Entre Alas y Sombras

Capítulo 39

El último amanecer

El primer golpe no hizo temblar el mundo.

Lo rompió.

Cuando la Espada del Equilibrio chocó contra la energía del Creador, el cielo se fragmentó como un inmenso espejo. Durante un instante, el tiempo dejó de existir. Las estrellas quedaron suspendidas en la oscuridad, los mares olvidaron su movimiento y el viento cesó por completo.

Ningún ser vivo respiró.

Era como si la creación entera estuviera esperando el resultado de aquel enfrentamiento.

Lyra y Kael sostenían la espada con ambas manos. La hoja vibraba con un brillo sereno que no destruía la energía dorada del Creador, sino que la transformaba. Allí donde la espada pasaba, el cielo desgarrado comenzaba a cerrarse lentamente.

El Creador observó el fenómeno con una mezcla de sorpresa y desilusión.

—Siguen creyendo que todo puede cambiar.

Kael dio un paso adelante.

—Porque nosotros cambiamos.

—Las personas cambian.

Lyra sostuvo la mirada de aquella antigua entidad.

—Y esa es la razón por la que este mundo merece existir.

El Creador guardó silencio.

Luego extendió los brazos.

El universo respondió.

Detrás de él aparecieron miles de figuras hechas de luz dorada. Eran sombras de todos los mundos que habían existido antes de la creación actual. Ciudades perfectas. Bosques sin una sola hoja marchita. Cielos donde nunca había tormentas.

Un universo sin dolor.

Sin pérdidas.

Sin guerras.

—Miren lo que les ofrezco.

Las imágenes comenzaron a rodearlos.

Lyra vio a Selene sonriendo.

Viva.

Kael contempló a sus padres abrazándolo con orgullo.

Orion volvía a ser joven.

Arkan caminaba junto a su hermano como si jamás hubiera existido la corrupción.

La Devoradora aparecía convertida en una mujer de rostro sereno, libre de toda oscuridad.

Nadie había sufrido.

Nadie había muerto.

Todo era perfecto.

El corazón de Lyra se encogió.

Durante un instante deseó creer que aquel mundo podía existir.

Que bastaba con dar un paso para recuperar a todos los que habían perdido.

El Creador sonrió.

—No habrá más lágrimas.

No habrá despedidas.

No habrá miedo.

Solo paz.

Kael sintió que la espada perdía intensidad.

Comprendió el peligro.

Aquella no era una batalla de fuerza.

Era una batalla de voluntad.

Tomó la mano de Lyra con firmeza.

Ella levantó la vista hacia él.

No hicieron falta palabras.

Recordaron juntos el bosque donde se conocieron.

Las discusiones.

Las risas.

Las heridas.

Los errores.

Los momentos en que estuvieron a punto de rendirse.

Todo aquello que el Creador llamaba imperfección.

Todo aquello que los había convertido en quienes eran.

Lyra sonrió entre lágrimas.

—Si borras el dolor...

También borrarás todo lo que aprendimos gracias a él.

Kael dio un paso más.

—Y borrarás a quienes decidimos ser.

La espada respondió.

Su luz se volvió más intensa que nunca.

Las falsas imágenes comenzaron a romperse una tras otra.

Selene sonrió por última vez antes de desvanecerse.

Arkan inclinó la cabeza con orgullo.

La ilusión desapareció.

El Creador bajó lentamente los brazos.

Por primera vez...

Parecía cansado.

—Siempre eligen el camino más difícil.

Elyria avanzó unos pasos.

—Porque es el único que permite crecer.

Entonces ocurrió algo inesperado.

El Creador observó el mundo.

Las montañas.

Los bosques.

Las personas luchando unas por otras.

Las lágrimas del rey de las sombras frente a la espada de Arkan.

Nerys ayudando a levantar a Elena.

Orion protegiendo a Aedan pese a sus heridas.

Y Lyra y Kael permaneciendo juntos no porque el destino los obligara, sino porque así lo habían elegido.

Su expresión cambió.

Era apenas un gesto.

Una duda.

La primera en incontables eras.

Elyria la percibió de inmediato.

—Todavía puedes elegir tú también.

El silencio se extendió.

—No tienes que destruir aquello que ya no comprendes.

El Creador cerró los ojos.

Durante un largo instante nadie se movió.

Luego abrió lentamente la mano.

La energía dorada comenzó a disiparse.

Las grietas del cielo dejaron de crecer.

El Primer Latido recuperó parte de su fuerza.

Parecía que la guerra había terminado.

Pero entonces, desde la grieta que aún permanecía abierta, surgió una violenta ola de energía primordial.

No respondía al Creador.

Ni a Elyria.

Ni al equilibrio.

Era el vacío absoluto que había permanecido contenido desde antes del nacimiento del universo.

Había despertado.

Y ahora intentaba devorarlo todo.

El Creador levantó la vista con horror.

—No...

Elyria comprendió inmediatamente.

—La grieta ha permanecido abierta demasiado tiempo.

La espada vibró entre las manos de Lyra y Kael.

El vacío no distinguía entre enemigos y aliados.

Solo consumía.

El Creador observó a los dos jóvenes.

Después miró el universo que había intentado reiniciar.

Y, por primera vez en toda su existencia, tomó una decisión que nadie esperaba.

Se volvió hacia el vacío.

—Esta creación...

Es suya ahora.

Una inmensa luz dorada envolvió su cuerpo.

Elyria sonrió con tristeza.

—Al fin lo entendiste.

El Creador dio un último paso.

Y se lanzó directamente hacia la grieta.

Su esencia comenzó a sellarla desde dentro.

El vacío rugió.

El cielo entero tembló.

Mientras la abertura empezaba a cerrarse lentamente.

Lyra comprendió que aquella no era una victoria.

Era una despedida.

Y todavía quedaba una última decisión por tomar antes de que el mundo pudiera volver a respirar.




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