La grieta comenzó a cerrarse.
Lentamente.
Centímetro a centímetro.
La luz del Creador se mezclaba con el vacío, conteniéndolo mientras el universo luchaba por recomponer sus heridas.
Pero Elyria no sonreía.
Observaba el Primer Latido.
Y su expresión reflejaba una verdad que nadie más había comprendido.
—No es suficiente...
Lyra giró hacia ella.
—¿Qué sucede?
Elyria señaló el cielo.
Aunque la grieta estaba cerrándose, el corazón del universo seguía debilitándose.
Su latido era cada vez más lento.
Más débil.
Más lejano.
Kael sintió un escalofrío.
—¿Por qué ocurre eso?
La respuesta llegó como un susurro.
—Porque el equilibrio ha sido restaurado...
Pero nadie sostiene el mundo.
El silencio cayó sobre el Santuario.
El rey de las sombras comprendió antes que nadie.
Bajó lentamente la cabeza.
—Siempre hubo un guardián.
Elyria asintió.
—Cuando nació la creación, alguien aceptó convertirse en el corazón que mantendría unidas la luz y las sombras.
Cuando ese guardián desapareció...
Yo ocupé su lugar.
Ahora mi existencia también está llegando a su fin.
Lyra sintió un nudo en el pecho.
—No...
Elyria sonrió con dulzura.
—Toda historia termina.
La cuestión es qué deja después.
El Primer Latido volvió a estremecerse.
Una grieta apareció sobre la esfera luminosa.
Luego otra.
Y otra más.
Si el corazón se rompía...
Todo cuanto habían salvado desaparecería.
No por destrucción.
Simplemente...
Dejaría de existir.
—Debe haber otra forma.
Kael dio un paso adelante.
—La encontraremos.
Elyria negó lentamente.
—Sí la hay.
Pero exige una elección.
Las palabras pesaron como una sentencia.
—No un sacrificio.
Una elección.
La misma enseñanza que les había repetido desde el principio.
La guardiana extendió las manos.
El corazón del universo apareció frente a Lyra y Kael.
Pequeño.
Frágil.
Hermoso.
Latía con dificultad.
—El equilibrio necesita dos voluntades.
No una.
Dos.
Dos almas que elijan permanecer unidas sin perder su propia identidad.
Lyra comprendió.
—¿Quieres decir...?
—El corazón necesita nuevos guardianes.
Kael miró el corazón.
Luego a Lyra.
Y finalmente sonrió.
Una sonrisa tranquila.
—Entonces nos quedamos.
Lyra volvió la cabeza hacia él.
—Kael...
—No como prisioneros.
No como mártires.
Como protectores.
Ella sintió que las lágrimas comenzaban a caer.
Porque entendía lo que aquello significaba.
No morirían.
Pero tampoco regresarían a la vida que conocían.
Se convertirían en parte del equilibrio.
Vigilarían el universo desde el Primer Latido.
Quizá para siempre.
Orion bajó la cabeza.
Elena comenzó a llorar.
Aedan cerró los ojos.
Nerys dio un paso hacia su hermana.
—Acabamos de encontrarnos...
Lyra la abrazó con fuerza.
—Y siempre serás mi hermana.
Nerys rompió a llorar.
—Prométeme que no me olvidarás.
Lyra apoyó la frente contra la suya.
—Eso jamás.
El rey de las sombras se acercó a Kael.
Durante unos segundos ninguno habló.
Finalmente, el antiguo guardián colocó la espada de Arkan en sus manos.
—Él habría estado orgulloso de ti.
Kael tragó con dificultad.
—No sé si estaré a la altura.
El rey sonrió.
—Ningún verdadero guardián cree estarlo.
Y precisamente por eso...
Lo está.
Elyria levantó ambas manos.
El corazón del universo comenzó a brillar.
—¿Están seguros?
Lyra buscó la mirada de Kael.
Recordó el bosque prohibido.
El primer encuentro.
Las discusiones.
Las aventuras.
Los besos robados.
Las pérdidas.
Las victorias.
Cada instante vivido.
Y comprendió algo.
No importaba dónde estuvieran.
Mientras estuvieran juntos...
Siempre encontrarían un hogar.
Tomó la mano de Kael.
Él entrelazó sus dedos.
—Sí.
Respondieron al mismo tiempo.
El corazón emitió un último latido.
Una inmensa luz envolvió a ambos.
Sus cuerpos comenzaron a elevarse.
Las alas de Kael recuperaron todo su esplendor.
Las marcas plateadas de Lyra recorrieron su piel como constelaciones.
La espada del Equilibrio se deshizo en miles de pequeñas luces que giraron alrededor de ellos.
No desaparecieron.
Se transformaron.
Cuando la luz finalmente se disipó...
Dos figuras permanecían suspendidas sobre el universo.
Ni humanas.
Ni divinas.
Guardianes.
Las alas de Kael eran ahora negras en un lado y plateadas en el otro.
Las de Lyra reflejaban la misma unión.
El corazón del universo recuperó su fuerza.
Una.
Dos.
Tres pulsaciones.
Cada una más intensa que la anterior.
Las grietas del cielo comenzaron a desaparecer.
Los océanos recuperaron su calma.
Los bosques florecieron nuevamente.
El Santuario del Origen volvió a iluminarse.
La guerra había terminado.
Elyria observó a los nuevos guardianes.
Una sonrisa de orgullo iluminó su rostro.
Su cuerpo comenzó a transformarse en pequeñas partículas de luz.
—Ahora...
El equilibrio está donde siempre debió estar.
En una elección.
No en una obligación.
Y desapareció.
El viento recorrió el mundo.
Las últimas huellas de la batalla fueron borradas lentamente.
Por primera vez en miles de años...
La paz no era un sueño.
Era una realidad.
Muy por encima de las nubes, Lyra tomó la mano de Kael.
Él la miró con la misma ternura que aquel primer día en el bosque prohibido.