Entre Alas y Sombras

Capítulo 31

El Primero

El mundo quedó en silencio.

Un silencio absoluto.

Tan profundo que incluso la batalla pareció desaparecer.

Las criaturas corruptas dejaron de moverse.

Los guardianes bajaron sus armas.

Arkan permaneció inmóvil.

Y el rey de las sombras observó la grieta que atravesaba la esfera central del Santuario con una expresión que Lyra jamás había visto en su rostro.

Terror.

Verdadero terror.

La luz dorada continuó expandiéndose.

Lenta.

Constante.

Inevitable.

Como un amanecer que nadie podía detener.

—¿Qué está ocurriendo? —preguntó Kael.

Nadie respondió.

Porque nadie parecía capaz de hacerlo.

Entonces la voz volvió a resonar.

—Al fin están completos.

El cielo vibró.

Las montañas temblaron.

Y la grieta de la esfera aumentó.

Una segunda línea apareció.

Luego una tercera.

Y una cuarta.

Hasta que toda la superficie comenzó a cubrirse de fracturas doradas.

Lyra sintió que la energía de la Llave de Plata reaccionaba violentamente.

La marca de su cuello ardía.

Como si intentara advertirle algo.

Como si reconociera aquella presencia.

Y no le gustara.

—¿Quién eres? —preguntó.

La luz dorada pareció detenerse.

Como si hubiera escuchado.

Como si hubiera sonreído.

—Una pregunta que nadie ha hecho en mucho tiempo.

El aire se volvió más pesado.

Más antiguo.

Más extraño.

Y entonces el rey de las sombras habló.

—No respondas.

Todos lo miraron.

Su voz sonaba diferente.

Más grave.

Más urgente.

—No le hables.

No lo escuches.

No negocies.

No preguntes.

Lyra frunció el ceño.

—¿Por qué?

El antiguo guardián cerró los ojos.

Y durante un instante pareció regresar mil años al pasado.

—Porque así empezó todo.

El silencio cayó nuevamente.

La Devoradora rugió en la distancia.

Un sonido lleno de odio.

Y por primera vez parecía desesperada.

—¿Ella le teme? —preguntó Nerys.

—Sí.

La respuesta vino de Arkan.

Todos giraron hacia él.

La corrupción seguía recorriendo su cuerpo.

Pero por un momento sus ojos parecían más claros.

Más humanos.

—Porque él fue quien la creó.

El mundo se detuvo.

Nadie respiró.

Nadie habló.

Nadie comprendió.

—¿Qué...? —susurró Lyra.

Arkan observó la esfera dorada.

Y una amarga sonrisa apareció en su rostro.

—La Devoradora no fue la primera.

La luz dentro de la esfera brilló más intensamente.

Como si disfrutara escuchar aquella historia.

—Hace mucho tiempo existía algo más.

Algo anterior al equilibrio.

Anterior a la luz.

Anterior a las sombras.

El rey de las sombras bajó la mirada.

—Arkan...

—Ya no importa ocultarlo.

La corrupción volvió a extenderse por sus alas.

Pero él continuó hablando.

—Lo llamaban El Primero.

La esfera explotó.

No en una explosión destructiva.

Sino en una lluvia de luz dorada.

Miles de fragmentos atravesaron el aire.

Y una figura apareció en el centro.

Humana.

O al menos parecía humana.

Un hombre alto.

Vestido con ropas doradas.

Cabello blanco.

Ojos que parecían contener galaxias enteras.

No irradiaba maldad.

No irradiaba bondad.

Simplemente existía.

Y eso resultaba mucho más aterrador.

Porque su presencia parecía más real que el mundo mismo.

—Ha pasado mucho tiempo.

La voz era tranquila.

Suave.

Amable.

Y aun así hizo que todos sintieran miedo.

El Primero observó el campo de batalla.

Los guardianes.

Arkan.

La Devoradora en la distancia.

Y finalmente...

Lyra y Kael.

—Perfecto.

El corazón de Lyra se aceleró.

—¿Qué quieres?

La entidad sonrió.

Una sonrisa hermosa.

Y completamente vacía.

—Regresar.

La Devoradora rugió nuevamente.

Un rugido tan poderoso que abrió grietas en el valle.

—¡MENTIROSO!

La voz resonó por todo el mundo.

Y por primera vez Lyra escuchó algo inesperado.

Dolor.

La Devoradora estaba sufriendo.

El Primero la observó.

Y suspiró.

—Sigues igual.

—¡TÚ ME HICISTE ASÍ!

El silencio cayó.

Nadie comprendía.

Nadie podía.

Porque la criatura que había sido presentada como el origen de todos los males...

acababa de acusar a alguien más.

El Primero sonrió tristemente.

—Te di una oportunidad.

—¡ME DESTRUISTE!

La tierra comenzó a romperse.

Las columnas negras de las puertas vibraron.

Y entonces el rey de las sombras dio un paso adelante.

—Basta.

La entidad dorada lo observó.

—Todavía intentas protegerlos.

—Siempre.

La sonrisa desapareció.

—Esa fue tu debilidad.

El antiguo guardián desenvainó su espada.

—No.

Esa fue mi elección.

Durante un segundo ambos permanecieron observándose.

Y entonces El Primero giró hacia Kael y Lyra.

—Ellos son la verdadera razón por la que desperté.

La energía del Santuario comenzó a volverse inestable.

La luz y las sombras reaccionaron.

El equilibrio mismo parecía inquieto.

—¿Por qué nosotros? —preguntó Kael.

La respuesta llegó inmediatamente.

—Porque son la llave.

Lyra sintió un escalofrío.

—¿La llave de qué?

La sonrisa regresó.

Más amplia.

Más oscura.

Más peligrosa.

—Del mundo que existía antes de la creación.

El cielo se partió.

Una enorme grieta dorada apareció sobre el Santuario.

Y algo comenzó a moverse del otro lado.

Algo inmenso.

Algo imposible.

Algo que jamás debería haber despertado.

El rey de las sombras palideció.




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