Un estremecedor rugido atravesó el universo.
No provenía del Santuario.
Ni del mundo.
Ni siquiera de la grieta dorada.
Parecía surgir del propio vacío.
El Primer Latido vibró con fuerza.
La inmensa esfera luminosa perdió intensidad durante un instante, como si incluso el corazón del universo hubiera sentido aquella perturbación.
Elyria levantó la vista.
Su serenidad había desaparecido por completo.
—La sexta puerta... —susurró.
Lyra sintió que el suelo de cristal temblaba bajo sus pies.
—¿Qué ocurre cuando se abre la séptima?
Elyria guardó silencio.
Y ese silencio respondió más que cualquier palabra.
Kael dio un paso al frente.
—Dínoslo.
La guardiana del equilibrio cerró los ojos.
—Cuando la séptima puerta caiga... la prisión dejará de existir.
La respiración de Lyra se aceleró.
—¿Y la Devoradora será libre?
—Sí.
Elyria bajó la mirada.
—Pero ese ya no será el mayor problema.
El corazón del universo volvió a latir.
Más lento.
Más débil.
Las estrellas bajo el cristal comenzaron a apagarse una por una.
Como si alguien estuviera soplando las velas del cielo.
—Cuando la prisión desaparezca... también desaparecerá el límite que separa la creación de aquello que existía antes de ella.
Kael comprendió de inmediato.
—El Creador.
Elyria asintió.
—Podrá entrar completamente en este mundo.
Un silencio pesado envolvió a los tres.
Entonces Lyra recordó las palabras de la Devoradora.
"Él me hizo así."
Hasta ese momento siempre había pensado que la criatura era el origen del mal.
Pero ahora entendía que también había sido una víctima.
Una víctima convertida en monstruo.
Y aquella verdad cambiaba por completo el sentido de la guerra.
En el Santuario del Origen, la batalla alcanzaba su punto más crítico.
Las barreras de Aedan comenzaban a resquebrajarse.
Cada golpe de las criaturas corruptas abría nuevas grietas en los antiguos muros.
Elena respiraba con dificultad.
Había gastado casi toda su magia.
Nerys luchaba con una destreza que sorprendía incluso a los guardianes.
Su espada plateada atravesaba a los enemigos con precisión, pero eran demasiados.
Siempre aparecían más.
Orion cayó de rodillas.
Una herida profunda cruzaba su costado.
Arkan observó la escena.
Durante un instante, la corrupción retrocedió.
Solo un instante.
Pero fue suficiente.
—¡Atrás!
Con un poderoso aleteo, lanzó una onda de energía roja que arrasó con decenas de criaturas.
El rey de las sombras lo miró sorprendido.
—Arkan...
Su hermano respiraba con dificultad.
La corrupción seguía avanzando por su piel.
—No puedo detenerla mucho más tiempo.
El antiguo guardián se acercó lentamente.
Después de mil años separados, por primera vez estaban uno frente al otro sin intención de matarse.
—Escúchame.
Arkan levantó la cabeza.
—Todavía puedes luchar.
Una sonrisa cansada apareció en el rostro de Arkan.
—Siempre fuiste el optimista.
El rey dejó escapar una leve risa.
—Y tú el testarudo.
Durante un instante volvieron a ser hermanos.
No enemigos.
No leyendas.
Solo dos hombres que habían compartido una vida antes de que la guerra los separara.
Pero aquel momento terminó cuando una gigantesca explosión sacudió el valle.
La sexta puerta había debilitado el mundo.
Y la prisión comenzaba a desmoronarse.
En el Primer Latido, Elyria extendió ambas manos.
Frente a Lyra y Kael aparecieron siete pequeños círculos de luz.
Cinco estaban completamente apagados.
Uno parpadeaba.
Y el último permanecía brillante.
—Estos son los sellos.
Lyra comprendió inmediatamente.
—Solo queda uno.
—Sí.
Kael observó el último círculo.
—¿Podemos reforzarlo?
Elyria negó con tristeza.
—Ya no.
—Entonces debemos destruir al Creador antes de que llegue.
—No pueden.
Aquellas palabras cayeron como una losa.
—¿Por qué?
Elyria los observó con una mezcla de esperanza y dolor.
—Porque todavía no son el Equilibrio.
El silencio volvió.
—Solo son dos personas que se aman.
La frase tomó por sorpresa a ambos.
Lyra sintió que sus mejillas se encendían.
Kael permaneció inmóvil.
Elyria sonrió con dulzura.
—No intenten negarlo.
Los dos desviaron la mirada al mismo tiempo.
La guardiana soltó una pequeña risa.
—Durante siglos creí que el equilibrio era una fuerza.
Me equivoqué.
Siempre fue un vínculo.
Lyra sintió que su corazón latía con fuerza.
—¿Qué debemos hacer?
La expresión de Elyria se volvió seria.
—Confiar completamente el uno en el otro.
No guardar secretos.
No protegerse con mentiras.
No decidir por el otro.
Porque el equilibrio no nace del sacrificio...
Nace de la confianza.
Las palabras golpearon a ambos con fuerza.
Porque, sin decirlo, los dos habían tomado la misma decisión.
Sacrificarse por el otro.
Y acababan de descubrir que ese camino conduciría al fracaso.
Antes de que pudieran responder, el último círculo comenzó a agrietarse.
No se apagó.
Pero apareció una pequeña fisura.
Elyria levantó la vista de inmediato.
Su rostro perdió todo color.
—No...
Kael sintió un escalofrío.
—¿Qué ocurre?
La guardiana respondió casi en un susurro.
—Alguien está intentando abrir la séptima puerta... desde dentro de la prisión.
Lyra abrió los ojos con horror.
—Pero... la Devoradora está afuera.
Elyria negó lentamente.
—No es ella.
Un nombre cruzó la mente del rey de las sombras al mismo tiempo que un grito desgarrador resonó en el Santuario.