Más fuerte.

Más fuerte.

Más fuerte.

Hasta que una voz resonó por todo el valle.

Una voz que no era masculina ni femenina.

Antigua.

Inmensa.

Eterna.

—Los herederos han llegado.

El suelo tembló.

Las puertas del Santuario comenzaron a abrirse lentamente.

Y una figura apareció en la entrada.

Cubierta por una armadura de luz.

Con enormes alas blancas desplegadas detrás de la espalda.

Lyra sintió que el corazón se detenía.

Porque aquella figura no parecía una persona.

Parecía un ser nacido de la propia creación.

La entidad observó al grupo.

Luego fijó la mirada en Lyra y Kael.

Y finalmente habló.

—Solo uno puede entrar.

El silencio cayó sobre el valle.

Kael dio un paso adelante.

—¿Qué?

La figura permaneció inmóvil.

—La prueba del equilibrio comienza ahora.

Y antes de que nadie pudiera reaccionar...

las puertas del Santuario se cerraron de golpe.

Separando a Lyra y Kael.

Y dejando a cada uno en lados opuestos del destino.




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